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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la cena ofrecida por el Presidente de México

México, 12.06.1995

E

​n primer término, deseo hacerle llegar el más afectuoso saludo de Sus Majestades los Reyes que tan gratos recuerdos conservan de Sus visitas a este país y que espera tener la fortuna de poderle recibir pronto en España.

Quiero agradecerle, Señor Presidente, muy sinceramente sus cariñosas palabras y expresarle Mi satisfacción por la cordialidad que ha presidido todos los contactos que he tenido durante el día de hoy con miembros de su Gobierno y representantes de los Poderes Legislativo y Judicial.

Ello unido a la honrosa deferencia de ser nombrado huésped distinguido de la Ciudad de México me está permitiendo hacerme una idea cabal y propia de la generosidad y de la grandeza de este gran pueblo mexicano de la que tanto me han hablado Mis Padres, los Reyes, y que me da otra ocasión más para comprender, mejor a tantos compatriotas que han encontrado aquí la acogida que su propia tierra por una u otra razón les negaba.

Tengo la convicción de que esa hermandad profunda y sincera que existe entre nuestros pueblos y de la que en ésta Mi primera visita oficial a México estoy siendo testigo de excepción, no sólo es uno de los principales activos con que contamos en el ámbito de nuestras relaciones sino sobre todo un compromiso, y así lo  siento Sr. Presidente, de solidaridad, respeto y apoyo recíproco.

Sobre ese telón de fondo de lo mucho que nos une hemos sabido construir aceleradamente durante los últimos años un entramado de relaciones que nos hace socios importantes e irremplazables el uno para el otro.

Quisiera destacar la calidad de nuestras relaciones en todos los ámbitos, la importancia de los proyectos que compartimos y la coincidencia en la forma de ver la contribución que juntos podemos prestar a las más nobles causas de nuestro tiempo.

Es muy estimulante; Señor Presidente, leer en el Plan Nacional de Desarrollo que acaba de enviar al Legislativo una valoración de nuestras relaciones que compartimos y que encierra todavía un potencial que estamos decididos a seguir desarrollando.

Las cosas de México se siguen, o mejor se sienten, en España como propias. Siempre con interés, a veces con pasión. Y quiero cumplir el grato encargo de españoles en la capacidad de México para superar los problemas que actualmente se ve obligado a enfrentar. Una capacidad y un esfuerzo encomiables que ya están dando frutos y que merecen la admiración y el respeto de quienes deseamos lo mejor para este País.

Observamos con admiración la firmeza en el objetivo de avanzar hacia un México más fuerte, más justo, más democrático y más próspero.

Cuente, Señor Presidente, con la solidaridad y el apoyo de España en la consecución de esos nobles objetivos.

Quisiera terminar invitando a todos a brindar, Sr. Presidente, por su ventura personal y por la de la Señora de Zedillo así como por la prosperidad de nuestros dos pueblos.

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