Gracias Presidenta, gracias por la invitación para presidir esta Reunión Constitutiva de la Comisión Nacional encargada de organizar y poner en marcha la conmemoración de 5 siglos de historia de una institución tan singular, antigua y actual, como es el Consejo de Estado. Múltiples intelectuales y pensadores han señalado acertada y reiteradamente que “los hombres (y las mujeres…) pasan, pero las instituciones permanecen”. Es una gran verdad. Por su edad venerable, el Consejo de Estado es probablemente el mejor paradigma de la validez de esta afirmación.
El objeto de esta Comisión es —como ya han podido escuchar— celebrar la aportación del Consejo de Estado a nuestra historia y nuestro presente; y, por extensión, el valor de las instituciones como cauce hoy de nuestra convivencia democrática. Sobre ese tema me gustaría hacer unas breves reflexiones.
Como nos ha recordado su Presidenta, el Consejo de Estado es, según el artículo 107 de la Constitución, “el supremo órgano consultivo del Gobierno” y fue fundado por Carlos I en 1526; es el consejo más antiguo de Europa y, quizá, del mundo.
Estos tres datos bastarían —sin necesidad de nada más— para hablarnos de su enorme prestigio. Pero se da la circunstancia de que la historia y las funciones de este Consejo —es decir, lo que ha hecho y lo que hace— es incomparablemente más rico; y a menudo esa riqueza pasa desapercibida al conjunto de la ciudadanía.
"...qué gran ocasión supone este V Centenario para divulgar lo que es y lo que hace esta gran obra, de la que han participado, durante generaciones, algunas de nuestras mejores mentes jurídicas, y que se ha levantado en paralelo a la historia de nuestro país..."
Qué gran ocasión supone este V Centenario para saldar ese déficit de conocimiento. Para divulgar lo que es y lo que hace esta gran obra de la que han participado, durante generaciones, algunas de nuestras mejores mentes jurídicas, y que se ha levantado en paralelo a la historia de nuestro país. Una obra que se nutre, entre otras aportaciones, de la finura jurídica del Cuerpo de Letrados del Consejo de Estado, que tan fielmente encarna esa idea del jurista humanista, del jurista al que “nada de lo humano le es ajeno”.
Será una oportunidad para recordar —como señalaba su Presidenta— el papel del Consejo en la consolidación también de nuestras libertades democráticas; un proceso cuyo inicio –por una afortunada proximidad de efemérides─ estamos empezando a conmemorar, como saben, este año.
Permítanme insistirles en la dimensión didáctica que —creo—puede tener el programa conmemorativo. Explicar algo, en tiempos trepidantes como los nuestros, es un desafío enorme y complejo. Y lo es aún más si la explicación trasciende su principal objeto, que es el Consejo de Estado, y —mediante el ejemplo de su alta labor consultiva— refleja también el valor de todo nuestro marco institucional.
Pero es un trabajo muy necesario, porque las instituciones —recordémoslo— permanecen. Y esa permanencia —no siendo, de por sí, ni su objetivo último ni su razón principal— acaba convirtiéndose en el mayor aval de su prestigio, el mejor reflejo de su utilidad.
Dije apenas hace una semana en el Congreso, citando a Borges: “somos nuestra memoria”. A veces, la actualidad absorbe tanta atención que la memoria se diluye: y creo firmemente que esta Comisión Nacional puede contribuir a ese tan necesario ejercicio de memoria colectiva.
Les animo, por ello, a elaborar un programa ambicioso, que cuente con representantes de todos los sectores e incorpore la dimensión europea e iberoamericana, reflejada en aquellos países con consejos consultivos homólogos a nuestro Consejo de Estado. Un programa que llegue a todos y lo haga con el lenguaje que más y mejor se entienda: el lenguaje claro e inclusivo, que es otro de los grandes retos del mundo del derecho en su relación con la ciudadanía.
Les deseo, en definitiva, que tengan un año lleno de ocasiones para el encuentro y para la memoria. O, como dice el Quijote —cuya primera edición vio la luz cuando este Consejo llevaba ya casi ocho décadas sirviendo al Estado— que sea un año lleno de “sucesos dignos de feliz recordación”.
Muchas gracias.