Si de lo que se trata es de volver al origen, como hemos escuchado varias veces hoy aquí; si lo que nos proponen nuestros anfitriones es apagar las pantallas un rato y encender las mentes, creo que hoy todos nos quedamos con ese gesto pausado, alentador y esperanzador que es sentarse, coger un libro y comenzar a leer. En este caso, leer los dos premios que esta tarde nos convocan.
Ponernos en la piel de una niña de nueve años para entender lo que siente la protagonista de La leyenda del samurái y la mariposa azul en su viaje, es un ejercicio que, además de ser rejuvenecedor, resulta propicio para asomarnos al Japón medieval y admirar la destreza de Pedro Caldas para contar cosas complejas, desde el simbolismo y la fantasía. Enhorabuena por este premio Barco de Vapor.
"...si de lo que se trata es de volver al origen, como hemos escuchado varias veces hoy aquí; si lo que nos proponen nuestros anfitriones es apagar las pantallas un rato y encender las mentes, creo que hoy todos nos quedamos con ese gesto pausado, alentador y esperanzador que es sentarse, coger un libro y comenzar a leer..."
Y a David Lozano le agradezco su propuesta valiente al crear una novela para adolescentes, Intruso, donde se habla de delitos cometidos por menores, y del acoso escolar, el maltrato y el abuso. Y de las consecuencias que esos comportamientos acarrean. La mirada de David es un alegato contra todo tipo de acoso y supone un estímulo muy valioso para la conversación pública que ya existe en torno a la salud mental de los jóvenes, asociada, sin duda, a determinado uso de las redes sociales. Aunque en ocasiones esas redes sean también vía de conocimiento y desarrollo de habilidades. Felicidades, David, por el premio Gran Angular.
Estos dos libros premiados, muy diferentes en apariencia, contienen también ingredientes comunes: una indagación sobre cómo debemos proteger lo que no podemos ver; el respeto a la veteranía (la del samurái, la de Dani en el centro de menores); la importancia de la amistad; la atenta belleza de la luz; y la conveniencia de abandonar los prejuicios y el maniqueo blanco y negro y comprender el alcance de los grises en la vida.
Luis Mateo Díez, nuestro reciente premio Cervantes, tiene dos nietos adolescentes; estupendos, por cierto. Y no desvelo secretos si digo aquí que él mismo me comentaba con asombro la capacidad de absorber la atención que las redes ejercen en ellos sin remedio. Decía Luis: “Pienso a menudo en que la batalla está perdida, —me comentaba— pero entonces veo a Mónica, que está en segundo de bachillerato y dedica horas a navegar por las redes viendo vídeos sin sentido (ese scroll infinito de vídeos rándom, que me decía a mí Mónica), y compruebo cómo le cambia la mirada y brilla de otro modo cuando aparta el teléfono y lee un libro: el gesto simple y benéfico de leer un libro”. Me quedo con estas palabras del abuelo sabio, narrador brillante y escritor consagrado de nuestras letras, en este día en el que un grupo de adultos celebra la lectura de niños y jóvenes. Por fortuna, la literatura infantil y juvenil en nuestro país goza, pese a todo, de salud vigorosa.
¡Muchas gracias!