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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente Mubarak

Madrid(Palacio Real), 29.05.2000

S

eñor Presidente:

Supone para la Reina y para Mí una satisfacción muy especial el poder recibiros hoy, junto con vuestra distinguida esposa y la importante delegación oficial que os acompaña, en esta vuestra segunda visita oficial a España.

La Reina y Yo guardamos los mejores recuerdos de las visitas que hemos hecho a vuestro hermoso país, la última hace tres años, en las que disfrutamos de la cálida hospitalidad egipcia.

Os deseamos una feliz estancia en nuestro país, donde podréis comprobar la admiración y el sincero afecto que el pueblo español dispensa a vuestras personas y a la nación egipcia, cuya inmensa y variada riqueza cultural es objeto entre nosotros del máximo interés.

Este intercambio de visitas y contactos, además de ser la prueba tangible de la amistad entre nuestras dos naciones, nos da la ocasión de profundizar en nuestro diálogo e intensificar las fructíferas relaciones de cooperación que felizmente existen entre España y Egipto, en todas sus dimensiones.

Hace pocos meses inició, Sr. Presidente, un nuevo mandato al frente de los destinos de Egipto. Al tiempo que le reitero nuestra felicitación y mejores deseos de éxito, quiero señalar que vemos en su nuevo mandato la garantía de la continuidad en el camino emprendido hacia la modernización y el desarrollo económico y social de su país. Su admirable labor al servicio de la paz y la concordia en el Medio Oriente, de la unidad de la nación árabe, así como su importante papel como socio privilegiado de España y de Europa en el fortalecimiento de la cooperación euro-mediterránea, son constantes de su acción de gobierno que podrán así mantenerse en el futuro.

Sr. Presidente:

Por razones de historia, cultura y situación geográfica, España tiene una especial sensibilidad hacia los problemas y justas aspiraciones del mundo árabe, que constituye una dimensión fundamental de nuestra política exterior.

Egipto, grande entre las naciones árabes, desempeña un papel de primer orden en los asuntos mediterráneos y en los de Oriente Medio, reforzado por su gran potencial económico y humano.

El gran éxito que su país y Vuestra Excelencia han tenido al albergar la primera Cumbre Europa-Africa, recientemente celebrada en El Cairo, es claro exponente del peso que Egipto tiene en la solución de los graves problemas que afectan a Africa.

Permítame también rendir homenaje a su generosa y fructífera dedicación al servicio de la causa de la paz en Oriente Medio. Egipto, país pionero en esa senda en la convulsa región del Levante, no ahorra sacrificios para mantener vivas las vías del diálogo, aún en los momentos más sombríos del Proceso de Paz. Así, una vez más en los últimos meses, hemos sido testigos de sus iniciativas en los diferentes frentes del Proceso. Quiero recordar la reunión clave de hace unos meses en Sharm El Sheikh, vuestro propio y oportuno viaje a Beirut y la constructiva aportación de Egipto a la reactivación que tuvo en Moscú la banda multilateral del Proceso de Paz.

España, cuya capital quedará siempre asociada, desde la Conferencia de Paz de 1991, al lanzamiento de ese Proceso, apoya con convicción los principios de Madrid, así como los Acuerdos de Oslo y las Resoluciones correspondientes de Naciones Unidas. En ese contexto, nos satisface especialmente, que el Enviado Especial de la Unión Europea para el Proceso de Paz sea precisamente un diplomático español.

El Mediterráneo es otro ámbito de confluencia de nuestros respectivos intereses y diplomacias. Una gran ciudad del Mediterráneo egipcio, Alejandría, quedó asociada hace cinco años al origen del Foro Mediterráneo y, en paralelo, también el nombre de una gran ciudad española, Barcelona, está en el nacimiento de esa gran iniciativa de la cooperación euro-mediterránea. Vemos con satisfacción que, desde sus orígenes en aquella Conferencia de noviembre de 1995, Egipto ha realizado una contribución importante a un Proceso que aporta un enfoque nuevo y global a las relaciones entre las dos riberas, norte y sur, del Mediterráneo, y sus dos cuencas, occidental y oriental.

Por nuestra parte, creemos que la Conferencia de Barcelona es un marco de diálogo y cooperación insustituible, que puede y debe coadyuvar a la construcción de ese futuro de paz y prosperidad compartida en la cuenca mediterránea. España apoya, en consecuencia, un avance equilibrado en sus tres frentes, el político y de seguridad, el económico y el socio-cultural. Confiamos también en que los correspondientes acuerdos bilaterales de asociación entre los países del Mediterráneo sur y la Unión Europea, entre los que sin duda sobresale el de su país, sean pronto realidades fructíferas.

Nuestras diplomacias también trabajan conjuntamente en la elaboración de una Carta de Paz y Estabilidad para el Mediterráneo, que debe ser instrumento esencial para la seguridad futura de nuestro mar compartido. Al mismo tiempo, el Proceso de Barcelona requiere que su dimensión Norte-Sur implique un paralelo desarrollo de las relaciones de cooperación a nivel subrregional entre los miembros del Sur. Alentamos este aspecto clave y contamos para ello con la valiosa aportación de Egipto.

En el ámbito de las nuevas relaciones económicas y comerciales, debemos también, Sr. Presidente, trabajar juntos, España y Egipto, para hacer frente a los nuevos desafíos de una economía globalizada. Nuestro objetivo debe ser garantizar la armonización de oportunidades que ofrece la nueva sociedad abierta con la necesaria atención a las exigencias de la igualdad de oportunidades y la justicia social.

España, al igual que Egipto, otorga la máxima importancia al papel de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad en el complejo panorama actual de la escena internacional, tanto en el ámbito de la construcción y mantenimiento de la paz como en el del desarrollo económico y social. España, octavo contribuyente mundial al presupuesto de la Organización, participa también, como Egipto, en numerosas Operaciones de Mantenimiento de la Paz, promovidas por la ONU, en los puntos más críticos y sensibles del planeta. Aporta sus Fuerzas Armadas y sus organizaciones civiles, como apoyo generoso tanto a la paz y la seguridad como a la acción humanitaria.

Sr. Presidente:

Deseo también, para concluir el repaso del excelente estado de nuestras relaciones, subrayar la creciente interacción entre nuestros dos países, intensificada en los últimos años, a través de numerosas instituciones tanto oficiales como privadas.

En el ámbito económico y técnico, son múltiples los ejemplos de colaboración bilateral en sectores clave como el de la energía, los transportes, la agricultura, la educación o la cultura. Quiero destacar, en el plano económico, nuestros Convenios y Protocolos de cooperación económica y financiera y los Acuerdos suscritos entre nuestras respectivas organizaciones empresariales y, en el ámbito de la cooperación técnica y cultural, los Programas que desarrollan las Agencias de Desarrollo y el Instituto Cervantes.

Estamos convencidos, sin embargo, de que queda mucho camino por recorrer en los aspectos económicos y comerciales. Nuestros empresarios trabajan, confiados en el plan de modernización que su Gobierno impulsa, en relanzar diversos proyectos de colaboración financiera y económica. Por ello, confío en que cuando se reúna en Madrid la VII Alta Comisión Mixta, estos proyectos conjuntos reciban un impulso decisivo.

Quiero aprovechar esta ocasión para felicitarle, Sr. Presidente, por la conmemoración del 50 aniversario del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos de Madrid, fundado en su día por aquel brillante intelectual y Ministro que fue Taha Hussein, un precursor precisamente de la sensibilidad hacia los temas mediterráneos.

Le agradezco, asímismo, la hospitalaria acogida que la colectividad española residente en Egipto, así como nuestros turistas y viajeros, reciben de sus autoridades y de sus ciudadanos.

El creciente conocimiento recíproco entre nuestras sociedades está generando una dinámica que augura el mejor futuro para nuestras relaciones. Todo nos invita, Sr. Presidente, a trabajar intensamente, desde nuestras respectivas responsabilidades, para ese porvenir compartido.

Con ese deseo, permítanme, Señoras y Señores, invitarles a brindar por el éxito y la felicidad del Presidente Hosni Mubarak y su esposa, por las relaciones hispano-egipcias, y por el bienestar del pueblo egipcio.

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