Queridos compatriotas:
Siento una particular emoción al encontrarme de nuevo en esta antigua Casa de España, hoy Centro de Formación para el desarrollo de Santa Cruz de la Sierra, en cuya inauguración tuve el honor de participar, junto al Rey, en mi primera visita a esta ciudad en Mayo de 1987, y que ha jugado un papel de gran relevancia en la formación de profesionales iberoamericanos en los último cinco años.
En estas tierras cruceñas he podido sentir la importancia de la cultura española y el embrujo de una naturaleza superdotada que convierte a esta región en una de las de más futuro de América del Sur. También he podido comprobar el inmenso legado de los jesuitas y religiosos españoles a través de las Misiones de la Chiquitania, magníficamente plasmadas en esta exposición fotográfica, quienes contribuyeron decisivamente a la dignificación y mantenimiento de la cultura indígena en los siglos XVII y XVIII.
Quiero saludar a todos los españoles aquí reunidos, que con su esfuerzo y tesón han cooperado a estrechar, con frutos evidentes, las relaciones hispano-bolivianas. Igualmente deseo, en mi última noche en Bolivia, dar las gracias al pueblo cruceño que con tanto cariño y afecto nos ha acogido, a las Autoridades de este país, a sus gentes y a sus campesinos, por el trato amistoso que nos han proporcionado. Bolivia, una vez más, ha sabido hacer honor a su hidalguía y a su hospitalidad.
Muchas gracias.