Ante todo quiero agradecer a los organizadores de este Coloquio Internacional la amable invitación de la que he sido objeto, al mismo tiempo que felicito sinceramente a la Universidad de La Laguna por su iniciativa, y muy especialmente, por la celebración del Bicentenario de su fundación.
Correspondiendo a esa invitación, quisiera señalar brevemente algunos aspectos que pudieran ayudarles en sus reflexiones.
Es bien conocido que en los últimos años hemos sido testigos del derrumbamiento de una inmensa barrera ideológica, que durante decenios fue fuente de desconfianza y hostilidad. Los regímenes autoritarios han cedido el paso a fuerzas más democráticas y a Gobiernos más sensibles a los problemas existentes. La forma, alcance e intensidad de estos procesos cambian, pero su similitud es suficiente para apreciarlos como un fenómeno mundial.
Sin embargo, hemos entrado en una era de transición caracterizada por tendencias singularmente contradictorias. Porque paralelamente a estas profundas transformaciones políticas, sociales y económicas, las diferencias que separan al Norte y al Sur son cada vez más agudas.
Los derechos humanos, una de las mayores conquistas del siglo XX, no son ajenos a estas contradicciones. Es un hecho comúnmente admitido que los mismos se han convertido en un asunto de preocupación tanto internacional como nacional, y lo que es más, han alcanzado una relevancia impensable no muchos años atrás. El respeto, protección y promoción de los derechos humanos y libertades fundamentales forma hoy parte esencial de toda política, tanto interior como exterior.
Fruto de ello, y en su cuadragésimo quinto periodo de sesiones, la Asamblea General, tras recabar los pareceres de los Gobiernos, los organismos especializados, los órganos de las Naciones Unidas y las Organizaciones No Gubernamentales, decidió convocar para 1993, al más alto nivel, una conferencia mundial de derechos humanos que se celebraría 25 años después de la Conferencia de Teherán.
Como todos ustedes saben, la conferencia tendrá la difícil tarea de evaluar los progresos realizados en materia de derechos humanos desde la aprobación de la Declaración Universal; examinar las formas de mejorar la aplicación de las normas existentes; valorar la eficacia de los métodos y mecanismos de Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos y formular recomendaciones concretas para mejorar dicha eficacia.
Solamente desde una relación estrecha del concepto derecho-deber, podremos afrontar la adecuada solución de los problemas, que en el campo de los derechos del hombre adquieren un valor de urgencia y necesidad inaplazable. Que ante el derecho conculcado de tanto ser humano, se alce generoso y solidario el deber de ayuda y colaboración de otro ser humano, fraternal y desinteresado.
De ahí la gran importancia de este Coloquio Internacional de La Laguna, auténtica fuente de reflexiones y conclusiones que, a buen seguro, marcará el camino a seguir en la próxima Conferencia Mundial de Derechos Humanos.
De ahí también la gran responsabilidad de sus trabajos. Millones de seres humanos sin rostro, sin nombre y sin presente claman ante nosotros desde la desesperanza. Que su ruidoso silencio sea la voz de nuestra conciencia colectiva e individual, para que nunca más puedan producirse situaciones como las que actualmente sacuden a distintas áreas de nuestro planeta.
Muchas gracias.