Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Actividades y Agenda
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin

Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de la XIX edición del "Premio Europeo Carlos V"

Monasterio de San Jerónimo de Yuste. Cuacos de Yuste (Cáceres), 25.05.2026

Unida en la diversidad”. Ese es el lema de la Unión Europea. Se adoptó en el año 2000, tras un concurso público que reunió más de 80.000 propuestas. Es un lema sencillo que define una realidad compleja: la combinación de la diversidad inagotable del espacio europeo con una decidida voluntad de destino común.

Según George Steiner, la esencia de Europa es la diversidad. Eso nos define: el contraste con otras regiones del mundo donde es posible viajar miles de kilómetros en cualquier dirección sin que el paisaje cambie de manera perceptible. Aquí, en nuestro continente, basta desplazarse 20 o 30 km para hallar otros paisajes, otras arquitecturas, otras tradiciones, otras lenguas. Como decía Paul Éluard, “hay otros mundos, pero todos están en este”.

La belleza de esta diversidad consiste en que, lejos de separar, nos une. Europa es la síntesis de su diversidad, como un puzle cuya solución radica en el encaje de todas las piezas. Ese encaje se resuelve en nuestra voluntad de vivir, de trabajar, de progresar juntos −tras una larga historia, no lo olvidemos, de conflictos y desencuentros−; y requiere la búsqueda del equilibrio, pues en un puzle no hay piezas centrales ni marginales, grandes ni pequeñas: cualquier pieza que falte dejaría un evidente —e irremplazable— espacio en blanco.

La puesta en valor de la diversidad como factor, no de exclusión, sino de riqueza, es una tarea siempre inconclusa que nos compete a todos —a los europeos— si queremos honrar nuestra historia y nuestro extraordinario acervo cultural. Es una diversidad solidaria, que se ve reconocida e incluso acogida en la unidad que nos mantiene, nos da fuerza y nos ha permitido enormes avances en las últimas décadas, también a cada uno de los Estados miembros.

El Comité Europeo de las Regiones es, posiblemente, la institución que mejor refleja la diversidad de lo local en la UE y, a la vez, contribuye a asegurar su encaje en un proyecto común. Siendo una institución relativamente joven —coetánea del Tratado de Maastricht —se ha vuelto fundamental para entender la Unión como un espacio de participación, de creación, de construcción activa de un proyecto político a partir de sus regiones y sus ciudades.

Dando voz a los entes locales y regionales en el proceso legislativo, el Comité encarna un principio clave en la construcción europea: el principio de subsidiariedad, que orienta la gestión de lo público siempre hacia la escala más adecuada, conciliando la eficacia y el valor añadido con la proximidad al ciudadano. Porque los múltiples niveles de gobierno, unidos por la lealtad institucional, son la expresión política de nuestra riqueza: la prueba de la madurez de nuestros sistemas democráticos.

"...El Comité de las Regiones debe seguir siendo un punto de encuentro entre europeos, nacido del reconocimiento y la reivindicación de la diversidad a través de su auténtica garantía, que son las constituciones democráticas de los Estados miembros en el marco de la Europa unida...."

La raigambre democrática está en el Comité de las Regiones desde su propia composición. De acuerdo con el artículo 300 del Tratado, sus miembros, representantes de los entes regionales y locales, deben ser titulares de un mandato electoral o tener responsabilidad política ante una asamblea elegida. Se dedican, por tanto, a la política más próxima al ciudadano: aquella en la que prevalece lo concreto, lo cotidiano, un claro sentido de vecindad, de comunidad.

Esa dimensión está íntimamente ligada a Europa; y lo está desde sus orígenes. En los albores del mundo moderno, la política europea se hacía a partir de los embriones de Estado que eran las ciudades y sus territorios circundantes. De ahí surge el concepto mismo de ciudadanía: sus derechos, sus libertades y también sus deberes y responsabilidades. Y es ahí, también, donde radica la fuerza del Comité. Porque hoy en día, el 70% de las normas comunitarias sigue teniendo un impacto directo en nuestras regiones y nuestras ciudades.

España, con un sistema político fuertemente descentralizado, es muy consciente de esta realidad. Nuestros representantes en el Comité llevan décadas dando muestra de iniciativa y compromiso en ámbitos que, siendo prioritarios para Europa, también lo son para nuestras comunidades autónomas y nuestras ciudades. Me refiero —por citar solo algunos— a la cohesión, a la transición energética, al urbanismo sostenible, al sector primario, a la lucha contra la despoblación y el envejecimiento en las zonas rurales. Y desde luego, a dos temas cruciales para España, como son las macrorregiones −como marcos de colaboración para afrontar desafíos comunes−  y el tratamiento específico de las regiones ultraperiféricas.

Señoras, señores,
Este premio Carlos V reconoce en esta edición a una institución y un trabajo que van a contracorriente de algunas tendencias del tiempo en que vivimos: hacia la atomización, la fragmentación y la exaltación de la diferencia por sí misma; sin una razón superior y, a veces, incluso, a costa del bien común.

El Comité de las Regiones debe seguir siendo todo lo contrario: un punto de encuentro entre europeos, nacido del reconocimiento y la reivindicación de la diversidad a través de su auténtica garantía, que son las constituciones democráticas de los Estados miembros en el marco de la Europa unida.

Permítanme que lo defina con las mismas palabras que empleó su presidenta, Kata Tüttő en su reciente declaración con ocasión del día de Europa: “En tiempos de fragmentación, los líderes locales tienen una responsabilidad especial: mantener encendida la llama europea, no a través de eslóganes, sino a través de confianza, dignidad, solidaridad y conexión humana”.

En definitiva, este premio reconoce no solo una institución, sino también la idea que la inspira: la unidad en la diversidad. Una idea que no es fija ni estática, sino una aspiración, un proyecto, un camino.

A propósito de caminos, Novalis —ese escritor romántico referente de tantos pensadores europeos— se preguntaba en una de sus grandes novelas: “¿Hacia dónde se dirige nuestro camino?”. Y él mismo se respondía: “Siempre a casa”. La casa entendida como origen y destino, como encuentro y concordia, como realización plena de los valores universales que nos unen.

Gracias a la Europa unida, gracias a las instituciones europeas y gracias al Comité de las Regiones, los europeos podemos decir –y decidir− con esas mismas palabras, aunque sea en idiomas distintos, hacia dónde se dirige nuestro camino.
Muchas gracias.

Volver a Discursos
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin

Vídeo

Palabras del Rey en la ceremonia de entrega del XIX “Premio Europeo Carlos V”

Actividades