Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo ofrecido a una representación del mundo de las letras con motivo del Premio Cervantes

Madrid, 22 de abril de 2010


No puedo comenzar hoy mis palabras sin reiterar públicamente mi más profundo sentimiento de pesar, al que se unen la Reina y toda mi Familia, por el fallecimiento de Don Juan Antonio Samaranch.

Barcelona, Cataluña y el resto de España han perdido a uno de sus hijos de mayor proyección universal.

Un gran español, promotor ejemplar de los valores olímpicos y del entendimiento entre los pueblos, cuya estrecha amistad, firme lealtad a la Corona, y permanente servicio a España nunca podremos olvidar.

Muchas gracias a todos por acudir a este almuerzo que reviste un especial simbolismo para nuestra Lengua y nuestras Letras.

Un año más, en el aniversario de su muerte, nos reunimos en torno a la memoria de Miguel de Cervantes. Con ella se reaviva cuanto se inscribe en el ámbito de la lengua -la lengua de Cervantes- y de la creación literaria -el territorio de la Mancha-. Todo lo resume y ampara Cervantes.

A Juan Gelman y a José Emilio Pacheco, últimos Premios Cervantes con Juan Marsé, les gusta repetir la afirmación del poeta argentino Raúl Gustavo Aguirre: "la amistad de los poetas es lo mejor de la poesía".

Sin duda ninguno de ellos ignora las diferencias y rivalidades de Quevedo, Góngora y Lope.

El propio Cervantes, cuando en el Viaje del Parnaso defiende su currículum de escritor para ser admitido en el círculo elegido de los poetas, se queja de envidias y desprecios.

Pero esa "amistad de los poetas que es lo mejor de la poesía" apunta a algo superior: al hecho de que la poesía -y la creación literaria en general- no es propiedad exclusiva de cada autor, sino tarea colectiva común.

De seguro que Cervantes, que en La Galatea celebra a algunos poetas de la Nueva España -entre ellos, el hijo de un compañero de Cortés- calificándolos de "ingenios soberanos", reconocería hoy como uno de los suyos -de los poetas con pobres alforjas y sin capa- a José Emilio Pacheco, a quien mañana rendiremos homenaje.

Pacheco ha escrito: "A semejanza de la comida, la poesía es una serie infinita de apropiaciones e intercambios. Nada es de nadie porque todo es de todos. Un poema pertenece a quien tenga la voluntad de hacerlo suyo".

Con su estilo coloquial y antirretórico, Don José Emilio ha convertido la poesía en un acto de resistencia contra la acción del tiempo y, a la vez, en una celebración.

Este almuerzo quiere ser un acto de "alta fidelidad" a esa amistad que, más allá de diferencias personales, hermana a cuantos -escritores, críticos, filólogos, editores, periodistas culturales, libreros- os afanáis en servir con ilusión y esfuerzo a la palabra que nos hace libres y es base indispensable de una ciudadanía libre y del verdadero progreso social.

Con este espíritu, levanto mi copa para brindar de corazón por todos los presentes y por nuestras Letras.

Muchas gracias.

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