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Palabras de S.M. la Reina al Consejo de Apoyo a los Refugiados, en su IV Reunión Anual

Madrid, 17.10.1991

Deseo, en primer lugar, transmitir a nuestra ilustre invitada, la Señora Sadako Ogata, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados, una doble satisfacción, tanto en nombre del Consejo de Apoyo a los Refugiados que me honro en presidir, como en el mío propio.

Su presencia entre nosotros nos sirve de estímulo para la labor que venimos realizando en estos últimos años, a la vez que nos proporciona la oportunidad de expresarle nuestra más sincera felicitación por el Premio Príncipe de Asturias 1991 de la Cooperación Internacional, que ha sido concedido a su Oficina y que, dentro de unas horas, le será entregado en Oviedo.

Es este merecido reconocimiento a la incansable labor humanitaria que el ACNUR viene desarrollando desde hace 40 años, lo que debe permitirnos reflexionar sobre el momento actual.

El problema de los refugiados y desplazados, lejos de convertirse en un asunto del pasado, está adquiriendo un protagonismo cada vez mayor en las relaciones internacionales, a la vista de los acontecimientos que han tenido lugar desde nuestra última reunión.

Si bien es verdad que determinados conflictos regionales han entrado en alentadores procesos de pacificación, no es menos cierto que han aparecido nuevas tensiones por las que cientos de miles de personas se han visto obligadas a huir de sus países.

El número cada vez mayor de poblaciones desarraigadas viene a confirmar la vigencia de los objetivos genuinos que marcaron la creación del Consejo de Apoyo a los Refugiados: promover la consolidación de estructuras duraderas de desarrollo y autosuficiencia para los refugiados en sus propias regiones de origen.

El mejor camino para solucionar el problema del refugiado es atajar los desequilibrios desde la raíz, a fin de evitar, en la medida de lo posible, los motivos que obligan a las personas a abandonar sus hogares.

En este contexto, la labor del Consejo necesita ser reforzada a todos los niveles para que pueda actuar con mayor operatividad y eficacia. Los refugiados siguen siendo nuestro objetivo y la solución de sus problemas nuestro compromiso humanitario.

En un momento en que las sociedades muestran síntomas preocupantes de intolerancia ante grupos humanos con culturas y rasgos de identidad peculiares, debemos evitar que quienes abandonan su país lo hagan porque ésa, y sólo ésa, es la única solución.

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