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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias ante la municipalidad de Santiago de Chile

Santiago de Chile, 05.10.1992

L

​lego hoya esta ilustre Municipalidad agradecido y emocionado.

Agradecido porque Usted, Señor Alcalde, en representación de todos los habitantes de Santiago, se ha dignado nombrarme Visitante Ilustre de esta hermosa ciudad.

Emocionado, porque esta estancia mía en su país y en su capital me da la oportunidad de realizar un viejo sueño: asomarme a la realidad y a las bellezas de una nación americana que es la más remota en la geografía, pero que está cerca del corazón de todos los españoles.

Señor Alcalde:

Mis padres, los Reyes, desde los comienzos de su reinado, entendieron que había que conocer esa parte fundamental de nuestra identidad que es América. Movidos por esa convicción, han ido visitando prácticamente todos los países de este Continente y aquí en Chile estuvieron en una estancia, que recuerdan con gran cariño, hace justamente dos años.

Pero también nos han inculcado a sus hijos la necesidad de seguir su ejemplo de visitar nosotros las patrias hermanas del Continente Iberoamericano. Sabemos que en los hombres y mujeres de América tenemos a nuestros más próximos semejantes porque compartimos con ellos una lengua, una cultura, en definitiva una misma manera de entender el mundo.

Sabemos también que en las ciudades de este lado del Océano, en sus plazas, en sus iglesias y en sus monumentos, está escrita una historia compartida como lo atestiguan los retratos del Fundador, D. Pedro de Valdivia y el del gran Alcalde que fue D. Benjamín Vicuña Mackenna, que hoy nos acompañan.

Por el hecho de ser españoles, debemos sentir la obligación histórico y moral de conocer América Latina. Su inmensidad geográfica, su vasta diversidad y su fundamental aportación a nuestra rica identidad nacional, suponen que ignorarla es desconocernos a nosotros mismos, es omitir la lectura de una parte fundamental de nuestra Historia, es en fin, no tener conciencia cabal de lo que realmente somos.

Acaba Usted de conferirme, Señor Alcalde, el nombramiento de "Visita Ilustre". Este nombramiento compromete de lleno mi gratitud, porque va a facilitarme extraordinariamente la tarea de ver y conocer a la que quiero dedicarme aquí.

Deseo descubrí los secretos de una transición ejemplar que camina hacia las más plenas formas de democracia. Tengo ilusión por conocer más de cerca a sus gentes para establecer con ellas una abierta y sincera amistad.

La llave que me ha entregado no me abrirá las puertas de la ciudad, porque, a diferencia de las ciudades europeas de la Edad Media, el Santiago de hoy no necesita puertas ni murallas tras las que recluirse. Pero me brindará, estoy seguro, la oportunidad de acercarme más al pueblo chileno.

Señor Alcalde. Gracias a su gesto de declararme Visita Ilustre, volveré a España, dentro de unos días, más rico en saberes y experiencias que a mi llegada: enriquecido con el conocimiento de un pueblo, de una ciudad y de un país admirables.

Al mismo tiempo habré reanudado, con ilusión y con orgullo, el sentimiento que me honro en compartir con mis padres, de amor a Chile y de amor a Santiago.

Muchas gracias.

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