Don Felipe, acompañado de Doña Letizia, tomó posesión como Protocanónigo de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma.
A su llegada, Sus Majestades los Reyes fueron recibidos por el canónigo español del Cabildo Liberiano, monseñor José Jaime Brosel, y posteriormente por el arcipreste de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, cardenal Rolandas Makrickas, en el pórtico del templo.
Seguidamente, Sus Majestades los Reyes accedieron a la basílica, donde ocuparon su lugar de honor, dando comienzo la ceremonia con el saludo litúrgico, la oración y la lectura de un pasaje bíblico.
El arcipreste de la basílica dirigió unas palabras, tras las cuales invitó a Su Majestad el Rey a intervenir. Don Felipe en sus palabras destacó “mantengamos la esperanza de que todos, cada uno en nuestras respectivas circunstancias y responsabilidades, sepamos ser, para los demás, un pequeño faro de concordia, generosidad y entrega a la causa del bien común. Entre todos, contra el egoísmo y la indiferencia, tratemos de llevar al mundo la misma claridad que hoy, en esta primavera romana que comienza, ilumina la basílica de Santa María la Mayor”.
A continuación, se procedió a la lectura de un extracto de la Bula Hispaniarum Fidelitas, tras la cual el cardenal arcipreste invitó a Su Majestad el Rey a ocupar su lugar entre los canónigos del Capítulo Liberiano.
La ceremonia concluyó con el rezo del Padre Nuestro y la bendición.
Posteriormente, Sus Majestades los Reyes, acompañados por el cardenal arcipreste, se dirigieron a la Capilla Paulina, donde visitaron la imagen de la Virgen de la Salud, patrona de Roma, y, a continuación, la tumba del Papa Francisco.
El acto finalizó con la despedida de Sus Majestades los Reyes por parte de los canónigos del Cabildo Liberiano en la nave central y del cardenal arcipreste en el pórtico de la basílica.
La Basílica de Santa María la Mayor está ligada a la Monarquía española desde tiempos de Carlos I, que gobernó en el siglo XVI -aunque incluso antes los Reyes Católicos contribuyeron económicamente al embellecimiento del lugar. Consagrada a la Virgen María y considerada como la primera iglesia dedicada a ella en Occidente, se convirtió desde entonces en un puente entre la fe romana y la Corona española. Eran tiempos en los que la Ciudad Eterna era el epicentro del poder espiritual de la cristiandad y la Monarquía hispánica ejercía como la gran defensora del catolicismo. Ello derivó en una alianza muy potente entre el Papado y la Corona, en un tiempo en el que los cismas en el seno de la Iglesia la debilitaban.
Un siglo después, el 7 de octubre de 1647, el Papa Inocencio X, tras una petición del rey Felipe IV, instituyó mediante la Constitución apostólica Sacri Apostolatus la llamada Obra Pía de Santa María la Mayor. Era un acuerdo por el que, a cambio de una renta anual al cabildo de la basílica, se tenían que celebrar oraciones y actos litúrgicos en honor de la Corona hispánica. Desde entonces, los sucesivos monarcas españoles se han convertido en benefactores del templo y han contribuido a la realización de obras de restauración y mejora, entre otros.
Una estatua de Felipe IV diseñada por Gian Lorenzo Bernini destaca en el atrio de un lugar tan visitado por los turistas y los fieles católicos.
Sus Majestades los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía visitaron por última vez la basílica en 2018, y entonces Su Majestad el Rey recordó su vinculación actual con España reafirmada en 1953 mediante la Bula Hispaniarum Fidelitas de Pío XII. Y es que, tras la firma del Concordato con la Santa Sede, se acordó que todos los reyes españoles serían “Protocanónigos Honarios” del Cabildo Liberiano de la Basílica de Santa María la Mayor. En aquel viaje de 2018 a Roma, los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía presidieron la inauguración de la nueva iluminación de la Basílica y su restauración, después de que la Fundación Endesa firmara un acuerdo con el Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Su Majestad el Rey Don Juan Carlos ha sido Protocanónigo Honorario de la Basílica, un título que aceptó en un viaje a la Ciudad de Roma en 1977, más de un año después de su proclamación como Jefe de Estado.