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Palabras de Su Majestad la Reina en la Reunión del Comité Directivo Internacional sobre el adelanto de la Mujer Rural

Bruselas, 24.02.1994

Deseo ante todo expresarles mi gran satisfacción por poder participar y seguir directamente los trabajos de este Comité Directivo Internacional, que va a realizar un primer balance de la puesta en práctica y desarrollo de los nobles y ambiciosos objetivos establecidos en Ginebra hace ahora dos años.

Mi más sincero agradecimiento a la Reina Fabiola por ofrecerme una vez más la posibilidad de colaborar en un proyecto pleno de vida y esperanza.

He podido seguir con gran atención los distintos informes que los representantes del Comité Directivo han expuesto, con gran brillantez y precisión, sobre las distintas zonas geográficas. Me satisface comprobar que estos objetivos y estrategias definidos sobre la mujer rural no han quedado en una mera declaración de intenciones.

Una vez más se ha demostrado que no hay nada que se oponga a una voluntad enérgicamente manifestada, cuando se encuentra respaldada por valores tan universales como la solidaridad, la paz y el progreso.

El camino seguido desde Ginebra a Bruselas no ha sido fácil. Me consta, por mi continuo seguimiento de esta noble tarea, que los proyectos globales han chocado muchas veces con la realidad y con las limitaciones derivadas de circunstancias específicas, que en ocasiones no pueden controlar ni instituciones ni gobiernos.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades inherentes a un proyecto tan ambicioso como el definido en Ginebra, nos cabe la satisfacción de comprobar que ha llegado a buen puerto un considerable número de pequeñas acciones concretas.

Con ellas se ha podido aliviar la situación familiar, personal y profesional de millares de mujeres rurales, que con su esfuerzo constante y tenaz han ayudado a un mejor y más eficaz desarrollo socioeconómico de sus respectivos países.

La mujer rural, ejemplo de las virtudes familiares más entrañables, nos recuerda a diario, calladamente, el camino del amor más auténtico. Sin su papel de nexo de unión entre la naturaleza y la familia, hace tiempo que nuestra sociedad y nuestra propia condición de seres humanos hubiera probablemente seguido derroteros de egoísmo y destrucción.

En los últimos años, España ha emprendido, a través de su Agencia de Cooperación Internacional, variados Programas de Desarrollo Rural Integral en distintos países de Iberoamérica, cuyo objetivo básico ha sido elevar el nivel de vida de las poblaciones rurales mediante el aumento de la producción agrícola y su adecuada comercialización.

Igualmente, mi país ha desarrollado programas para la formación de la mujer rural en recursos humanos, sanitarios, asistenciales y artesanales, en estrecha colaboración con los organismos públicos de los países receptores en unos casos, y mediante apoyos a Organizaciones No Gubernamentales en otros.

Toda esta apasionante tarea ha sido llevada a cabo con una extremada sensibilidad, con la idea de conservar siempre el equilibrio necesario, cuando se trata de armonizar puntos de vista y concepciones de la vida tan diferentes, como las que a veces se producen entre países colaboradores y países beneficiarios.

Señoras y Señores miembros del Comité Directivo: los objetivos que nos mueven son a la vez nobles y difíciles de conseguir, la coyuntura mundial no es la más favorable y los medios no son casi nunca suficientes. Sin embargo, hay que continuar persiguiendo el ideal. Es necesario acercarse a la utopía.

Nuestro proyecto común de desarrollo económico de la mujer rural combina en grado sumo realismo e idealismo, pragmatismo y esperanza. Es necesario que sigamos colaborando conjuntamente en los próximos años para que la solidaridad entre los pueblos sea un atributo definitivo de la condición humana.

Así, estoy segura, lo esperan de nosotros millones de seres humanos, cada día, en las inmensas soledades del mundo rural.

Muchas gracias.

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