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Palabras de S.M. la Reina en la Cumbre sobre el Adelanto Económico de la Mujer Rural

Ginebra, 25.02.1992

Quiero expresar, en primer lugar, mi más cordial felicitación a cuantos han contribuido a la celebración de esta Cumbre: a Su Majestad la Reina Fabiola de Bélgica, bajo cuyo Alto Patronazgo nos reunimos; al Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y a su Presidente, Señor Jazairy, que la han hecho posible; al Grupo Básico de Primeras Damas cuyo impulso y esfuerzo generoso ha constituido un factor decisivo para su realización, y a las autoridades y personas que con su trabajo y desvelo han posibilitado tan importante acontecimiento.

Mis palabras no van a ceñirse a aspectos técnicos ni a datos estadísticos, que tan brillantemente han sido expuestos en este foro. Ha quedado reflejado aquí, en forma notable, el destacadísimo papel que juega la mujer rural y la importancia decisiva que tiene su trabajo en áreas tan vitales como la agricultura, la ganadería, la educación, la salud, etc.

Mi presencia en esta Cumbre responde al deseo de expresar mi gratitud, apoyo y solidaridad a tantas mujeres rurales que calladamente, con un esfuerzo supremo, luchan día a día por mejorar las condiciones de vida de los suyos, y muy especialmente de los grupos más vulnerables, ancianos y niños, cuya dependencia del trabajo de la mujer rural es total.

Quiero aprovechar esta tribuna para unir mi voz a la voz del silencio que llega desde los distintos confines del mundo, donde la mujer rural se afana con ilusión por alcanzar un futuro mejor, en condiciones de discriminación en ocasiones insostenibles.

Cualquier tipo de discriminación es siempre la forma más radical de negar el futuro, y a todos nos cabe la enorme responsabilidad de alejar esa sombra del paisaje de nuestras vidas. Son injustificables las diferencias en cuanto a los derechos de las personas, y a corregirlas y evitarlas deben orientarse todos los esfuerzos.

La necesidad de estrategias globales cuyas directrices generales deben ser definidas por los Organismos Internacionales, han de ser completadas en l campo operativo por proyectos eficaces que contemplen la realidad y la idiosincrasia de cada pueblo. Sólo así podrá aprovecharse el gran potencial de trabajo de la mujer rural en la lucha contra las causas de la pobreza.

Espero que los objetivos que se definan como conclusiones de esta Cumbre, tengan la fuerza y el contenido necesario para constituir una llamada a las conciencias de los dirigentes de las diferentes naciones y organismos, tanto a nivel nacional como internacional. De su solidaridad, generosidad y sentido de la justicia, esperamos una adecuada asignación de recursos que permitan la rápida promoción de la mujer rural.

Muchas gracias.

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