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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del "II Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial"

Universidad de Deusto. Bilbao, 20.07.2015

P​ermítanme que comience mis palabras agradeciendo al Círculo de Empresarios, al Círculo de Economía y al Círculo de Empresarios Vascos su amable invitación para entregar el Premio Reino de España a la trayectoria empresarial.

Un premio que entregamos en esta querida tierra vasca a un gran empresario catalán, D. José Ferrer Sala, que es al mismo tiempo un gran español; y lo hacemos rodeados de amigos, familiares y muchos empresarios más de otros territorios de España. Así confluyen hoy aquí tierras, personas, obras y sentimientos que integran, desde su propia singularidad, el gran patrimonio común de todos, la gran empresa que a todos nos pertenece y  nos une, que es España.

Y me alegra saber, además, y creo no descubrir ningún secreto, que la próxima edición, la tercera, se celebrará en Barcelona. Así que quedamos todos emplazados, dentro de un año, en esa gran ciudad que nos acogerá después de que lo haga hoy Bilbao y de que Madrid lo hiciera en su primera edición para premiar al vizcaíno de Plentzia D. Enrique Sendagorta Aramburu, bajo la Presidencia de Honor entonces de mi padre el Rey D. Juan Carlos ―tan solo dos días después de anunciar su abdicación. Por cierto, de su parte traigo muchos recuerdos para todos, pero especialmente para José Ferrer.

Efectivamente, esta segunda edición nos reúne en Bilbao, cuna de emprendedores y de empresarios; ciudad llena de dinamismo, admirada por su empuje y vitalidad, ligada a la industria pero también firmemente vinculada a la cultura y el saber. En ella nos acoge la Universidad de Deusto, con tanta hospitalidad como solemnidad; una institución que es ejemplo de ese vínculo imprescindible entre el conocimiento y su aplicación práctica, como bien lo demuestran las generaciones de empresarios formados en estas aulas que, desde ellas, se han proyectado en el resto de España abriéndose, además, con valentía y éxito al mundo entero.

A su Rector le quiero decir que será un gran honor para mí venir nuevamente a esta casa en el último trimestre de este año, atendiendo su invitación para celebrar el I Centenario de la Facultad de Ciencias Económicas de esta gran Universidad.

Por tanto, Bilbao y la Universidad de Deusto son un lugar verdaderamente idóneo para albergar este acto en el que reconocemos a un gran empresario barcelonés de Sant Sadurní d’Anoia, a nuestro querido José Ferrer, el mérito a una vida empresarial excelente ―en todos los sentidos. Muchas felicidades Josep por este galardón tan relevante y con tanta significación que hoy tengo el placer de entregarte.

Así pues, está en vuestras manos, en una buena medida, nuestro progreso económico; pero también para alcanzar el éxito es preciso un entorno institucional ―que vosotros siempre demandáis, y con acierto― en el que las autoridades se atengan –nos atengamos- en todo momento y con responsabilidad a nuestros respectivos deberes y obligaciones constitucionales, y en un marco que ofrezca seguridad jurídica, respeto a la ley, confianza y estabilidad. Y todo ello en el seno de la Unión Europea que es ya un verdadero proyecto nacional de España; un proyecto que nos ampara y protege frente a las incertidumbres y que nos facilita e impulsa la superación de los retos a los que nos enfrentamos

Verdaderamente, no es fácil completar o glosar lo que ya se ha dicho del premiado; pero la celebración del 1er centenario de Freixenet, ―en cuya clausura hace pocos meses tuve también el placer de participar junto a la Reina, hecho que hoy me agrada mucho recordar―, me dio la oportunidad de poner de relieve, de ensalzar, de admirar, la obra de un gran proyecto empresarial. Un proyecto empresarial y familiar impulsado por José Ferrer Sala que, como dije entonces, desde Cataluña ha llegado a ser identificado como un ejemplo del mejor espíritu emprendedor español.

Espíritu creativo, capacidad para asumir riesgos, determinación en las decisiones, pasión por la empresa, espíritu de superación, formación de un equipo y trabajar bien con él, son cualidades, entre otras, que distinguen a los empresarios y que han caracterizado la trayectoria profesional de nuestro premiado.

A su vez, la innovación, el avance tecnológico, la apertura exterior y la internacionalización; la responsabilidad social, o la sensibilidad medioambiental… son todos ellos rasgos que integran una cultura empresarial moderna, adaptada a los tiempos y al servicio siempre de los ciudadanos, desde la legítima y necesaria búsqueda del beneficio que permite mantener la dinámica del crecimiento y progreso.

Al servicio, por tanto, de los ciudadanos. Por eso es tan importante reconocer y valorar, por parte de todos, la aportación necesaria ―fundamental― que los empresarios realizan en beneficio del conjunto de la sociedad. Un reconocimiento que no se debe traducir solo en las medidas tomadas por la Administración para el mejor desempeño de la actividad económica, sino en un genuino aprecio social que reconozca, valore y agradezca la contribución insustituible que los empresarios, junto con los trabajadores, realizan para el bienestar de los ciudadanos, de los hombres y mujeres de nuestro país.

Porque los empresarios sois los mayores creadores de empleo en España, que es nuestra primera preocupación social; porque con vuestra actividad contribuís, junto a los demás ciudadanos, a mantener y fortalecer nuestro Estado de bienestar, que es un pilar de nuestra cohesión social; porque con vuestra actividad innovadora favorecéis la modernización de nuestra economía, así como el avance tecnológico y cultural; porque con vuestra proyección internacional ayudáis al progreso de otras naciones y sociedades, contribuís a una mayor integración económica mundial a través del comercio y la inversión, y consolidáis así el prestigio de España en todo el mundo como actor global de mayor peso y relevancia, algo imprescindible en el escenario internacional en el que vivimos.

Así pues, está en vuestras manos, en una buena medida, nuestro progreso económico; pero también para alcanzar el éxito es preciso un entorno institucional ―que vosotros siempre demandáis, y con acierto― en el que las autoridades se atengan –nos atengamos- en todo momento y con responsabilidad a nuestros respectivos deberes y obligaciones constitucionales, y en un marco que ofrezca seguridad jurídica, respeto a la ley, confianza y estabilidad. Y todo ello en el seno de la Unión Europea que es ya un verdadero proyecto nacional de España; un proyecto que nos ampara y protege frente a las incertidumbres y que nos facilita e impulsa la superación de los retos a los que nos enfrentamos.

Señoras y Señores,
Al entregar a José Ferrer el Premio Reino de España en esta querida y dinámica tierra que es el País Vasco, ponemos de relieve, una vez más, todo lo que nos une; todo lo que somos y lo mucho que compartimos, que refuerza nuestro camino de progreso; que es un camino que debemos seguir trazando, todos juntos, con fuerza y con ambición, con ilusión y con determinación.

Termino ya estas palabras reiterando mi enhorabuena a D. José Ferrer Sala con el deseo de que su trayectoria empresarial siga inspirando a muchos emprendedores en toda España.

Muchas gracias.

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