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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de clausura del proyecto de la Fundación Telefónica "El valor económico del español"

13.02.2017

Hoy celebramos la culminación de una gran empresa, de una obra oportuna y necesaria. Los más de diez años del proyecto “El valor económico del español”, impulsado por la Fundación Telefónica, constituyen un ejemplo de coherencia y trabajo al servicio de una causa noble y de gran interés para el mundo hispánico. Porque tan importante, o más, que la colección de publicaciones en que se ha materializado este esfuerzo, es el mensaje que durante esta década se ha conseguido instalar: que nuestra lengua constituye un inmenso tesoro cultural, pero también una extraordinaria fuente de riqueza económica…, real, tangible…, presente y futura.

Además, es una lengua que compartimos con más de 500 millones de personas que formamos parte de ese 8% de la población mundial que representa la comunidad hispanohablante; y junto a todos ellos, aunque con visión amplia y vocación de permanente dialogo con las demás lenguas, acabamos de conmemorar el año pasado el IV Centenario de la Muerte de Miguel de Cervantes, nuestro gran genio universal, que simboliza mejor que nadie la vitalidad del español.

Por ello, si bien siempre es buen momento para reflexionar y poner de relieve lo que significa compartir esta lengua, este tesoro universal, con tantos países y culturas, tantas familias y personas en el mundo −con sus vidas, emociones, obras, creaciones…y actividad económica de todo tipo−, pues quizás este lo sea de manera especial.

Son muchos los lazos históricos y culturales que nos unen a las naciones de Iberoamérica, aunque seguramente el vínculo más intenso es el que nos liga a través de nuestra lengua común con los hispanoamericanos; aunque mucho podríamos hablar también de la gran proximidad idiomática y emocional que nos vincula al mundo luso parlante, pero no entraré en ello ahora.

Al mismo tiempo, sí debemos subrayar que el alcance del español supera incluso las extraordinarias dimensiones del espacio estrictamente hispanohablante. De hecho, en la actualidad son 567 millones las personas que lo hablan en todo el mundo; y las previsiones para 2050 anticipan una cifra superior a los 750 millones.

El español goza de una muy buena salud, y ha llegado al siglo XXI fortalecido. Esto es así porque ha superado con éxito tres grandes desafíos: sobrevivir al paso del tiempo, rebasar las limitaciones geográficas, y mantener su unidad dentro de la diversidad.

El primer aspecto es evidente. Con el paso de los siglos, el español no ha hecho sino aumentar progresivamente el número de sus hablantes, y reforzar su condición internacional.

nuestra lengua constituye un inmenso tesoro cultural, pero también una extraordinaria fuente de riqueza económica…, real, tangible…, presente y futura

El amplio posicionamiento geográfico de nuestra lengua tampoco ofrece lugar a dudas. A la tradicional presencia del español a ambos lados del Atlántico como lengua propia del área hispanoamericana, se suma su penetración en otras regiones del continente, como Estados Unidos y Brasil; y también de Europa, en donde poco a poco va adquiriendo la categoría de segunda lengua de enseñanza tras el inglés.

En este campo hay que reconocer el esfuerzo realizado por implantar con éxito un programa de normativización a escala panhispánica, con una ortografía, una gramática y un diccionario comunes. Unas medidas que han apuntalado sólidamente la condición internacional del español, su capacidad de expansión y, en consecuencia, su proyección y vocación universal.

El alto grado de cohesión interna de nuestra lengua tiene mucho que ver con este esfuerzo porque, a diferencia de lo que ocurrió con el latín ─que se escindió en diferentes lenguas─ el español se caracteriza por su notable unidad. Unidad dentro de una diversidad que se ve favorecida por la participación de los distintos países hispanohablantes en la conformación de las normas que afectan a nuestro idioma común.

Pero, como se ha defendido en el proyecto que nos ha convocado hoy, las lenguas, más allá de su valor cultural, tienen una dimensión económica fundamental. Una importancia que depende de una serie de factores, como son la cantidad de hablantes, la extensión geográfica en la que se comunican, o el número de países en los que tienen rango de oficial. De esta forma, el idioma se convierte en un activo tan estratégico para la economía de un país como pueden ser los recursos naturales, la articulación de un tejido empresarial competitivo o la capacidad de innovación de los distintos agentes.

La lengua es el material de un sin-número de bienes y servicios en los que toma forma la creatividad de una sociedad, que es el recurso básico de las industrias culturales. Una materia prima dotada de una virtud indudable: cuanto más se usa y comparte, más crece en cantidad y más aumenta su valor económico.

Estamos inmersos en una gran revolución digital. Gracias a las nuevas Tecnologías de la Información y el Conocimiento, las personas se comunican como nunca antes en la Historia; y, naturalmente, el vehículo fundamental de esa comunicación es la lengua. En este mismo momento, millones de personas en todo el mundo están compartiendo o enviando mensajes de todo tipo: de carácter personal, profesionales, con contenido comercial... Un porcentaje muy importante de estos mensajes se realiza español. Así pues, nuestro idioma constituye una seña de identidad colectiva ─el exponente de los vínculos intangibles y simbólicos de una comunidad─, pero también, sin duda, una fuente de riqueza material de primer orden.

De demostrarlo se ha encargado un equipo de grandes profesionales que han trabajado de manera continuada durante más de diez años. Gracias a su dedicación poseemos datos que demuestran no solo el valor económico actual del español, sino, especialmente, su extraordinario potencial como motor para el crecimiento de las economías del espacio económico hispanoparlante, y como palanca para el impulso del desarrollo y el bienestar de nuestras sociedades futuras.

Por todo ello, quiero terminar estas palabras agradeciendo con la Reina el excelente trabajo desarrollado. Enhorabuena a todos los que habéis o han participado y contribuido en cualquier medida para producir esta importante obra que debe hacernos sentir aún más orgullosos de nuestra lengua y responsables de cuidarla y seguir dándole valor en todos los ámbitos posibles y pensables.

Y gracias también a Telefónica, a su Fundación. Felicidades por vuestro compromiso decidido y permanente con tantas cosas de interés y necesarias, pero hoy concretamente por contribuir a la defensa y promoción de nuestra lengua.

Muchas gracias.

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