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i presencia aquí, para presidir el acto de constitución de este Comité, es un claro signo de la atención con que el Rey y yo seguimos cada día los trabajos preparatorios de la Exposición Universal “Sevilla 1992”.
El 12 de Octubre de 1492 se iniciaba el mundo moderno, concebido humana y geográficamente como un mundo único. Los españoles estamos orgullosos de aquella empresa, pues como dijo el Rey en su discurso en el acto conmemorativo celebrado el 12 de Octubre de 1986, al proclamar la sede de Sevilla, “no sólo dimos la primera noticia de América al Viejo Mundo: abrimos también el camino a la transformación social y cultural más fecunda para la historia del hombre”.
A nadie es ajena esta conmemoración en un momento histórico como el actual en el que la comunidad internacional es por primera vez verdaderamente universal en la historia humana, al haberse completado el proceso entonces iniciado.
Cuando ante el hecho del Descubrimiento los teólogos y juristas de la Escuela Española del Derecho de gentes, en especial Francisco de Vitoria, afirmaron el derecho natural de los autóctonos a constituir sociedades políticas, suscitaron el problema de la dimensión ética de la empresa americana y vieron con claridad que es la condición común de seres humanos la que da cohesión al orbe.
Esta genial aportación, la conciencia de la unidad del género humano y la concepción universalista de la comunidad internacional, tienen hoy especial relevancia y sentido, cuando con tanto acierto ha podido decirse que vivimos tiempos de agitación sin rumbo y la comunidad internacional se interroga sobre su futuro buscando un orden mundial de solidaridad, interdependencia y justicia.
Nunca hasta ahora había existido sobre la tierra una única sociedad humana con problemas globales a los que ha de hacer frente globalmente.
En este complejo y dinámico mundo contemporáneo, en gran parte basado sobre los progresos técnicos derivados de los conocimientos científicos, todos los países y todos los pueblos nos encontramos en una situación de dependencia mutua. Me parece pues imprescindible y esencial, y a ello exhorto a este Comité de Expertos, que la Exposición Universal “Sevilla 1992” sea ocasión para un ingente esfuerzo: recoger el empuje colectivo y universal de la innovación para, con la imaginación necesaria, definir el novísimo mundo que alborea.