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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto conmemorativo del 50 aniversario del Real Instituto de Estudios Asturianos

Asturias, 22.01.1995

E

​s para mí una satisfacción estar hoy en el Real Instituto de Estudios Asturianos para clausurar los actos conmemorativos del 50 aniversario de su creación. Esta entidad, que presido honoríficamente desde l992, constituye una de las principales instituciones del patrimonio cultural del Principado y aporta, con su  actividad, un permanente impulso de renovación y de búsqueda de nuevos caminos que afiancen y proyecten los mas profundos valores del asturianismo.

El Real Instituto de Estudios Asturianos, en este su primer medio siglo de vida, ha conseguido convertirse en una de las entidades más representativas de la memoria y la conciencia cultural de Asturias. Nada que tenga que ver con el Principado le ha sido ajeno desde aquel l945, ya lejano, en que celebró sus primeros actos bajo la advocación de Feijoo y de Jovellanos. Difícilmente pudo tener mejor patrocinio, pues para estas dos figuras eminentes del pensamiento, la cultura era un saber imprescindible y enriquecedor que debía verterse sobre todos los hombres.

Este hermoso palacio del conde de Toreno, por su belleza y equilibrio, constituye un fiel reflejo de lo que el Real Instituto siempre ha aspirado a ser para la cultura asturiana. En esos valores se ha inspirado para acometer, desde su creación, el estudio de todas las materias y géneros que incumben a esta tierra: la literatura, la historia, el folklore, la música, la economía, la sociología, la mineralogía y la lengua. Temas que han sido objeto de exposiciones, conciertos, decenas de libros y centenares de estudios publicados en su Boletín. Toda esa labor editorial constituye una obra digna de admiración y respeto.

Sé que habéis desarrollado vuestro trabajo con rigor y austeridad, con nobleza y altura de miras. Ello representa un admirable ejemplo para todos los asturianos de lo mucho que se puede hacer desde el amor a la tierra  y la ilusión. Estoy seguro de que la mezcla de entusiasmo y sabiduría, de imaginación y experiencia, de prudencia y audacia, que este Real Instituto atesora es una fórmula que se revela indestructible para hacer grandes a los países, porque contagia a sus ciudadanos la pasión de crear, la energía para luchar, en fin, las ganas de vivir.

Yo os animo a que sigáis trabajando con la misma pasión que lo habéis hecho en vuestros primeros 50 años, y con el mismo sacrificio y recto proceder sin los cuáles no hay verdadero bien. Así contribuiréis a mantener viva la llama de la cultura tradicional asturiana, para entregar esa hermosa antorcha a las generaciones venideras y para seguir reforzando y enriqueciendo el Patrimonio cultural de España.

Muchas gracias.

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