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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio de Literatura en Lengua Castellana "Miguel de Cervantes" a Sr. Fernando del Paso

Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares (Madrid), 23.04.2016

Doña Socorro, permítame la licencia, pero una parte importante de este premio se lo lleva usted.

Señoras y señores,

Un año más repetimos esta cita ineludible con la entrega del Premio Cervantes en el Día del Libro, fiesta que se celebra en nuestro país desde hace más de 80 años y que, desde 1995, la UNESCO estableció como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor a propuesta del Gobierno español y de la Unión Internacional de Editores.

Coinciden en este año efemérides muy importantes. Sobresale junto a la de Cervantes, en la cúspide del canon literario occidental, el IV Centenario de la muerte de William Shakespeare. Pero hay otras efemérides que nos resultan sentimentalmente más vivas porque son nuestras:

El pasado mes de febrero se cumplieron cien años del fallecimiento de Rubén Darío, el gran patriarca de la modernidad poética hispánica; y hoy se cumplen también cuatrocientos años de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega, el primero en reivindicar su condición de indio y español, y el primer escritor de su tiempo en hacer de la lengua de Castilla una lengua de razas y culturas diferentes. Asimismo, en esta enumeración recordamos a Ramon Llull, uno de los grandes creadores del catalán literario, en cuyo año centenario también nos encontramos. Y a Camilo José Cela, Premio Nobel, nacido hace 100 años y al que tuve el honor de conocer, como muchos aquí.

Pero este 23 de abril es para nosotros muy especial, conmemoramos los 400 años del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, aunque en realidad deberíamos decir que celebramos los más de cuatro siglos de vida de la inmortal obra cervantina; una obra que sigue siendo fuente de inspiración de muchos autores y a la que continúan acercándose lectores de todos los lugares y de todas las edades.

El ganador de la presente edición, Fernando del Paso, al igual que otros cinco Premios Cervantes anteriores, procede de ese gran país, amigo y hermano, de sangre y de cultura, que es México. México es la nación con mayor número de hispanohablantes, es el país que acogió a tantos escritores en momentos de dificultades, de exilio, entre ellos varios autores ─americanos y españoles─ que también recibieron el Premio Cervantes, como María Zambrano, Álvaro Mutis o Juan Gelman.

En el ámbito idiomático y del mundo editorial son muchas las cosas que nos unen a mexicanos y a españoles y, en general, a los hispanohablantes de ambos lados del Atlántico:

En primer lugar, naturalmente, la propia lengua común y compartida, el español; y en segundo lugar, las relaciones editoriales, los libros editados allá que leímos acá durante los años de ese exilio y posteriores; y los libros que en las últimas décadas los editores españoles han llevado a los lectores mexicanos y de otros países de lengua española. Compartimos autores que admiramos, así como la inquietud por el fomento de la lectura; y trabajamos juntos para que nuestro idioma sea cada vez más rico y reconocido en todo el mundo.

Al celebrar también en esta fecha la fiesta de nuestra lengua, debemos recordar que una de las causas de su riqueza es su capacidad de continua transformación, en un mestizaje permanente en el que cada país del mundo en que se habla es un afluente que rejuvenece y ensancha a cada tramo el inmenso caudal del español.

este 23 de abril es para nosotros muy especial, conmemoramos los 400 años del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, aunque en realidad deberíamos decir que celebramos los más de cuatro siglos de vida de la inmortal obra cervantina; una obra que sigue siendo fuente de inspiración de muchos autores y a la que continúan acercándose lectores de todos los lugares y de todas las edades

Se trata de una riqueza y una vitalidad que han quedado patentes, asimismo, en los Congresos Internacionales de la Lengua Española, desde su primera edición en 1997 ─precisamente en la ciudad mexicana de Zacatecas─, hasta el que acabamos de celebrar en San Juan de Puerto Rico bajo el lema “Lengua española y creatividad”. Un idioma, pues, que se enorgullece de su vitalidad porque es la lengua de más de 500 millones de personas en países hermanos de todos los continentes.

No es casual, por tanto, recordar esta condición privilegiada de nuestro idioma cuando celebramos el acto de entrega del Premio Miguel de Cervantes 2015. Un galardón que recae en la persona de Fernando del Paso, según dictaminó el jurado compuesto por representantes de las Academias de la Lengua y otras personalidades del mundo cultural y literario.

Nuestro autor, además de haber declarado su amor por nuestro idioma compartido, lo ha honrado de la mejor manera haciendo que brille en sus libros con la pericia de un orfebre capaz de sacar el mejor partido a los metales preciosos. En pocos literatos se demuestra como en Fernando del Paso la conciencia de vivir en el idioma, en el español, una herramienta de trabajo que él siempre ha agradecido haber recibido para expresarse como creador.

Fernando del Paso, como Cervantes, ha cultivado varios géneros literarios: la novela, con libros como José Trigo, Palinuro de México o Noticias del Imperio; el ensayo, con títulos como Bajo la sombra de la Historia: ensayos sobre el Islam y el judaísmo; los artículos de opinión; la poesía, con creaciones como Sonetos de lo diario, o PoeMar; y el teatro, con piezas como La muerte se va a Granada, así como otras diversas formas de literatura para niños, como Paleta de diez colores.

Sus novelas principales presentan cada cual unas características y una voluntad diferenciadas, pero están emparentadas unas con otras por su artesanía lingüística, por un uso del lenguaje en el que se aúnan el respeto por la tradición y la audacia innovadora.

Su obra literaria es, desde luego, un conjunto cuidado como pocos en el que cada libro responde a una necesidad y a una intención concreta, con la auto-exigencia de no añadir nada superfluo y sin plena convicción; una obra entregada a un trabajo minucioso con la paciencia y la meticulosidad de los artistas verdaderos. Fernando del Paso es un creador poliédrico no solo en el campo de la literatura, pues sus inquietudes creativas se extienden también a las artes plásticas e incluso a la publicidad. Ciertamente, en su obra admiramos distintas formas de expresión unidas por la necesidad de comunicar.

Se trata, sin duda, de inquietudes creativas, pero también de inquietudes vitales que le han llevado a vivir en otros lugares ─en los Estados Unidos, en Londres o en París─ sin que las largas ausencias de su tierra natal le hayan hecho perder las hondas raíces mexicanas que presiden sus historias y el lenguaje de sus libros; es más, se podría decir que las han afianzado.

En este camino de su vida, Fernando del Paso ha sido reconocido con diversas distinciones, tanto a sus principales obras, como al conjunto de su trayectoria. En 1966 recibió por su primera gran novela, José Trigo, el Premio Xavier Villaurrutia. Palinuro de México, entonces inédita, fue primero reconocida con el Premio Internacional de Novela México en 1975 y,  luego,  con  el Premio Internacional Rómulo Gallegos en Venezuela en 1982, el Premio Casa de las Américas de Cuba en 1985, y como mejor Novela Extranjera en Francia al año siguiente.

Por su parte, Noticias del Imperio obtuvo el Premio Mazatlán de la Universidad de Sinaloa. Y a partir de 1991 se fueron sucediendo los grandes galardones a toda su obra: el Nacional de Ciencias y Artes del Gobierno de México, el Premio FIL de Literatura, el Alfonso Reyes, o el José Emilio Pacheco.

Por último, no podemos dejar de mencionar que Fernando del Paso es un autor agradecido a otros que abrieron nuevas sendas en la creación literaria, como su gran amigo y compatriota Juan Rulfo, uno de los autores más grandes en nuestra lengua; pero sobre todo a aquel cuyas obras le han acompañado desde que era un niño: Miguel de Cervantes.

En su libro Viaje alrededor de El Quijote, Del Paso describe la fascinación que sintió al leer por vez primera este libro inmortal, lectura a la que vuelve una y otra vez, al principio por curiosidad. Una curiosidad que se convirtió en amor, y un amor que, según sus propias palabras, se volvió obsesión. Terminaba su circunnavegación a la obra cervantina deseando que el tiempo “le diese tintero” para volver a escribir sobre Don Quijote.

Pues bien, felizmente el tiempo le ha dado tintero a él, y a nosotros nos ha dado la oportunidad de escuchar precisamente hoy, 23 de abril, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, las palabras de Fernando del Paso sobre Cervantes y El Quijote, como expresión del amor que siente por el libro y por su creador.

Muchas gracias, Fernando del Paso, por todo lo que su obra nos aporta, nos deleita e interroga, y por su testimonio de amor a una lengua y a una tradición literaria que hoy honramos.

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