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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo ofrecido a una representación del mundo de las Letras

Palacio Real de Madrid , 20.04.2018

Hay tradiciones que nos resultan especialmente gratificantes y enriquecedoras. Y este encuentro y almuerzo que compartimos hoy con una magnífica representación −aunque necesariamente limitada e incompleta− del mundo de las letras, y previo a la entrega del Premio Cervantes, es una de ellas. Por tanto es fácil entender que La Reina y yo nos sintamos felices, y también sinceramente agradecidos por vuestra compañía; rodeados de talento y cultura, de tantas personalidades de las Letras y de las Humanidades en este Palacio Real, al que os damos nuestra más cordial bienvenida.

Celebramos la ocasión, como cada año, de evocar la memoria de Miguel de Cervantes, fuente inagotable de inspiración; pero también la oportunidad de rendir nuestro homenaje y mostrar nuestro afecto a Sergio Ramírez, cuyo nombre, desde hoy y para siempre, estará unido al del autor del Quijote como ilustre acreedor del galardón más importante de la literatura en lengua española. Aunque, como sabemos, todo creador literario en la lengua cervantina, venga de donde venga, siente que su corazón y su mente traducen en su pluma, natural e incluso espontáneamente, mucho de lo que nos legó la creación y el legado de Don Miguel.

Los libros son un bálsamo de paz, una invitación a la reflexión frente a la trivialidad, aunque algunos puedan precisamente caer en esto último; pero los buenos libros son sin duda un revulsivo para las conciencias y un pasaporte hacia lo universal. Lo sabemos bien los millones de hispanohablantes que constituimos una inmensa patria cultural y social de alcance global.

Y lo sabe bien nuestro galardonado, Sergio Ramírez. Los más de ocho mil kilómetros que separan Nicaragua y España se transforman en una ficción geográfica tan pronto como reparamos en nuestra lengua común, en nuestro patrimonio cultural compartido, en nuestras historias hermanadas en los valores, en los anhelos, en la identidad.

Nos une el afecto, la fraternidad y la familiaridad porque nos une la cultura. Y al tiempo, la nuestra, es una cultura abierta al mundo, que señala a horizontes de libertad.

Este Premio Cervantes que viaja a la América Hispana y que magnifica la universalidad de nuestra literatura, nos recuerda también la importancia de apelar a aquello que nos une por encima de toda frontera. Y es que la cultura en español opera como un vínculo que abraza, que amplía horizontes, que acerca a las personas buscando aquello que comparten y por encima de sus diferencias.

"...este Premio Cervantes que viaja a la América Hispana y que magnifica la universalidad de nuestra literatura, nos recuerda también la importancia de apelar a aquello que nos une por encima de toda frontera. Y es que la cultura en español opera como un vínculo que abraza, que amplía horizontes, que acerca a las personas buscando aquello que comparten y por encima de sus diferencias..."

La diversidad es una riqueza aún mayor cuando guarda también en su interior una cultura y unos valores compartidos.

Por eso, este Premio Cervantes 2017 es especial. No solo por la excelencia que representa Sergio Ramírez para las letras hispanas, sino porque nos alienta a seguir luchando para que el universo iberoamericano esté cada vez más cohesionado y abierto al resto del mundo, en sintonía con el proceso de globalización cultural de nuestro tiempo.

España está y estará siempre del lado de aquellos que quieran abrir sus horizontes a un mundo mejor, más próximo, más comprometido, más humano en definitiva. Un mundo presidido por la cultura, una cultura que no desdeña la sabiduría atesorada durante siglos y que no se cierra a los talentos venideros.

En su obra Margarita está linda la mar, Sergio Ramírez nos descubrió un Rubén Darío más sincero y más humano, pero antes y después de esta gran obra la sombra del poeta nunca le ha abandonado a lo largo de toda su carrera.

Sergio Ramírez esconde alma de poeta en cada rincón de su literatura: desde sus magníficos Cuentos hasta Ya nadie llora por mí, su última novela. Porque más allá de su capacidad extraordinaria para llevarnos a otra épocas, para hacernos vivir en la vida de sus protagonistas o para mantener el vilo de un enredo policíaco, en el escritor nicaragüense impresiona la sabiduría, la elegancia, la precisión y el talento con el que navega por los amplios mares de nuestra lengua.

En esto reconocemos su vocación manifiestamente cervantina, esa que nos hace sentirnos a todos como en casa cuando estamos entre sus letras.

Dicen que Sergio Ramírez tiene muchos y buenos amigos. Que sabe cultivar y valorar la amistad. Nosotros, gracias a él, tenemos más amigos y estamos más acompañados. Precisamente por lo que dejó escrito Rubén Darío: un buen libro es el mejor de los amigos, lo mismo hoy que siempre. Y usted, Sr. Ramírez, nos ha regalado muchos y buenos libros.

Por todo ello, y –como se diría en el español de su tierra, Don Sergio− pues “ya que voy terminando”, les invito a “pararse” y brindar hoy con un “bojazo” por nuestra común patria Cervantina y por uno de los mayores representantes de ese mundo presidido por la cultura, el ilustre Premio Cervantes 2017.

Felicidades y muchas gracias.

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