Le agradezco profundamente sus amables palabras y la cálida acogida que me brinda en este almuerzo tan grato.
Es para mí un honor regresar a este país, donde he vuelto a apreciar la cordialidad y simpatía de sus gentes y el gran cariño que sienten por España, afecto al que los españoles correspondemos de corazón y que me ha hecho sentir la sensación, al pisar suelo argentino, de que volvía a casa después de una larga ausencia.
En esta ocasión me ha traído a Argentina un objetivo en el que todos debemos aunar nuestros esfuerzos: la lucha contra la droga, lacra que amenaza a toda la sociedad universal y frente a la cual no caben inhibiciones ni reservas.
El deseo que todos nosotros anhelamos: Naciones Unidas, Corporaciones de Alcaldes, Instituciones y personas individuales, es el de salvar a los enfermos de los estragos que la droga origina y ayudarles a recobrar la libertad y dignidad que como personas les corresponde.
Señor Presidente, ayer tarde y esta mañana, al recorrer de nuevo las calles de esta hermosa ciudad, he podido apreciar el dinamismo y la vitalidad de sus gentes, empeñadas en proporcionar a Argentina cada día mayores cotas de prosperidad que los españoles, de todo corazón, deseamos alcancen para engrandecimiento y bienestar de la gran nación argentina.
Muchas gracias.