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Palabras de Su Majestad el Rey en la X edición del Premio de Derechos Humanos Rey de España

Capilla de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares (Madrid), 06.05.2026

Decía la gran poeta chilena Gabriela Mistral, en uno de sus poemas más conocidos, La alegría de servir, “donde haya un árbol que plantar, plántalo tú”. Tenemos muchas maneras de plantar árboles metafóricamente. Una de ellas, sin duda, es cuidar de los recuerdos.

Para que los recuerdos pervivan y no se pierdan en la noche de los tiempos, para que eso no suceda, tenemos algunos recursos de gran utilidad: están los libros, están las imágenes, están las buenas conversaciones..., y están los museos: esos lugares donde el tiempo se vuelve espacio. Visitarlos es recorrer la historia de nuestros antepasados, y también —en algunos casos— nuestra propia historia.

Uno de esos museos recibe hoy este premio: una casa de los recuerdos, de la memoria. De la memoria como ejercicio personal pero también como ejercicio colectivo.

Los recuerdos son nuestro patrimonio más íntimo. Es evidente, por ello, que nadie que no pertenezca a esa tierra puede recorrer las salas del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos con los ojos de un ciudadano chileno. No es solo su historia: es su vida, y en esa vida hay cicatrices muy profundas y aún recientes.
 
Esa mezcla de sentimientos se percibe en las palabras de la presidenta Michelle Bachelet, en su discurso en el acto inauguración del museo, en enero de 2010, tras visitarlo junto con los presidentes Eduardo Frei, Patricio Alwyn y Ricardo Lagos.

“Hay en este edificio imágenes que no quisiera recordar”, empezaba confesando. Pero al recorrerlo —afirmaba— “me he sentido acompañada por la historia y por el pueblo”. Y concluía que el museo era —cito textualmente— “una poderosa señal del vigor de un país unido”.

La memoria requiere, en efecto, fortaleza y valentía, y ello es así porque recordar es una tarea del presente, no del pasado. Y es en el presente donde está el reto..., en hacer memoria. Y es importante hacer memoria juntos.

El valor del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, aquello que lo hace merecedor de este y de tantos reconocimientos, no reside en remover las sombras del pasado, pues nada se gana con ello, sino en contribuir a edificar el hoy y el mañana. Y lo hace mediante historias personales, vínculos familiares, nombres y apellidos: circunstancias donde es posible reconocerse. El gran logro del museo radica en esa generación de empatía.

"...los museos son esos lugares donde el tiempo se vuelve espacio. Visitarlos es recorrer la historia de nuestros antepasados, y también —en algunos casos— nuestra propia historia. Uno de esos museos recibe hoy este premio: una casa de los recuerdos, de la memoria. De la memoria como ejercicio personal pero también como ejercicio colectivo..."

Este museo es un ejemplo para el mundo y para Iberoamérica; una región que tiene mucho que decir y que hacer, de manera más concertada…, más hermanada. Lo digo con algo de conocimiento de causa. En más de cien ocasiones a lo largo de mi vida he visitado los países que le dan sentido y corazón, a un proyecto de raíces antiguas, pero de realidad muy contemporánea y sobre todo con un potencial de futuro todavía infravalorado y por aprovechar.

Cuanto más conozco la comunidad iberoamericana más la valoro y aprecio, incluso con un sentimiento creciente de orgullo y de pertenencia, al tiempo que me sorprendo al darme cuenta de cuánto me queda por conocer y aprender de ella, de lo que distingue a cada pueblo y su tierra y de lo que nos une casi al instante, cuando nos mirarnos y nos escuchamos.

En ese espacio tan rico y diverso, la Comunidad Iberoamericana de Naciones, tenemos también mucha historia y mucha memoria compartida. Una memoria cuya síntesis es y debe seguir siendo, en última instancia, junto con la reivindicación de nuestra identidad común –respetuosa y tributaria de la de cada nación−, la defensa infatigable y compartida de la Libertad, los Derechos Humanos, el Estado de Derecho y la Democracia.

Debemos proteger siempre —y a toda costa— la dignidad de la persona, que toma cuerpo en el ejercicio de sus derechos y libertades, y se funda en nuestras leyes, instituciones y constituciones democráticas. Esa es nuestra mejor garantía frente a las derivas autoritarias.

Nuestra comunidad, con dos lenguas compartidas tan potentes como el español y el portugués, debe hablar al mundo, cada vez más, con una voz más potente y concertada en temas como los grandes retos globales, desde la sostenibilidad a la cohesión social, en un marco de profundas transformaciones,... y en tantos otros ámbitos donde podemos aportar, los iberoamericanos, nuestra visión de futuro.

En noviembre de este año recibiremos en Madrid a los máximos representantes de las naciones iberoamericanas para celebrar juntos la XXXª cumbre, 35 años después de la Iª, que tuvo lugar en Guadalajara, México, en 1991. El camino recorrido hasta hoy no solo representa una gran obra conjunta de todas ellas, conscientes de nuestra historia y en busca del bien común, es también −por eso mismo− un gran ejemplo para ofrecer al mundo; sobre todo si somos capaces de darle una continuidad y proyección exitosas con ese nuevo encuentro.

Señoras, señores,
El museo que hoy premiamos recoge también un fragmento de la historia compartida entre España y Chile gracias a un proyecto conjunto lanzado con la AECID en enero de este año. Me refiero a la aventura de los españoles exiliados que llegaron tras la Guerra Civil a Valparaíso en el buque “Winnipeg”, más de 2000. Entre ellos había muchos niños, algunos de los cuales, como el pintor José Balmes o la actriz Montserrat Julió, pasaron a formar parte de la historia cultural que hermana y engrandece a nuestras dos naciones.

El Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos se nos revela, así como una casa que alberga el pasado con ánimo de aprender de él en el presente y así cimentar bien la construcción del futuro de un país felizmente unido. Porque como dijo el presidente Ricardo Lagos: “no puede haber mañana sin ayer”.

Muchas gracias.

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Intervención de Su Majestad el Rey en la X edición del Premio de Derechos Humanos Rey de España

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