Ante todo, para la Reina y para mí es especialmente grato y un gran honor recibiros en este Palacio Real y expresaros, también en nombre del gobierno y el pueblo español, nuestra bienvenida más cordial a España. Han pasado tres años desde nuestro Viaje de Estado a Alemania, en 2022, del que guardamos ambos un recuerdo imborrable.
Nuestro deseo e ilusión es que, en estos días, sintáis el mismo afecto que recibimos entonces del pueblo alemán y sus autoridades ─empezando por Vuestra Excelencia y por Vuestra esposa─ y que lo consideréis ejemplo y testimonio del continuo avance de nuestra relación bilateral y sintonía en los grandes temas europeos y globales; de tanto que tenemos en común.
Nos une Europa. Nos hermanan los ideales de libertad, democracia, justicia social y respeto a la dignidad de la persona. Alemania nos acompañó en nuestro camino de regreso a Europa y en la consolidación de nuestra democracia. Y España fue una gran defensora de la reunificación alemana, clave en la historia de la Unión Europea. Somos dos países fieles a nuestros valores, conscientes de la exigencia moral de nuestro tiempo. Y sabemos que mirar al pasado con humildad, con sentido de la historia, es un ejercicio necesario.
Por eso, en nombre de todo el pueblo español, reconozco y agradezco, Señor Presidente, el gesto de profundo calado simbólico y de concordia que tendrá lugar estos días: Vuestra visita al País Vasco, adonde Os acompañaré a honrar la memoria de las víctimas en el bombardeo de la ciudad de Guernica, en abril de 1937, durante nuestra terrible Guerra Civil, que tanto tuvo de antesala de lo que aconteció en Europa poco después; un recordatorio del horror al que conducen los totalitarismos.
Señor Presidente,
En Alemania viven más de 200.000 ciudadanos españoles y más de 116.000 alemanes residen en España. Ese vínculo humano, fuente de progreso y de crecimiento, encarna el ideal del proyecto de integración europeo y tiene, también, un reflejo en nuestros intercambios económicos y empresariales, cuyo elemento central es la automoción -tan relevante en nuestros dos países- pero que abarca otros sectores como la industria de defensa, la química o las energías verdes, y tiene potencial para extenderse a otros sectores de importancia estratégica.
De esos intercambios hablaremos, entre otros asuntos, en el Foro Hispano-alemán que celebraremos mañana.
"...nos une Europa. Nos hermanan los ideales de libertad, democracia, justicia social y respeto a la dignidad de la persona..."
Nuestras culturas llevan siglos dialogando, desde Goethe y Cervantes hasta Picasso y Klee; un diálogo fecundo que da frutos en el cine, en las artes plásticas y en la música, así como en una presencia recíproca en la historia de nuestros principales certámenes culturales. Pienso, entre otros, en la Feria del Libro de Fráncfort y la Berlinale; en Arco Madrid o en el Festival de Cine de San Sebastián.
Miles de estudiantes participan, en ambos sentidos, en programas de intercambio universitario y de formación profesional. Pongo el acento en la enseñanza de nuestras lenguas: qué gran regalo es hablar alemán, la lengua materna más hablada de la Unión Europea, o hablar español, la segunda lengua materna del mundo. Y qué afortunados son y serán quienes puedan asomarse al mundo a través de ambas.
Señor Presidente,
Vivimos tiempos inquietantes, marcados por la crisis del multilateralismo y del orden mundial basado en normas. A lo largo de este año seguimos presenciando con frustración e indignación, violaciones inaceptables de la legalidad internacional, con gravísimas consecuencias humanitarias, en varios países de África, en Oriente Próximo y en nuestro propio continente, en Ucrania; con esa guerra iniciada por la agresión de Rusia, y que va ya camino de durar 4 años.
En este clima general de incertidumbre, es preciso subrayar la importancia de nuestra cooperación en seguridad y defensa, en el seno de la OTAN y de la Unión Europea, y que se traduce, entre otras, en misiones de gran importancia para la paz y la estabilidad, especialmente en el flanco este de Europa.
En la Unión Europea, defendemos juntos un modelo que podría definirse con las palabras “más Europa”. Una Unión aún más cohesionada, más competitiva y más próxima a los ciudadanos, más comprometida con la sostenibilidad, el crecimiento y la innovación; referente global en derechos humanos, justicia, solidaridad y cooperación internacional.
Es un modelo coherente con dos sociedades -la alemana y la española- que no quieren resignarse a las disonancias de nuestra época; que luchan, en la medida de sus fuerzas, por reconducir nuestro tiempo histórico hacia la armonía. Y esa armonía pasa por seguir buscando repuestas humanas a los grandes retos globales, como el cambio climático, como la transición energética, como la consecución de la agenda de desarrollo sostenible; respuestas que sean producto de la cooperación, el diálogo y la solidaridad, no de la imposición, la cruda competencia o los simples juegos de poder.
Así lo hacemos cuando colaboramos en proyectos conjuntos en materia de energías renovables, hidrógeno verde y eficiencia energética, marcando el rumbo para otros países. O cuando ponemos la innovación al servicio de la competitividad y del bienestar colectivo, con colaboraciones en IA, en robótica y en digitalización industrial.
Señor Presidente, señoras y señores,
Alemania y España tenemos un largo camino recorrido y un camino, mucho más largo, por recorrer.
Permitidme, Señor Presidente, invitaros -junto todos aquí esta noche- a brindar por ello: porque, en provecho de nuestros países, de nuestros ciudadanos, de nuestros jóvenes y de toda Europa, sigamos caminando juntos.