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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la conferencia inaugural del Club de Roma “un mundo en cambio”

República Oriental de Uruguay, 18.11.1991

M

​i deseo de conocer mejor este gran país que es la República Oriental del Uruguay me da la oportunidad de seguir muy de cerca los trabajos del Club de Roma que hoy inaugura Su Conferencia Anual sobre el significativo y apropiado tema de "Un Mundo en Cambio" y con particular referencia a la América Latina.

Confieso que mis conocimientos acerca de esta institución y mi consiguiente atracción hacia los temas que en ella se tratan se han visto reforzados, en buena medida, por la eficaz labor divulgadora desarrollada por vuestro actual Presidente, Ricardo Díez Hochleitner.

Aprovechando su amable invitación y tras la lectura atenta del último informe del Consejo "La primera Revolución Global" por Alexander King y Bertrand Schneider, he querido seguir de cerca los estudios y debates de esta eminente institución que de una forma rigurosa reflexiona con alcance universal y a largo plazo, en beneficio de las generaciones futuras en defensa del patrimonio cultural y natural de todos los hombres sin tener en cuenta fronteras ideológicas y geopolíticas.

Iniciativas como las que vienen discutiendo y propugnando deben difundirse por el mundo. En este sentido es vital vuestra labor de consejo "desinteresado” a gobiernos, organismos internacionales y a otros centros de poder y de influencia. De este modo, como se esboza en el informe del Consejo, aquellas iniciativas pasarán a formar parte de la conciencia popular y de los programas concretos de los gobiernos, dejando de ser reflexiones que, aunque acertadas, rigurosas, necesarias, pudieran parecer un puro ejercicio intelectual. El paso a la acción, que a todas luces resulta necesario, sólo vendrá por esa vía. Por ello cualquier ayuda que se preste a vuestro esfuerzo de sensibilización colectiva debe ser apoyada.

Pueden tener la seguridad de que tendrán en mi un decidido valedor de estas inquietudes y muy especialmente entre mi generación.

El Mundo, que durante siglos se ha visto dividido y enfrentado, comienza a ser distinto y permite hacer realidad las mejores esperanzas, pese a tanto sufrimiento y depredación por culpa de los egoísmos de muchos. Es gratificante comprobar como lo mejor del espíritu de las mujeres y de los hombres de esta paciente humanidad ha ido fructificando en forma de extraordinarios logros culturales, científicos y materiales, hasta alcanzar cada vez mayores cotas de libertad, justicia y bienestar, que creemos aún insuficientes y sobre todo mal repartidas.

Creo que es importante hacer irreversible lo más válido de esos logros; asegurar un progreso creciente y sostenible; aprender a vivir en armonía entre los hombres y la biosfera; y convivir todos en paz y en democracia realmente participativa.

Para hacer realidad estas nobles aspiraciones es urgente e imprescindible colaborar al eficaz funcionamiento de la cada vez más estrecha cooperación entre todos los pueblos, empezando por la integración en comunidades, que no bloques, para mejorar y armonizar la diversidad complementaria de los pueblos de nuestro planeta.

La Comunidad Iberoamericana, de la que MERCOSUR es una realidad previa de tan gran significación y de tan excelentes posibilidades concretas, representa una gran oportunidad para la Comunidad Internacional ante la apremiante necesidad de una cada vez mayor cooperación entre todos.

Esta oportuna iniciativa nace al cumplirse los 500 años de ese fausto y fecundo acontecimiento de la comunicación entre las culturas de dos mundos, hasta entonces aislados entre sí.

Las Américas y España, junto a la Europa de hoy son, cara al mañana, una América y una Europa muy distintas, no sólo de las de los tiempos del encuentro mutuo sino también de las de hace pocas décadas. Estoy convencido que todos, Americanos y Europeos, tenemos que sentirnos ya insertos e inseparables en un mundo sin predominios ni prepotencias culturales ni económicas, en una civilización universal nacida de lo mejor de la historia de los pueblos de todos los continentes de la tierra.

América Latina está reencontrando ahora, afortunadamente, su pulso económico después de una década critica, rica sin embargo en aportaciones culturales y cambios políticos, para extender de nuevo entre todos sus países lo mejor de su tradición democrática.

América Latina, pieza esencial de la Comunidad Iberoamericana prometida, será por lo tanto siempre vanguardia mientras conserve plenamente en sus manos su propio destino, generosamente abierto a la cooperación con todas las demás regiones del mundo.

Este mundo que nos ha tocado vivir es un mundo ciertamente muy complejo y cargado de incertidumbres. Sin embargo, también, sin duda, un mundo maravillo que merece ser vivido haciéndolo cada vez más grato y viable. Todos y cada uno de nosotros creo tiene el deber de aportar, por lo tanto, el optimismo de vivir con alegría, desde la libertad y desde la responsabilidad, así como desde el ejercicio de valores éticos y morales, atributos que debieran formar siempre parte del talante de la juventud de nuestros días.

Por todo ello y porque comparto vuestras bien fundadas preocupaciones así como vuestras mejores esperanzas, es por lo que quiero formular hoy un deseo para el siglo XXI, desde esta atalaya de la cultura iberoamericana que es Montevideo, fuente de liderazgo a la vez joven y maduro.

Que la década de los 90 de este milenio que va a concluir, como ha dicho el Señor Díez Hochleitner, engendre, gracias al esfuerzo sincero de ,todos los hombres y mujeres de buena voluntad, un nuevo siglo marcado por el espíritu de la cooperación en paz y progreso. Estoy seguro que el trabajo de todos ustedes; en esta Conferencia, ha de contribuir a que se cumpla este empeño de todos nosotros.

Muchas gracias.

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