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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de Clausura de la Cumbre de Innovación de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), con motivo de su Asamblea General Extraordinaria

Madrid, 09.04.2014

M​uy buenos días a todos y, antes de nada, agradezco mucho esta invitación de CEOE para clausurar esta Cumbre de la Innovación que ha organizado en el contexto de su Asamblea General Extraordinaria. Lo hago por el honor de dirigirme a todos los presentes y por el especial interés que tiene este tema de la Innovación para el presente y futuro de las empresas, de nuestro motor productivo, y sobre todo para el presente y futuro de España.

Se han reunido hoy aquí expertos y representantes de empresas y de la Administración que han debatido con entusiasmo, con el mejor espíritu constructivo, y —sin duda— con esperanza, sobre las razones para impulsar la I+D+i en España y sobre las maneras de llevarla a cabo. Pero el mensaje principal que lanza esta "cumbre" es el compromiso continuo..., permanente, de los participantes y de la CEOE con el fortalecimiento de nuestro tejido empresarial y con el progreso de la economía española. “Pensar” la innovación e identificar las mejores medidas para aplicarla en beneficio de nuestra competitividad, crecimiento y generación de empleo claramente redunda en el bienestar de los ciudadanos y es, por tanto, un gran servicio a la sociedad.

De manera que gracias. Muchas gracias, felicidades y todo mi apoyo para que sigáis organizando iniciativas, como esta u otras, que nos ayuden a todos; que impulsen con criterio, con rigor y con responsabilidad nuestro conocimiento y nuestra capacidad como sociedad y como Nación de avanzar,  de perseguir nuestros deseos legítimos de progreso.

Permitidme la pregunta, pero ¿qué es Innovar? Pues hacer las cosas de forma diferente, "mudar o alterar algo introduciendo novedades", como dice el diccionario de la RAE. Pero de lo que se trata, como lo entendemos todos aquí, es de hacerlas mejor, creando incluso. Lo cual no significa, ni mucho menos, desechar o ignorar el conocimiento acumulado que, en su momento, también fue resultado de actuaciones innovadoras y siempre será fundamental para avanzar con mayor seguridad y garantía.

Por otro lado, la innovación que aquí nos interesa no consiste en llevar a cabo proyectos novedosos de una manera aislada, en tener unos cuantos que logren hitos de cambio,  métodos ingeniosos, inventos, descubrimientos por su cuenta,  ni tampoco en renovar por renovar solamente, sustituyendo lo anterior, lo viejo. Todo eso está bien, no es malo, ha ocurrido con frecuencia en el pasado, así hemos progresado; pero lentamente, y la historia nos enseña mucho sobre los protagonistas de esos fenómenos humanos en el mundo.

Pero lo interesante —lo "innovador", si se quiere— y lo que hoy es crítico para estar en vanguardia, para competir con éxito y también para extender o compartir más el progreso —hacerlo más social—, es que sistematicemos la innovación como algo intrínseco, permanente, identificador de cualquier actividad; como un valor social compartido y asumido por el sector privado y público, por las empresas y las administraciones públicas, por los centros educativos, científicos y culturales. Todo ello con el objetivo de tener más ideas y convertir las nuevas ideas en productos, procesos o servicios mejorados de forma más conectada y coordinada, para satisfacer la demanda de la sociedad y aumentar su bienestar y sus expectativas de un futuro mejor.

La innovación es, por tanto, junto a la formación y la internacionalización, un factor clave para generar crecimiento económico, productividad y empleo de calidad. Ello dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para llevar las mejores ideas al mercado y para impulsar la transferencia de conocimiento. Estoy seguro de que nuestro país y los diferentes agentes implicados en nuestro progreso económico serán capaces de interiorizar cada vez más esta cultura de la innovación que es ya una necesidad urgente

Para ello, es preciso gestionar y emplear con eficiencia los medios de los que disponemos, diseñar e impulsar la mejor estrategia y contar con todos los actores del tejido económico y productivo, estimulando su participación decidida.

En nuestro país, la investigación ha avanzado notablemente en los últimos lustros y España, a pesar de todas las dificultades y del lastre de la crisis, ha alcanzado puestos altos en producción científica a nivel mundial. Sin embargo, este desarrollo en el ámbito de la investigación no ha ido siempre de la mano de un impulso en materia de innovación. Es preciso convertir el conocimiento en producto innovador, implicando a los agentes públicos y privados, y fomentando la mayor colaboración entre las empresas y las universidades y centros de investigación, entre el mundo empresarial y el mundo científico, siempre con el apoyo de la Administración.

En esta Cumbre sobre la innovación habéis obtenido conclusiones y formulado una serie de propuestas generales y de carácter particular. En varias de ellas os habéis referido a las pymes, tanto para destacar la necesidad de aumentar la inversión pública y privada, como para lograr su mayor implicación en actividades de I+D+i, teniendo en cuenta, especialmente, el hecho de que integran la mayor parte de nuestro tejido empresarial.

Yo también quiero insistir en las pymes porque, en España, son las que concentran el mayor número de empleos; porque articulan no solo el tejido empresarial, sino toda una forma de entender la economía y las actividades productivas; y porque son instrumentos que impulsan y canalizan el espíritu emprendedor de las personas, las ilusiones de vida de muchos hombres y mujeres de nuestro país, de muchos jóvenes que son la mejor garantía de futuro para nuestra sociedad.

Por eso subrayo la importancia de ayudar a las pymes a innovar, a crecer y generar más puestos de trabajo, pero también a internacionalizarse y a ser más competitivas. Las grandes empresas y las organizaciones empresariales, con el apoyo de las Administraciones, pueden desempeñar, en ese sentido, un papel cada vez más proactivo y eficaz que redundará en beneficio de todos.

Vuelvo ahora al tema central de la Cumbre que nos ha reunido hoy. La innovación es, por tanto, junto a la formación y la internacionalización, un factor clave para generar crecimiento económico, productividad y empleo de calidad. Ello dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para llevar las mejores ideas al mercado y para impulsar la transferencia de conocimiento. Estoy seguro de que nuestro país y los diferentes agentes implicados en nuestro progreso económico serán capaces de interiorizar cada vez más esta cultura de la innovación, tan necesaria hoy y para el futuro.

A esta nueva mentalidad habrá contribuido, sin duda, la Cumbre de la Innovación CEOE que ahora concluye.

Muchas gracias.

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