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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala con motivo del Viaje de Estado a Finlandia

Palacio Presidencial. Helsinki (Finlandia), 06.10.2026

​Todo viaje de Estado es una gran ocasión para de celebrar el camino recorrido por dos países. Y en ese bagaje de momentos históricos, intercambios, comercio, memorias de viajeros y residentes, hay también −y, diría, sobre todo− la sorpresa de cada país al reconocer en el otro algo extrañamente propio, cercano, familiar. Es lo que a muchos españoles —según me cuentan— les sucede con Finlandia: los que viven aquí desde hace años y los que la visitan por vez primera.

Quien en cierto modo inauguró esa tradición fue Ángel Ganivet, uno de nuestros grandes escritores, que en los paisajes de este país confesó encontrar aspectos de su Granada natal, «El bosque me recuerda la Alhambra. El mar helado me hace pensar en nuestra Vega», decía en sus Cartas finlandesas, libro donde recoge sus vivencias como Cónsul en Helsinki. Con ese libro muchos españoles e hispanoamericanos se asomaron a Finlandia, a sus pueblos, sus lenguas, su creación artística, su organización social o su sentido práctico de la vida. Y en tantos de esos aspectos, como digo, se reconocieron.

Ensalzar lo que nos une supone, también una afirmación de principios: de esa dimensión moral capaz de superar cualquier distancia. Y hoy la Reina y yo, gracias a su extraordinaria hospitalidad, y la de la Primera Dama, tenemos el privilegio de hacerlo. Así que me referiré, brevemente, a alguno de esos aspectos en que España y Finlandia nos reconocemos: 

En primer lugar, Europa. Este año, España ha celebrado el 40 aniversario de su adhesión a la UE; y el año pasado Finlandia celebró tres décadas como estado miembro. Ambos aniversarios dan luz nueva a todo lo que Europa significa para nosotros. También nos llevan a pensar en nuestro acervo —ético y político— y en cómo defenderlo en un mundo cada vez más convulso.

Necesitamos una Europa fuerte y decidida; resiliente y con capacidad de acción; consciente de su papel en el mundo, de sus alianzas y de la importancia de no quedarse atrás respecto de otras regiones. Una Unión que asuma liderazgos, que crezca en productividad, en conectividad, en innovación, y no quede al albur de decisiones ajenas, en particular en el ámbito tecnológico. 

En segundo lugar, compartimos nuestra visión de la seguridad. De nuevo en la historia de Europa, la paz ha dejado de ser un bien adquirido para tornarse una exigencia diaria de esfuerzo, concertación y compromiso. Lo digo en un país que lo sabe en primera persona, por tener un tercio de su territorio en esa encrucijada geopolítica que es el Círculo Polar Ártico; y por contener, en su propia historia, algunas enseñanzas trágicas que Europa no debe olvidar.

"...Compartimos una relación bilateral sólida, asentada sobre una arquitectura firme de acuerdos bilaterales, y con un potencial enorme. La jornada empresarial que hemos celebrado nos ha dado claves importantes para orientar esa relación en ámbitos como las tecnologías cuánticas, los semiconductores y las infraestructuras críticas de IA. Sin olvidar otros aspectos de la transición tecnológica y la transición energética; o la presencia recíproca de cada vez más empresas en ámbitos relevantes como la energía, el turismo o los suministros..."

Españoles y finlandeses somos frontera exterior de la UE. No digo “fronteras” —en plural— sino “frontera”. Nuestra frontera es una y la misma para todos los ciudadanos de la Unión, y las amenazas, vengan de donde vengan y tengan la intencionalidad que tengan, lo son para todos los estados miembros. Por eso debemos insistir en que la protección de nuestra frontera común compete a toda la Unión, en un ejercicio solidario y eficaz, que interesa y beneficia al conjunto. De que sepamos hacerlo, de que tomemos conciencia —todos— de ese esfuerzo compartido, depende mucho más que la seguridad de un país: depende también el futuro mismo de la construcción europea. 

En seguridad y defensa debemos actuar con convicción y con una visión de 360 grados. Las Fuerzas Armadas españolas lo hacen ya con su presencia en Letonia, Eslovaquia y Rumanía y hasta hace unos días, en Estonia; contribuyendo a la defensa aérea del Báltico y del mar Negro; participando en la protección del flanco norte en Islandia y en ejercicios aliados en el Ártico. Por eso celebramos la reciente adhesión de Finlandia a la OTAN, nuestro marco de referencia irremplazable, en el que vemos un refuerzo a la relación transatlántica y también de la autonomía estratégica de Europa— en un tiempo en que ambos objetivos, además de ser perfectamente compatibles, son más necesarios que nunca.

En tercer lugar, me referiré a nuestra capacidad de diálogo. Helsinki acogió, en el año 75, una conferencia clave para el devenir de nuestro continente y esta ciudad es hoy una de las capitales mundiales de la mediación internacional. Cobra aquí, por ello, un especial sentido recordar lo importante que es la diplomacia, la cooperación, el apoyo a la labor de los organismos multilaterales. Finlandia ha sido uno de los grandes impulsores y fundadores del Consejo Ártico, del que España es país observador. Somos plenamente conscientes de la importancia geoestratégica, científica y medioambiental de los Polos, y por eso hemos aprobado recientemente nuestra Estrategia Polar para la próxima década.

También España es un país firmemente comprometido con la cooperación regional: pienso en el proceso euro—mediterráneo, en la Unión por el Mediterráneo, que tiene por sede la ciudad de Barcelona; y pienso, desde luego, en Iberoamérica: un espacio que se define por dos lenguas globales —el español y el portugués— una historia común y la determinación de afrontar juntos los grandes desafíos globales, cuya XXX Cumbre acogeremos en Madrid el próximo mes de noviembre.

Compartimos, finalmente, una relación bilateral sólida, asentada sobre una arquitectura firme de acuerdos bilaterales, y con un potencial enorme. La jornada empresarial que hemos celebrado nos ha dado claves importantes para orientar esa relación en ámbitos como las tecnologías cuánticas, los semiconductores y las infraestructuras críticas de IA. Sin olvidar otros aspectos de la transición tecnológica y la transición energética; o la presencia recíproca de cada vez más empresas en ámbitos relevantes como la energía, el turismo o los suministros. Y quiero hacer una mención especial a la educación, la ciencia y la cultura: al interés por los finlandeses por España y por el español, que la Reina ha tenido ocasión de comprobar en su visita, junto con la Primera Dama, a la Escuela Pública de Käpylä; y a la presencia creciente de científicos españoles en prestigiosos centros de investigación finlandeses. 

En definitiva, señor Presidente, nos reconocemos en nuestra cooperación, en nuestra convicción europeísta, aliados en nuestra firmeza en la defensa de lo que somos y nuestro apoyo a la existencia de un orden internacional basado en normas.

El genial Alvar Aalto, el impacto de cuyo estudio en la arquitectura contemporánea española ha merecido una exposición que inauguraremos mañana en el Finlandia Hall, dijo una vez: “tenemos que hacer casas que crezcan”. Es una hermosa manera de referirnos a la tarea que tenemos ambos países por delante. Nuestra casa común, esa casa que no basta con haber diseñado y construido, esa que tenemos que hacer crecer hacia el futuro, se llama Europa.

Así que brindemos por Finlandia, por España y por Europa: salud… kippis!​

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