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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Reunión Anual del Patronato del Instituto Cervantes

Palacio de La Zarzuela. Madrid, 09.10.2013

E​s un gran honor para mí presidir este Patronato -excepcionalmente y por encargo de Su Majestad el Rey- y poder dirigirles hoy unas palabras de cierre.

Como saben, desde hace tiempo, primero solo y más tarde junto a la Princesa he visitado y participado en no pocas aperturas oficiales de nuevas sedes o bibliotecas Cervantes por el mundo; y la reunión anual de Directores de sus Centros es para nosotros una cita esperada y querida del fin de curso en el mes de Julio. Todo ello nos ha permitido conocer de cerca el valor y el mérito de cuanto se hace, un trabajo digno de toda admiración. Profesionales muy cualificados y realmente vocacionados –profesores, jefes de estudio, bibliotecarios, gestores culturales, administradores– integran equipos que no solo enseñan español en países de todas las partes del mundo.

Porque el Cervantes no es una simple academia de idiomas. La enseñanza de nuestra lengua en la extensa red de centros del Instituto se hace de un modo estrechamente vinculado a la comunicación de la cultura histórica y actual de todos los pueblos hispánicos. Los centros Cervantes se convierten de este modo en cabezas de puente y en espacios para el diálogo de España y de lo hispánico con la cultura y la realidad social de los diversos países del mundo.

Hablo de profesionales “cualificados y vocacionados”. Este es, sin duda, el gran activo del Instituto. Estos profesionales se multiplican en su acción para profundizar en el intercambio cultural, y, con medios limitados, alcanzan resultados siempre estimables y muchas veces sorprendentes.

En pocos años de vida –una historia corta en relación con la ya centenaria de la Alliance Française, o con las del British Council o el Goethe Institut– el Cervantes ha logrado un reconocimiento internacional de alta estima, que el gran novelista irlandés John Banville ha resumido en una frase que puede enorgullecer a cuantos han trabajado o trabajan en el Instituto: “El Cervantes es un tesoro nacional que España comparte generosamente con muchos países”.

En cualquier momento, pero mucho más en una época de crisis como la que vivimos, se impone optimizar el uso de recursos. El hecho de que el Instituto Cervantes esté vinculado al Ministerio de Asuntos Exteriores y al de Educación, Cultura y Deporte debe facilitar la estrecha colaboración de departamentos que se ocupan también de la promoción de la cultura o de la enseñanza reglada en el exterior.

Por otro lado, el Cervantes no debe ser solamente un compromiso gubernamental sino que hemos de esforzarnos en que sea sentido como cosa propia por toda la sociedad. En tal sentido os animo a potenciar las posibilidades de patrocinio por parte de la sociedad civil y la canalización de nuevos recursos hacia el Instituto.

el Cervantes no es una simple academia de idiomas. La enseñanza de nuestra lengua en la extensa red de centros del Instituto se hace de un modo estrechamente vinculado a la comunicación de la cultura histórica y actual de todos los pueblos hispánicos. Los centros Cervantes se convierten de este modo en cabezas de puente y en espacios para el diálogo de España y de lo hispánico con la cultura y la realidad social de los diversos países del mundo

La confluencia de estas líneas de acción y el esfuerzo que el propio Instituto realiza para aumentar el nivel de autofinanciación de sus centros permitirá ampliar su red, lo que quiere decir la presencia del español, con su riqueza plural, y de lo hispánico en el mundo.

Iniciativas como la de Linguanet Europa en la que el Cervantes propuso a sus socios europeos incorporar al proyecto las lenguas cooficiales de Cataluña, Galicia y País Vasco; las del centro de estudios denominado Espacio de las Lenguas Ibéricas o los Encuentros de escritores y críticos de las Lenguas de España en Verines, promovidos ambos por el Cervantes y en plano de igualdad con las instituciones gemelas  que se ocupan de las lenguas de España, alimentan la posibilidad de hacer real el sueño de Salvador Espriu:

“recorda sempre aixó, Sepharad. / Fes que siguin segurs els ponts del diàleg / i mira de comprendre i estimar / les raons i les parles diverses dels teus fills”

[Traducción al castellano] “recuerda siempre esto Sepharad. / Haz que sean seguros los puentes del diálogo / e intenta comprender y amar  / las razones y las diversas hablas de tus hijos”.

En esta nueva etapa el Cervantes se ha propuesto como objetivo afirmar su condición panhispánica. Los acuerdos, que el Director ha enunciado, con las Academias Hispanoamericanas y los convenios ya suscritos o en vías de negociación con México y otras naciones hermanas, así como la instalación, en la propia sede central del Cervantes, de instituciones americanas –la primera la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)- son ejemplos que valen por mil palabras.

En esa línea destaca el nuevo Centro Cervantes en la Universidad de Harvard, que quiere servir de plataforma para el estudio de la evolución del español y de las culturas hispánicas en los Estados Unidos. Solo con Iberoamérica se afianzará allí el español porque iberoamericanos son los hispanohablantes de Norteamérica. Y solo con la unión de todos los países hispanohablantes alcanzaremos una penetración adecuada del español en las grandes regiones de Asia-Pacífico y en otros países emergentes.

El hecho de que todos los nuevos programas de enseñanza, presencial o virtual, del español; de la formación y actualización de profesores; o de la evaluación y acreditación de conocimiento de nuestro idioma, sean elaborados en común con América –al igual que la Real Academia Española ha hecho en la elaboración de la Gramática, la Ortografía o el Diccionario– reforzará el sello panhispánico y permitirá que cada país hispanohablante de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, preservando su autonomía de actuación en todos esos campos, contribuya a producir una sinergia que redunde en beneficio definitivo de la pujanza y la valoración de excelencia del español de todos.

Permitidme, queridos patronos, al término de estas palabras, que os reitere la gratitud de la Corona por vuestro apoyo. Transmitiré a Su Majestad el Rey vuestro saludo y le informaré cumplidamente de las realizaciones y proyectos de nuestro querido Instituto.

A todos, muchas gracias.

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