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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto conmemorativo del V Centenario del Descubrimiento del Océano Pacífico

Panamá, 20.10.2013

H​ace un año tuve el privilegio de ser invitado por el Presidente y la Primera Dama a asistir al acto de inauguración del programa conmemorativo del V Centenario del Descubrimiento del Océano Pacífico, a tan sólo unos metros de esta estatua de Balboa, símbolo de la Ciudad de Panamá y de sus gentes cosmopolitas y hospitalarias. En aquella ocasión dimos inicio a este año de conmemoraciones con la puesta en marcha del reloj de cuenta regresiva que habría de llevarnos hasta el 25 de septiembre de 2013, fecha en que se han cumplido los quinientos años del avistamiento del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa.

Un año después me cabe el honor de representar a S. M. el Rey, en esta misma Avenida Balboa, Cinta Costera y arteria principal de la ciudad, divisando ese inmenso océano, espacio hoy para la cooperación entre pueblos y personas. En este gran día para Panamá y sus gentes —pero también, por supuesto, para España, cuna y patria de Vasco Núñez de Balboa y sus expedicionarios— quiero transmitirles el saludo y la felicitación de Su Majestad el Rey, que había anhelado el poder compartir con su muy querida Panamá este acto solemne de clausura formal de las celebraciones que han rememorado el Descubrimiento del Mar del Sur.

Nos encontramos hoy ante la misma estatua que hace cien años marcó el cuarto centenario de la hazaña de Balboa. Una estatua ofrecida por mi bisabuelo, el Rey Alfonso XIII, y que desde entonces se ha convertido en un símbolo no solo de Panamá sino también de la fraternidad hispano-panameña. Cien años después de que el Presidente Belisario Porras compartiese con el Rey Alfonso XIII esa efeméride, el Presidente Martinelli ha tenido la gentileza de compartir de nuevo con nosotros, los españoles, el importante hito histórico de este Quinto Centenario en lo que considero una muestra de afecto y una demostración de que los estrechos lazos que han unido a nuestros países siguen hoy tan fuertes como hace un siglo.

Quinientos años atrás, una empresa hispano-panameña a la que contribuyeron españoles y panameños como Vasco Núñez de Balboa y Panquiaco, impulsó la primera globalización. En los años, decenios y siglos siguientes otros exploradores y navegantes hispanos, partiendo desde los virreinatos americanos, atravesaron y rebautizaron el Mar del Sur, al que llamaron Pacífico; dieron la vuelta al mundo por primera vez en la Historia; avistaron los continentes australiano y antártico; descubrieron el tornaviaje desde Filipinas a México estableciendo la mayor ruta transoceánica del mundo —el Galeón de Manila— que habría de perdurar durante tres centurias y, en fin, recorrieron todos los confines del mayor océano del Planeta, desde Alaska hasta las gélidas aguas antárticas, y desde China hasta estas queridas tierras iberoamericanas.

Quinientos años atrás, una empresa hispano-panameña a la que contribuyeron españoles y panameños como Vasco Núñez de Balboa y Panquiaco, impulsó la primera globalización. En los años, decenios y siglos siguientes otros exploradores y navegantes hispanos, partiendo desde los virreinatos americanos, atravesaron y rebautizaron el Mar del Sur, al que llamaron Pacífico; dieron la vuelta al mundo por primera vez en la Historia; avistaron los continentes australiano y antártico; descubrieron el tornaviaje desde Filipinas a México estableciendo la mayor ruta transoceánica del mundo —el Galeón de Manila— que habría de perdurar durante tres centurias y, en fin, recorrieron todos los confines del mayor océano del Planeta, desde Alaska hasta las gélidas aguas antárticas, y desde China hasta estas queridas tierras iberoamericanas.

Son los nombres imborrables de marinos y estrategas como Elcano y Magallanes; Legazpi y Urdaneta; Álvaro de Mendaña e Isabel Barreto; Fernández de Quirós y Váez de Torres, o Gabriel de Castilla, Ortiz de Retes, López de Villalobos, Esteban Martínez, Bodega y Quadra, Malaspina y tantos otros que han dado motivos a la historiografía internacional para sostener que, durante trescientos años, el océano Pacífico fue el “lago” o “el mar español”. Por eso, cabe afirmar que, más allá de la evidencia geográfica, la proyección iberoamericana hacia la región de Asia y el Pacífico —que en la actualidad se renueva vigorosamente— cuenta con la tradición más antigua.

Una tradición que Panamá ha sabido liderar estratégicamente, con una de las economías más pujantes de Iberoamérica y uno de los principales centros logísticos del mundo. España se siente honrada de poder contribuir a la prosperidad y el dinamismo panameños mediante la labor de nuestras empresas y profesionales, presentes en los principales sectores de la economía de Panamá, aportando así a la mejora del bienestar y la prosperidad de sus ciudadanos.

Señor Presidente, Señora Primera Dama,

Hace un año les transmití mi enhorabuena anticipada por este aniversario y mi deseo de que el Quinto Centenario fuera un tiempo propicio para el encuentro y la fraternidad fortalecida entre panameños y españoles.

Un año después, al participar en el cierre de este año tan especial, solo me cabe afirmar “misión cumplida”. Hemos sido testigos de un ambicioso programa de conmemoraciones que quedará en la memoria de todos y que ha permitido difundir la dimensión y la trascendencia históricas de un acontecimiento en el que hunde sus raíces la vocación panameña de ser enclave estratégico para la comunicación y la cooperación entre los pueblos y las empresas. Un programa que ha convertido este 2013, no solo en el año de Balboa, sino, sobre todo, en el de Panamá, ejerciendo de capital iberoamericana y conmemorando su gran año con encuentros tan destacados como la XXIII Cumbre Iberoamericana o el VI Congreso Internacional de la Lengua Española.

Pero ha sido también un periodo en el que se ha renovado y reforzado aún más lo mucho que nos une a españoles y panameños. Por ello, quiero agradecerle, Señor Presidente, su invitación para acompañarles hoy, así como expresar nuestro reconocimiento a quienes han llevado a cabo este programa conmemorativo que hoy llega a su fin; muy en especial a la Honorable Señora Primera Dama, Doña Marta Linares de Martinelli, y a los miembros de la Comisión Nacional que ella ha presidido con entusiasmo y buen hacer. Estoy seguro de que, dentro de cien años, esta estatua de Balboa ante la que nos encontramos seguirá siendo testigo de nuevos proyectos entre España y Panamá y de la sincera amistad que continuará ligando a nuestros pueblos.

Si Vasco Núñez de Balboa, como tuve oportunidad de evocar hace pocos días, se adentró en las aguas saladas y, en uno de los gestos más románticos y singulares de los que la Historia ha dado noticia, tomó simbólicamente el entero Mar del Sur —la tercera parte del Planeta—, “con sus mares, tierras, costas, puertos e islas australes…”, nosotros, los españoles y panameños de hoy, no seremos menos capaces de seguir fortaleciendo nuestros vínculos. Termino ya mis palabras con este recuerdo al gran Descubridor —que hoy es ya tan panameño como español—, y con los mejores deseos de amistad entre Panamá y España.

Muchas gracias y feliz aniversario.

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