Quiero expresar, con toda brevedad, nuestra alegría por este nuevo encuentro en torno a la lengua y a las culturas hispánicas. Y lo haré recordando a un gran escritor mexicano, Sergio Pitol, reconocido, como tantos otros literatos de ese país hermano −Paz, Fuentes, Poniatowska, José Emilio Pacheco, Fernando del Paso y este mismo año, Gonzalo Celorio− con el Premio Cervantes.
Dijo Pitol en cierta ocasión: “el lenguaje es el espejo más fiel de los cambios del hombre”. Las palabras, en efecto, nos construyen, con ellas crecemos y evolucionamos. La lengua no es solo medida de cambios individuales, sino también sociales. Y si atendemos a los datos –que no repetiré, pues han sido citados con anterioridad- convendremos en que la lengua española atraviesa una etapa de enorme pujanza, de gran impacto global.
"...las palabras (…) nos construyen, con ellas crecemos y evolucionamos. La lengua no es solo medida de cambios individuales, sino también sociales. Y si atendemos a los datos, convendremos en que la lengua española atraviesa una etapa de gran impacto global..."
Pero esta es −sospecho− una reunión mayoritaria de personas de letras, de modo que haríamos mal si fiáramos el diagnóstico de nuestra lengua solo a las magníficas cifras de hablantes y de estudiantes que hemos escuchado. También hay que valorar alguna realidad compleja, como la que, en relación con algunas decisiones recientes, vive la comunidad hispanohablante de EEUU; un país con el que, como españoles y como europeos, tenemos una enorme afinidad.
No está de más recordar que la historia y el presente de ese gran país, que el año próximo celebrará el 250 aniversario de su independencia, difícilmente podrían entenderse sin la aportación de la lengua española y de la comunidad de habla hispana.
Así que tenía razón Pitol, el lenguaje es un fiel espejo del cambio, y cada cambio conlleva sus retos. Ninguna etapa de la historia ha estado exenta de trabas y dificultades para la cultura y esta, también tiene las suyas: baste ver una situación geopolítica que nos habla, con demasiada frecuencia, de conflictos, rivalidades, desconexión…
Por eso creo que, particularmente en estos tiempos convulsos, debemos saber reconocer la labor de los profesionales comprometidos con la lengua, la enseñanza y la difusión de la cultura. Y entre ellos, los que integran el Instituto Cervantes, que son alrededor de un millar. Su trabajo diario nos recuerda que las lenguas no son solo fuentes de comunicación y ventanas abiertas al mundo, sino también -y sobre todo- espacios de libertad.
Les invito a todos ahora a brindar por ellos, por la labor del Instituto Cervantes y por el valor y la utilidad de las lenguas —de su conocimiento y de su enseñanza— en todo tiempo y en todo lugar.