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Palabras de Su Majestad el Rey a los Estados Generales de los Países Bajos

Holanda(La Haya), 20.03.1980

S

eñor Primer Ministro, en nombre propio y en el de la Reina, quiero expresaros mi sincera gratitud por las palabras que acabáis de pronunciar.

Tenéis la honra y la altísima responsabilidad de presidir un gobierno democrático en un país de larga tradición y perdurable cuño democrático.

Esta realidad, cuya trascendencia presta pleno sentido a la Europa de nuestro tiempo y configuración total a los diversos pueblos de occidente, es la razón suficiente para que, en esta jornada y en este lugar en cuyo ámbito se inscribe la visita a los Estados Generales que acabo de realizar, me permita responderos con unas breves reflexiones en alta voz.

En la democracia moderna, por el contrario, todos los ciudadanos participan en ella como agentes autónomos.

Y el proceso de su constitución se desarrolla en conexión íntima con la gradual incorporación de la gran masa de la población a esa responsabilidad política, mediante el sucesivo abatirse de las barreras electorales -la religión, la renta, la educación, el sexo, la edad- que restringían el sufragio activo y pasivo en beneficio de unos pocos.

El parlamento, así, se configura como la expresión inmediata y real de la democracia, en cuanto módulo operativo de la soberanía popular, de la igualdad, de la libertad y de la representación del pueblo.

La libre discusión, la síntesis de criterios y de normas de conducta y de acción orientada a los intereses de la comunidad, el control, la fiscalización, la crítica o el refrendo de la política del gobierno que de las cámaras nace, constituye la salvaguarda de esos principios fundamentales.

Y en esta doble función de expresión y de garantía radica la altura misma de su responsabilidad y de su grandeza. Sin un parlamento elegido libremente por sufragio universal y representativo de la totalidad de la nación y de las comunidades en que se articula, no sería posible la democracia.

Los Estados Generales han cumplido y cumplen con ese altísimo cometido.

Sabemos de su fidelidad a los sentimientos de la calle, del pueblo, más allá de los límites de este edificio.

Porque si ustedes constituyen una minoría que asume la dirección real de la política, a los ciudadanos todos, aunque no participen en el gobierno de modo permanente, corresponde la posibilidad de hacer sentir sus aspiraciones a intervalos prefijados y, sobre todo, la facultad de deponer a sus dirigentes o forzarles a tomar decisiones en interés de la mayoría.

Señor Primer Ministro, en razón misma de vuestro cometido al servicio del pueblo que, a través de su parlamento, os ha elegido para las altas responsabilidades que os incumben, vuestro tiempo es precioso. No quiero seguir.

Permitidme solamente que levante mi copa por Vuestra Excelencia y el resto de vuestros colegas, porque es tanto como hacerlo por los Estados Generales y, a través de ellos, por el pueblo holandés en su integridad.

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