Permítanme que, aunque les hable llegados al final de este acto, les dé la bienvenida al Real Sitio y Palacio Real de El Pardo (Madrid), de nuestro Patrimonio Nacional vinculado a la Corona que, por segunda vez, acoge la entrega del Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial, ya en su IXª edición (8ª para mi). Aquí entregó el Rey Juan Carlos el primero de estos premios en 2014 a Enrique Sendagorta Aramburu.
Hemos escuchado al presidente del Círculo de Empresarios, al presidente del jurado haciendo la correspondiente laudatio y a la presidenta de la empresa —su hija Lourdes—, que nos ha ofrecido una mirada especialmente cercana y que nos ha desvelado algo que no deja de asombrarnos: que, a sus 83 años, María Teresa Rodríguez sigue visitando la fábrica todos los días y continúa ayudando en la tienda de galletas. Además, hemos visto un vídeo que, en apenas unos pocos minutos ha logrado condensar la figura y trayectoria de la premiada y, al mismo tiempo, transmitirnos la fuerza y humanidad que hay detrás de ella.
Así que después de todo, lo que me gustaría poner de relieve en esta última intervención es algo que creo que todos hemos percibido con claridad: la unanimidad que genera María Teresa, no solo por su trayectoria como empresaria, sino también por cómo la ha construido y por la huella personal que deja en quienes trabajan con ella, en quienes la conocen y en quienes han tenido la oportunidad de acompañarla en algún tramo de su andadura profesional. Y eso, permítanme decirlo, es un logro mayor.
Se ha hablado de su cercanía, de su preocupación por generar empleo, de su visión y capacidad de innovación, de su liderazgo. También del apego por un pueblo —Aguilar de Campoo—, que siente Gullón como algo muy suyo. Lo pude comprobar cuando visité sus instalaciones con motivo de su 125 aniversario. En aquel recorrido —todavía recuerdo perfectamente el olor a galleta— pude percibir de primera mano ese ambiente, esa relación tan especial entre la empresa, las personas y el territorio.
Mi más sincera enhorabuena, María Teresa, por este nuevo reconocimiento que se suma a tantos otros que has recibido a lo largo de una carrera construida con constancia y con un compromiso firme con la empresa.
Ese recorrido, sostenido durante años con esfuerzo y dedicación, ha permitido que una compañía familiar y muy arraigada en su tierra alcance una destacadísima presencia internacional que hoy la sitúa en más de cien países y cuyos productos llegan a consumidores de todo el mundo, formando parte de su vida cotidiana. Gullón es un ejemplo de cómo desde la llamada España vaciada pueden surgir iniciativas con alcance global, lo que demuestra que el futuro también se escribe desde esos territorios.
Señoras y señores,
María Teresa, como quienes la han precedido en este premio, y como tantos otros empresarios de nuestro país, representa lo mejor de una forma de entender el trabajo y la responsabilidad. Desde todos los puntos de España han impulsado proyectos que han sabido crecer aquí y proyectarse también al exterior, sin perder el vínculo con sus comunidades, donde se han convertido en auténticos ejes vertebradores.
Por eso quiero subrayar que vuestro papel ha sido, es y seguirá siendo esencial para el desarrollo y el bienestar de nuestro país. Y, sinceramente, cualquier reconocimiento por esta labor siempre se quedará corto.
Este premio reconoce a María Teresa, pero también, en gran medida, es un homenaje a todas las personas que, desde la empresa, contribuyen cada día a impulsar la competitividad y el crecimiento de España.
Gracias a las tres instituciones (“círculos”) convocantes, organizadoras y patrocinadoras de este galardón, por promover este reconocimiento que, con el espíritu integrador que les inspira y la visión de largo plazo que les mueve, quieren resaltar la importancia del papel de la empresa para el desarrollo de nuestro país a través de los valores de nuestros grandes empresarios y empresarias (y sus equipos), que tanto contribuyen al prestigio y proyección de nuestra Marca España.
Muchas gracias.