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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega de los Premios Príncipe de Asturias l995

Teatro Campoamor. Oviedo , 27.10.1995

U

​n año más regresamos a esta querida tierra para participar en este solemne acto, siempre tan revelador y emotivo.

"Deus quere, o homen sonha, a obra nasce", Dios quiere, el hombre sueña, la obra nace. Tal vez estas palabras de Fernando Pessoa, con su concisión de lema heráldico, sean un hermoso símbolo de lo que ha sido la vida de estos Premios que hoy cumplen quince años.

Lo que primero consistió en un ilusionado sueño, hoy, por el esfuerzo de muchos y porque Dios lo quiso, es una hermosa realidad, una obra cumplida, abierta con la fuerza de la esperanza a nuevos horizontes y al futuro.

Regresar cada año al Principado de Asturias y entregar los premios que llevan mi nombre es para mí, por todo ello, especialmente grato.

Agradezco a los jurados sus altas miras, su sintonía con los valores que queremos enaltecer, su independencia de criterio y, en fin, su acierto. Ellos nos han entregado lo que sobrevive: la obra y el ejemplo que no mueren.

Expreso también, una vez más, mi gratitud a nuestros Patronos, así como a las autoridades y al creciente número de personas que contribuyen a que estos Premios sean ante el mundo una gran obra de los españoles unidos.

Esta querida tierra de Asturias y el ejemplo de algunos de sus mejores hijos vuelven a confluir este año en un nombre: el del poeta, crítico y profesor Carlos Bousoño, al que se le ha concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

En él, asturiano de nacimiento, se aúnan valores que rara vez se dan juntos: es, de una parte, un poeta que a lo largo de medio siglo ha ido enriqueciendo la tradición lírica española con poemas ejemplares, y es además un científico, un teórico de la literatura, un pensador que ha tratado de llegar más allá que ningún otro de su tiempo en la iluminación de los secretos mecanismos que hacen posible el milagro del arte.

La obra poética de Carlos Bousoño supone un ahondamiento en los problemas del hombre, desde una reflexión marcadamente existencial. A los salmos puros y a las odas celestes de sus primeros libros, escritos todavía en plena adolescencia y llenos de fervor religioso, sucedió una oscura noche del sentido de la que trató de salir dejándose invadir por la realidad. El poeta nos recuerda que están contados los latidos del corazón humano, pero nos dice también que la humildad y el reconocimiento de las cosas sencillas --una flor, un jarro, una mano entregada-- salvan la vida.

En el caudal sin fondo de nuestra universal novela, señala don Quijote que "los historiadores deben ser puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, les haga torcer del camino de la verdad, cuya madre es la Historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir". Una magnífica definición ésta, para referirse a los dos grandes historiadores que han sido galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, Miquel Batllori y Joaquím Veríssimo Serrao.

El fino espíritu y la laboriosidad del pueblo catalán tienen en nuestros días una cumbre en el padre Miquel Batllori, una persona sabia y flexible. Muchos son los temas espirituales e historiográficos abordados por él, pero resulta significativo que su interés se haya dirigido, precisamente y de manera especial, hacia unas áreas y autores en los que la cultura catalana se abre a lo universal, y al abrirse se fertiliza, a todos enriquece, y a todos nos enseña.

Humanismo y afán de renacimiento brillan en los frutos que Batllori nos ha ofrecido. Las ediciones preparadas por él de autores como Arnau de Vilanova, Ramón Llull o Baltasar Gracián, nos muestran ese punto en que la cultura catalana se funde con el espíritu mediterráneo y el ser español. Las idas y venidas de esos tres autores estudiados por Batllori, por las orillas e islas del mar común, su afán de ciencia indomable, de espiritualidad mística, de agudeza, discreción e ingenio, pueden ser unas coordenadas excelentes para valorar con justicia el trabajo historiográfico y literario del autor que hoy completa sus galardones con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

El profesor Joaquím Veríssimo Serrao es un alto historiador de múltiples variantes. Es un estudioso de la Edad Media y un riguroso investigador de los tiempos modernos. Ha realizado una gran tarea para esclarecer la historia de Portugal y su proyección ultramarina, lo que le ha merecido dirigir durante muchos años los destinos de la Academia Portuguesa de la Historia. Aparte de la larga nómina de sus propias publicaciones, orientó y acogió a los mejores historiadores nacionales y extranjeros que tenían algo que decir sobre Portugal.

Pero el profesor Veríssimo también dirigió especialmente su mirada hacia España. Nadie ha hecho tanto como él por acercar a los historiadores lusitanos y españoles. Como presidente de la Academia Nacional de la Historia de Portugal,  ha volcado todo su prestigio en la profundización de las relaciones entre ella y nuestra Real Academia de la Historia. Al igual que nuestro Miguel de Unamuno, Veríssimo Serrao piensa que "es una obra de amor y de cultura hacer que Portugal y España se conozcan mutuamente. Porque conocerse es amarse".

Los filósofos, como tantas veces se ha dicho, con razón, elaboran pensamiento, la energía más sutil y necesaria de cuantas existen. Y, entre nosotros, la figura indudable de referencia para varias generaciones de españoles es la del filósofo y profesor de ética José Luis López Aranguren, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

En la vida y la obra del profesor Aranguren brillan sus aportaciones intelectuales a la vez que destaca su personalísimo talento. Ese talento, esa inteligencia activa de las cosas y las situaciones, le ha obligado durante su larga trayectoria a ocupar la fila normalmente reservada a la juventud. Su talento intelectual y su forma de vivirlo constituyen una personalísima síntesis de independencia e incorformismo. Gracias a su trabajo, energía y estilo vital, tienen las letras españolas un eslabón espiritual necesario, mayor riqueza de contenidos y un ejemplo para todos de ciudadanía bien ejercida.

La Agencia EFE, que ha sido también galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, es una de las grandes agencias internacionales de noticias y la primera de origen y habla hispanos por su volumen informativo, por su desarrollo tecnológico y por el número de sus abonados.

A lo largo de su medio siglo de existencia, EFE ha visto realizado el viejo anhelo de contar en español la historia cotidiana del mundo, para lo que dispone de redacciones propias en las principales capitales y en todos y cada uno de los países de Europa y América.

Su implantación en los cinco continentes garantiza una cobertura informativa autónoma y constituye, a la vez, un instrumento incomparable de defensa de la unidad del idioma español a ambos lados del Atlántico, compitiendo no pocas veces con éxito con los colosos internacionales de la información. Sus periodistas se han ganado un merecido prestigio al informar con veracidad, objetividad, rigor y sentido ético y por tener a la libertad y a la independencia como valores supremos de su misión. En Iberoamérica, de modo especial, se han destacado por difundir la riqueza moral y material de sus pueblos y por haber sido, cuando las circunstancias lo requirieron, solidarios con sus luchas por el estado de derecho y la democracia.

El Premio Príncipe de Asturias de los Deportes ha sido concedido a la argelina Hassiba Boulmerka. La significación del deporte es aún más alta cuando su noble ejercicio viene resaltado por los valores humanos de quienes lo practican. El reconocimiento a esta singular atleta responde muy bien al sentido central que tiene este premio, que es el de concebir el deporte como una lucha del deportista por superarse moralmente a sí mismo.

Nada doblega al ser humano cuando está decidido a seguir un camino, a cumplir, con firme vocación, una tarea. "¿Qué es la felicidad si no el simple acuerdo entre un ser y la existencia que lleva?", se preguntaba Albert Camus, un escritor que conoció muy bien el país de Hassiba Boulmerka. Dignidad y voluntad admirables las de esta atleta que es hoy un símbolo universal para las mujeres.

Para los que amamos la convivencia respetuosa y en paz, y ésta es imposible sin la presencia permanente, activa y libre de la mujer, la actitud de esta deportista, que tanta gloria ha conquistado en las pistas de atletismo, es también una referencia ejemplar por la dignidad, el valor y el equilibrio con que defiende sus convicciones. Unos principios sustentados en que la verdad no está en la separación sino en la unión, y en la idea, como pensaba Voltaire, de que "la discordia es el peor de los males que aquejan al género humano, y ese mal sólo tiene un remedio: la tolerancia".

El Premio Príncipe de Asturias de las Artes se le ha otorgado a Fernando Fernán Gómez, un hombre que tantos hombres ha sido y siempre de manera magistral, por el poder transmutador del arte. Él nos ha ayudado, delante o detrás de la cámara, a comprender mejor los años turbulentos o apacibles, pero siempre apasionantes, del último medio siglo de vida española. Nuestra experiencia estética es consustancial a la variedad de los personajes por él representados en el cine y en el teatro. Su genio y su voz han dado forma a muchas de nuestras realidades pasadas y presentes, e incluso a no pocos de nuestros sueños.

Fernando Fernán Gómez es también un grande y casi secreto escritor, un humorista de estirpe cervantina, autor de poemas, de innumerables artículos, de obras de teatro ejemplares, de unas sabias memorias, de una melancólica novela, luego película, "El viaje a ninguna parte", que no sólo constituye el mejor homenaje a la figura entrañable del cómico de los pequeños teatros, sino que es además una desolada parábola de la entera existencia humana.

Fernando Fernán Gómez es uno de los grandes maestros indiscutibles de nuestra vida cultural. Es un hombre con un vigoroso compromiso ético y, en definitiva, sólo desde un compromiso ético se puede ser maestro.

Al referirme al Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, concedido al Profesor Manuel Losada Villasante y al Instituto Nacional de Biodiversidad de Costa Rica, no puedo evitar el recuerdo dolorido del profesor Francisco Grande Covián. Desde la misma creación de este Premio, contribuyó, como jurado, con su solvencia científica y su independencia, de manera muy decisiva, al prestigio del mismo. Nunca olvidaremos su bondadosa humanidad, su servicio a la ciencia de España, y sus aportaciones a nuestra Fundación.

Manuel Losada Villasante es una gran figura de la ciencia internacional. Impulsado por su curiosidad intelectual hacia la fascinación de descubrir mecanismos básicos de la vida, concibe la ciencia como pregunta y reto, definidores de la aventura humana, como motor de la evolución social, como una suma de conocimientos imprescindibles para resolver muchos problemas del mundo de hoy, combinando la razón teórica con la práctica.

El Profesor Losada, desde una visión múltiple de la ciencia, que combina la aventura intelectual y la contemplación, el experimento y la docencia, la teoría y la praxis, aclaró los mecanismos de la fotosíntesis y de toda la bioenergética por los que obtienen las plantas su energía del sol y sobre los que se ha elevado el maravilloso edificio de la vida en la Tierra. Su obra deja una huella permanente en la senda del perfeccionamiento humano.

El Instituto de Biodiversidad de Costa Rica desarrolla una labor única en el mundo y es un formidable ejemplo del uso de la ciencia para el interés general. Creado en 1990 es, cinco años después, paradigma de lo que debe ser la actividad humana en lo que respecta a la defensa y protección de la naturaleza. Su acción se sustenta en la premisa de que es la sociedad entera la que debe cambiar su relación con el mundo natural y que sólo en la medida en que ese mundo sea conocido y respetado por ella, podrá lograrse una verdadera valoración y un uso racional de los recursos naturales.

Este instituto realiza así una labor ingente de catalogación y de análisis de la flora y la fauna de su país, así como una gran labor investigadora sobre las aportaciones que pueden hacer esos organismos, y estudia al mismo tiempo la forma de combatir la degradación medioambiental del planeta.

Todo ello representa unos objetivos y una tarea que merece todo nuestro apoyo y nuestra rendida admiración.

El Presidente Mario Soares, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, reverdece con su vida la vieja virtud romana de hombre de bien y hombre de Estado. Muy pocos han sido los que, como él, han sabido encarnar la fórmula de la verdadera grandeza que Ricardo Reis expresó en una de sus odas:

Para ser grande, sé entero. Nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna entera
brilla, porque alta vive.

La templanza frente a las actitudes extremadas o precipitadas, su admirable talante democrático, su labor en las relaciones internacionales y sus intereses intelectuales hacen de él un ejemplo de referencia en un país que sentimos entrañablemente como hermano.

Su europeísmo militante es un pilar ideológico fijo, como constante es, también, su creencia en una Unión Europea, libre y solidaria;  convencido, al mismo tiempo, que desde la identidad propia, acuñada por los siglos, la cooperación profunda hispano-portuguesa, como pueblos fraternos, se puede proyectar en acciones fructíferas hacia Iberoamérica, donde nuestras culturas se prolongan y entrelazan en una entrañable realidad.

Señor Presidente:

"Hispano soy, y nada portugués me es ajeno", escribió un poeta español con palabras que yo quiero hacer mías. La historia toda de Portugal está inequívocamente repleta de resonancias españolas de la misma manera que la de España es un eco que desde siempre repite el nombre de Portugal.

Esta misma ciudad de Oviedo, en la que las piedras seculares de sus monumentos convoca a los españoles a la memoria de su pasado histórico, constituye una inexcusable referencia a la hora de entender los comienzos comunes de nuestras respectivas nacionalidades.

De aquí, desde estas Asturias a las que Camoens cantó en "Os Lusiadas", saldría el Rey Alfonso I para, junto a gentes hispanas y lusas y sobre tierras hispanas y lusas, emprender la gran empresa de la Reconquista.

Y es precisamente desde el Oviedo universitario desde donde una de las mentes más lúcidas de su siglo, el irónico y tierno Clarín, se anticipó a pedir en uno de sus escritos periodísticos "un común entendimiento del espíritu de España y Portugal, a través de una comunión intelectual", a la que consideraba más fecunda, más urgente y más sólida que cualquier otra.

Hacemos votos para que las ideas de estos grandes intelectuales y los esfuerzos y convicciones de Vuestra Excelencia para lograr una más estrecha relación entre nuestros dos países sean una venturosa realidad.

Majestad:

Unos versículos del Sagrado Corán dicen que a quienes hacen el bien se les retribuye en la posteridad con el perpetuo recuerdo. En el Sermón de la Montaña de nuestro Libro Sagrado se proclama: "Bienaventurados los que buscan la Paz, porque ellos serán hijos de Dios".

Vuestra Majestad ha hecho mucho bien y ha buscado la paz para una de las zonas más conflictivas del mundo, que en estos momentos vive la esperanza de la concordia. Y en buena medida, ello se debe a Vuestro papel de mediador y pacificador de excepción. Así lo proclamó el año pasado mi padre, S.M. El Rey, ante el Parlamento jordano.

Así lo reconoce también el Primer Ministro Rabin, quien compartió con el Presidente Arafat el año pasado el Premio de Cooperación Internacional. En la propuesta que hizo de Vuestra candidatura a este Premio de la Concordia, el Sr. Rabin escribió estas palabras: "El Rey de Jordania ha desarrollado, con iniciativa y coraje, incluso con gran riesgo personal, un compromiso para conseguir la paz en la región, a pesar de las muchas dificultades y obstáculos".

En verdad, Señor, que cabe calificar de titánico Vuestro afán de equilibrio y Vuestro coraje pacificador.

Porque buscar la paz no sólo implica luchar por lograr acuerdos beneficiosos para el bienestar y desarrollo de su propio pueblo, acto loable donde los haya, sino el de la región en su conjunto. Ese objetivo, el de alcanzar una Paz tolerante, solidaria y productiva ha marcado la trayectoria personal de Vuestra Majestad (y de Vuestra Familia), liderando al pueblo jordano e inspirando con su ejemplo y su talante todos aquellos acontecimientos que se suceden en Oriente Medio y en todo el mundo árabe que supongan pasos importantes para la Paz y la Concordia en el mundo.

Toda esa lucha está ya fructificando y los niños de Oriente Medio pronto crecerán sin escuchar la furia de las armas. De las espadas se harán arados, como entrevió el profeta Isaías, y las energías que hasta hoy se emplean en la guerra se dedicarán a erradicar la desigualdad, el hambre, la injusticia, la pobreza y el dolor en Tierra Santa.

Acaso sólo la voz de los poetas sirva para expresar, desde lo más hondo, nuestros deseos y nuestros sentimientos para Oriente Medio y para un mundo que, en el umbral de un nuevo milenio, mira al futuro con temor y esperanza. Con la palabra llena de ternura, libre y luminosa de estos versos del peruano Manuel Scorza, hablo desde el corazón a los corazones de todos:

"Mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras los mendigos lloren de frío en la noche
mi corazón no sonreirá".

Muchas gracias.

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