Resulta para mí muy gratificante el encontrarme entre destacados expertos provenientes de casi todos los países del Mediterráneo que, desde la diversidad de sus diferentes culturas y religiones, dedican sus esfuerzos a trabajar en favor de las causas humanitarias.
Las conclusiones de la conferencia que acabamos de escuchar, nos permiten abrigar esperanzas de que el Mediterráneo, superando sus tradicionales y dolorosos conflictos, y desde un espíritu de concordia, pueda llegar a ser un área en la que se potencie el desarrollo humano y el intercambio de ideas.
Los temas sanitarios y medioambientales y la atención a los grupos de población más vulnerables constituyen un motivo de especial preocupación y atención.
Entre estos temas, aparece como un objetivo prioritario la disminución de las tasas de mortalidad infantil, para lo que es necesario prestar la debida atención a las madres, a las necesidades de nutrición de los niños en sus primeros años de vida y a las campañas de vacunación.
Junto a esta especial atención a los niños, no se debe olvidar la existencia de viejas y nuevas enfermedades cuyo índice de mortalidad sigue siendo motivo de gran preocupación. Concretamente la lucha contra el SIDA que, me consta, está mereciendo un especial seguimiento por parte de la Federación, constituye un esfuerzo inaplazable que sólo se puede abordar con eficacia si se establecen pautas de trabajo conjuntas.
Mientras los científicos continúan buscando una respuesta definitiva a la enfermedad, es necesario mejorar las medidas de prevención y evitar la discriminación que muchas veces padecen las personas que sufren esta enfermedad, ahuyentando el fantasma de la soledad y mejorando su calidad de vida.
Son muchos y graves los problemas medioambientales que afectan al Mediterráneo. La creciente presión demográfica, la contaminación, los procesos de desertización y deforestación, así como lo relativo a los residuos y vertidos industriales de las ciudades que a él se asoman, son cuestiones comunes a todos nuestros países y en cuya solución es particularmente relevante el trabajo que desarrollan las Sociedades Nacionales de Cruz Roja en el Mediterráneo.
Ante la persistencia de conflictos armados en algunos países y su secuela de miles de vidas humanas perdidas y hogares destruidos, es necesario recordar que nada justifica el dolor y la muerte.
El respeto a los principios básicos de la convivencia y la dignidad humana exige redoblar los esfuerzos para poner fin a estos conflictos mediante la búsqueda de soluciones pacíficas y negociadas.
Quiero, por último, felicitar a los organizadores de esta Conferencia y animar a todos los miembros de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja para que, con su abnegada labor, continúen contribuyendo a que nuestros países alcancen un mayor grado de bienestar y prosperidad.
Declaro clausurada la VI Conferencia del Mediterráneo de Sociedades Nacionales de Cruz Roja y la Media Luna Roja.