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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de Despachos a la 69º promoción de la Carrera Diplomática

29.01.2018

E​ste día en el que nos reunimos para entregar sus Despachos a los nuevos Secretarios de Embajada, es, ante todo, un día para la celebración. En primer lugar para ellos para vosotros que vivís la alegría y alivio tras un largo camino, sin duda plagado de esfuerzos, al ver finalmente recompensados vuestra constancia y sacrificio.

Por tanto, ante todo, mi sincera felicitación para los 19 integrantes de la 69º promoción de la Carrera Diplomática. Permitidme la expresión de “Bienvenidos al Estado”, a vuestro merecido puesto al servicio de España, de nuestra acción exterior y de nuestros intereses en los más diversos lugares y ámbitos.

Pero esa alegría la comparten todos los que hoy os acompañan en este acto. Vuestros padres, familiares y seres queridos; los compañeros de la Carrera Diplomática que os precedieron en estas aulas y que os reciben con los brazos abiertos; y todos los profesores y el personal de esta Escuela que, naturalmente, hacen suya vuestra satisfacción y se sienten reivindicados en su labor. Estoy seguro de que recordaréis este día con cariño y, seguramente con el tiempo, también con un poco de nostalgia.

La de hoy es, por lo tanto, una ocasión para el reconocimiento, la gratitud y, cómo no, para el compromiso y la responsabilidad.

Mi reconocimiento en primer lugar, a los protagonistas de este acto. Habéis cumplido vuestro sueño, con trabajo duro y venciendo esos momentos de desánimo en los que quizás pensasteis incluso que no lograríais coronar la cumbre de la oposición. Sentís, seguro, una satisfacción especialmente merecida e intensa.

Quiero manifestaros también mi gratitud por haber escogido consagrar vuestro talento y vuestro futuro a la noble tarea de servir a España a través de la Carrera Diplomática. En el camino que hoy iniciáis al servicio del Estado tendréis que superar muchos obstáculos. Pero debéis saber que, con vuestra preparación, vais bien equipados para afrontarlos con éxito. Al final de vuestra carrera, estoy seguro de que todos concluiréis que la elección fue acertada y que vuestro empeño valió la pena.

Saludo y expreso mi reconocimiento igualmente a vuestros familiares, especialmente a vuestros padres que asisten emocionados y orgullosos a esta ceremonia en la que ven recompensados muchos de sus desvelos. En muchos casos también de sus sacrificios y renuncias. Vosotros sabéis mejor que nadie cuánto les debéis y en qué medida su ayuda ha hecho posible que estéis hoy aquí.

Es justo asimismo reconocer la difícil labor de los miembros del Tribunal que guiados por los criterios de mérito y capacidad, tal como prescribe nuestra Constitución, supieron elegir de entre un gran número de candidatos a los más preparados para la difícil tarea de representar y defender, en un escenario internacional cada vez más complicado y cambiante, los intereses de España.

También agradecemos a la Dirección, a los profesores y a todo el personal de esta Escuela Diplomática ─que celebra este año su 75 aniversario─, su importante labor a la hora de completar la formación de quienes, tras superar las oposiciones, pasáis por sus aulas antes de incorporaros a vuestros primeros destinos en el Ministerio.

Confío en que la Carrera que ahora iniciáis sea fructífera, tanto en satisfacciones y experiencias personales como en éxitos profesionales, pues los que logréis lo serán en beneficio de España y de los españoles. En vuestra misión sabed, que aunque lejos, nunca estaréis solos. En esos momentos confío en que sintáis siempre cercano el reconocimiento y el apoyo de toda la Nación. En la importante labor que os aguarda siempre me tendréis a vuestro lado

Entráis hoy a formar parte de una Carrera Diplomática que, demostrando un gran sentido del Estado y un encomiable espíritu de servicio, ha contribuido de forma decisiva a garantizar para España el relevante papel que merece y que ocupa en la Comunidad Internacional. De su buen hacer y profesionalidad he sido testigo a lo largo de muchos años.

En esta aula os acompañan veteranos embajadores que ya concluyeron largas y exitosas carrera, y quienes, asumiendo hoy los puestos de responsabilidad en nuestro servicio exterior, serán vuestros primeros jefes que os guiarán y que velarán por que vuestros primeros pasos como diplomáticos sean la base de una carrera sólida y fructífera. Ahora os compete a vosotros consolidar, y en lo posible acrecentar, el brillante historial de servicio a España alcanzado por cuantos os han precedido.

Sin duda, la jornada de hoy marcará ya un hito importante en la biografía de cada uno de vosotros. Esta ceremonia simboliza de alguna manera el final de una importante etapa en la que habéis adquirido amplios conocimientos, desarrollado vuestras capacidades y tomado la medida de vuestro talento. A la responsabilidad de lograr el máximo provecho a tantas horas de estudio y preparación ha de suceder ahora la de hacer el mejor uso posible, en beneficio de vuestros conciudadanos, de todo el conocimiento y la capacidad que habéis acumulado.

También la responsabilidad de mantener y aumentar ese capital. Para ello os animo a perseverar en vuestra formación, quizás regresando a lo largo de vuestra carrera a estas aulas, para actualizar vuestros conocimientos y habilidades. En un mundo de cambio acelerado como el que nos ha correspondido vivir ninguna formación puede darse por concluida.

Ahora iniciáis una nueva y apasionante etapa. La vida del servidor público, pronto lo vais a comprobar, no es ajena a sinsabores y renuncias. En vuestro caso, cuando desempeñéis vuestro trabajo lejos de España y a menudo en entornos difíciles, a las dificultades que siempre entraña el dedicarse al servicio del Estado habréis de añadir la soledad, la lejanía y las servidumbres y sacrificios que vuestras familias también tendrán que compartir.

En compensación tendréis el privilegio de representar a España y de poder defender, amparar y socorrer a vuestros compatriotas en los escenarios lejanos en los que desarrollaréis vuestras funciones. Pocas misiones pueden ser más honrosas y gratificantes. Y sin buscar más premio que la satisfacción del deber cumplido.

Haced honor al compromiso profesional y vital que habéis asumido. Sed siempre leales a vuestro país en vuestro quehacer diario, a las órdenes del Gobierno que democráticamente esté llamado en cada momento a dirigir la política exterior, con sentido del Estado y siempre con la máxima diligencia y profesionalidad.

Sois muy conscientes de la responsabilidad que comporta ser representantes de la Nación y de la obligación que tenéis a partir de ahora de defender los intereses de España y de proyectar su mejor imagen. Una imagen cuyos contornos han de quedar definidos por la defensa de los principios y valores a los que como sociedad aspiramos y que, como servidores públicos en cumplimiento del mandato constitucional, estamos siempre llamados a defender y promover.

Confío en que la Carrera que ahora iniciáis sea fructífera, tanto en satisfacciones y experiencias personales como en éxitos profesionales, pues los que logréis lo serán en beneficio de España y de los españoles. En vuestra misión sabed, que aunque lejos, nunca estaréis solos. En esos momentos confío en que sintáis siempre cercano el reconocimiento y el apoyo de toda la Nación. En la importante labor que os aguarda siempre me tendréis a vuestro lado.

Os reitero mi más sincera felicitación.

Muchas gracias.

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