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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura 1995

Viana, 09.07.1995

A

​l encontrarme por tercer año consecutivo en el corazón del viejo Reino de Navarra, el Monasterio de San Salvador de Leyre, siento la satisfacción de asistir a un acto, ya tradicional, que pretende subrayar la conexión de Navarra con sus Reyes y su propia identidad, conformadas a través de su dilatada historia y de su presente esperanzador.

Esta ceremonia se celebra a la sombra de mi lejano antecesor, don Carlos, Príncipe de Viana. Mi presencia en ella desea proclamar mi vinculación con la Comunidad Foral de Navarra. O, lo que es lo mismo, con un pueblo dinámico, plural, hospitalario y con apertura de miras al exterior, virtudes sin duda aprendidas de la vigorosa tradición jacobea.

El premio que ahora voy a entregar, el "Príncipe de Viana de la Cultura", reconoce públicamente las trayectorias personales o colectivas de personas o instituciones navarras relevantes en materia de cultura. En esta su sexta edición, ha re caído en el sabio don Julio Caro Baroja, cuya "laudatio" acaba de pronunciar el Señor Presidente del Gobierno de Navarra.

En el año 1983 tuve oportunidad de entregarle personalmente el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales y, en 1988, cuando iniciaba mis estudios de Derecho en Madrid, como complemento de mi formación universitaria recibí de él y de otros eminentes profesos, inolvidables lecciones magistrales. Por ello, me alegra de modo especial la distinción otorgada a una de las figuras más señeras de la España del siglo XX. En estos momentos gozosos para todos, sólo lamento que el delicado estado de salud de don Julio le impida estar hoy presente entre nosotros y hago votos por su pronto restablecimiento.

Julio Caro Baraja ha demostrado a lo largo de su vida una desbordante capacidad de trabajo un admirable rigor científico, una envidiable independencia de ideas y un agudo sentido de la realidad histórica y cultural desde la prehistoria hasta la actualidad. Su trayectoria es la de un pionero y maestro en todo, porque, a la manera del humanista renacentista, nada de lo hispánico le ha sido ajeno.

Por otra parte, encarna casi arquetípicamente la figura del intelectual del siglo XX con sus insobornables principios de coherencia, independencia y libertad. Don Julio Caro Baroja se ha convertido en una de las escasas voces existentes de la conciencia libre.

Al honrar de nuevo, esta vez con el Premio "Príncipe de Viana", a este maestro de categoría internacionalmente reconocida, el pueblo navarro demuestra conservarse "joven, robusto y animoso", pese a haber experimentado a lo largo de su historia, según don Julio, "muchas zozobras y tristezas". En la consulta de su vastísima obra, todos, y muy en particular los navarros, podremos encontrar un caudal inagotable de sabiduría y de lecciones de vida impartidas por este autodenominado "espectador fatigado".

Muchas gracias.

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