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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias ante el Comite Olimpico Argentino

Argentina, 12.09.1991

M

​e es especialmente grato, en este mi primer viaje oficial a la República Argentina, reunirme con el Presidente y los Miembros del Comité Olímpico Argentino.

El próximo día 10 de julio la antorcha olímpica llegará a Madrid y recorrerá toda España camino del Estadio Olímpico de Montjuich para inaugurar los juegos olímpicos de Barcelona. Estamos, pues, en la recta final del comienzo de la Olimpiada y para llegar victoriosos, lo primero es caminar con fe.

El deporte es un estímulo para todos; nos ofrece una ilusión y una forma de vivir. Es un reto para superarse y alcanzar nuevas metas. Las Olimpiadas son una ocasión para reunir a la juventud de todo el mundo, sin hacer distinciones políticas, ni de raza.

"Citior, altior, fortior", lo más lejano, lo más alto, lo más fuerte. El ser humano se ha sentido siempre atraído por esta antigua divisa que constituye el fundamento de los juegos.

En el nuevo marco de las relaciones que están naciendo en la realidad internacional, posiblemente estos juegos ofrezcan la ocasión de profundizar en la unidad y solidaridad.

La tradicional cortesía catalana hará que estos juegos sean los de la fraternidad. Se van a respirar los primeros aires de una reconciliación histórica, con la presencia de países, que por una u otra razón no pudieron asistir a olimpiadas anteriores. En Barcelona se harán amigos para siempre, será el punto de encuentro del mundo en una situación de paz y democracia.

El 25 de julio de 1992 el Rey de España declarará inaugurados los juegos Olímpicos y desde ese día hasta el 9 de agosto, la capital catalana será el escenario de un acontecimiento que puede pasar a la historia como las olimpiadas de la reconciliación.

La república Argentina se ha caracterizado siempre por su gran afición al deporte y por la pujanza de sus diversas manifestaciones deportivas. En muchas de las pruebas y especialidades han destacado y destacan hombres y mujeres de este país. Estos atletas son un ejemplo de disciplina individual, de juego limpio, de respeto por el adversario y de constancia en el esfuerzo. Todas ellas son virtudes sobre la que se basa la convivencia y que, en definitiva, Señores Miembros del Comité Olímpico Argentino, hacen posible el diálogo entre las naciones, los pueblos, las razas y los continentes.

Muchas gracias.

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