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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

Madrid(Palacio de La Zarzuela), 24.12.2002

M

e dirijo a todos los españoles para transmitiros, junto con mi Familia, nuestros mejores deseos en estas fiestas navideñas, que tanto significado tienen para nosotros.

Quiero dedicar mis primeras palabras a cuantas familias viven momentos de dolor o de especial dificultad en estas fechas tan entrañables para todos.

Destacan las numerosas familias, en particular gallegas, que estas Navidades sufren los daños causados por el accidente del "Prestige". Junto con el de mi Familia, recibid todo mi afecto. Que todos unidos seamos capaces de poner fin cuanto antes a esta calamidad.

Durante este año, España ha seguido inmersa en importantes cambios. El mundo se mueve cada vez más por estímulos globales.

Necesitamos, por ello, desarrollar nuestra capacidad de adaptación y de reacción para afrontar con éxito esas transformaciones. Un país como el nuestro, que ha sabido superar situaciones difíciles y realizar transformaciones históricas, puede y debe tener plena confianza en el futuro.

La economía mundial ha venido atravesando dificultades que han repercutido en numerosos países con los que tenemos importantes relaciones e intereses. A España no ha dejado de afectarle esta situación.

Aunque soy consciente de las incertidumbres económicas que aún llegan a muchos hogares, lo cierto es, sin embargo, que nuestra economía ha podido amortiguar los efectos de la situación internacional. Esperemos que pueda registrar pronto una mejora significativa que beneficie a todas las familias.

Hoy, nuestra sociedad demanda el objetivo compartido de atender derechos y aspiraciones que, junto a las económicas, hagan de España un país cada vez más equilibrado y justo, donde los ciudadanos puedan disfrutar en todos los ámbitos de una mayor calidad de vida, especialmente en cuanto a oportunidades de empleo, derechos sociales, educación, formación, y vivienda, una aspiración particularmente sentida por tantos jóvenes.

Para alcanzar ese objetivo, es siempre importante que el Estado y sus distintas administraciones públicas puedan contar con el concurso de las fuerzas políticas, económicas y sociales conforme al afán colectivo de generosidad y colaboración que distingue a la sociedad española.

La prosperidad, el buen funcionamiento de las instituciones y la justicia social son factores destacados en la consecución del bienestar de la sociedad, que deben estar comprometidos con la conservación del medio ambiente.

El desastre ocurrido en Galicia nos enseña que ésta debe ser una de nuestras principales preocupaciones. El medio ambiente constituye un legado único e irrepetible, fuente de vida y progreso, que tenemos la obligación de transmitir a las futuras generaciones.

Tenemos otros grandes retos ante nosotros. Unidos no nos faltarán ni medios ni oportunidades para afrontarlos y superarlos. Me quiero referir al menos a algunos de ellos.

Debemos redoblar nuestros esfuerzos para ayudar a aquéllos que sufren los efectos devastadores de la drogodependencia, a las personas discapacitadas, y a los menores y mujeres que sufren abusos y malos tratos, proporcionándoles la protección y asistencia necesarias.

Tenemos la fortuna de contar todavía con muchas familias que tienen a su cargo personas mayores, reforzando con esta relación, entrañables y ejemplares lazos de afecto, cuyo ejemplo debe guiar la atención que una sociedad como la nuestra debe prestar a sus mayores.

Seamos cada vez más solidarios igualmente con aquéllos que contribuyen a nuestro desarrollo y llegan a nuestro país en busca de mejores oportunidades económicas y sociales. Recordemos que también vienen atraídos por nuestra cultura del respeto a los derechos de la persona y la seguridad jurídica de nuestro sistema democrático, valores que están llamados a disfrutar, respetar y asumir en un clima de fructífera convivencia.

Dediquemos aún mayor atención a favorecer y aprovechar el valioso capital humano que encierra, tanto nuestra juventud, como quienes acumulan mayor experiencia.

Tenemos una juventud generosa, presente en numerosas ONG.s en todo el mundo, ayudando a los más necesitados. La misma que en Galicia está ofreciendo su esfuerzo personal. Esta juventud es nuestra esperanza y nuestro futuro. Es una juventud preparada y que debe estarlo mejor cada día. He aquí una gran responsabilidad del Estado y de la sociedad.

Contamos asimismo con un gran número de ciudadanos de edad con excelente formación y experiencia. Sería un derroche prescindir de ese capital humano y de los grandes servicios que pueden prestar.

Una vez más, quiero subrayar que disponemos del marco y de los instrumentos necesarios para asegurar la más estrecha convivencia entre todos y el más pleno desarrollo de nuestro país.

La Constitución de 1978, basada en un amplio consenso reflejado en un gran pacto, logró articular diversidades y superar discrepancias.

Nos ha aportado un modelo equilibrado de convivencia. Nadie puede negarle este valor, porque su virtud principal ha sido vertebrar a España como Nación plural, integradora de su rica diversidad, y garantizar los derechos y libertades de todos los españoles por igual.

El marco constitucional legitima a la sociedad democrática para combatir toda actividad terrorista, contando con los medios que proporciona el Estado de Derecho.

No nos cansaremos de decir que el terrorismo no tiene justificación; es un crimen cobarde y un secuestro de las libertades, que atenta contra la seguridad y la estabilidad que los ciudadanos reclaman legítimamente. El terrorismo es rotundamente inmoral.

Provoca un desgarro despiadado en las víctimas y en sus familias, a las que quiero expresar en estas fechas Mi afecto y el de Mi familia, y el deseo de que se vean reconfortadas por las pruebas de solidaridad de todos los españoles de buen corazón.

Mi gratitud profunda a todos los miembros de las fuerzas de seguridad, que dedican sus vidas a velar por nuestros derechos y libertades.

En el ámbito internacional, la cooperación es hoy indispensable si queremos reaccionar adecuadamente ante acontecimientos que tienen lugar no sólo en España sino en el exterior, y que influyen de forma directa o inmediata a nuestros intereses.

El terrorismo, muchas crisis políticas o económicas, o situaciones que afectan a nuestra seguridad, que tienen lugar más allá de nuestras fronteras, incluso en escenarios distantes, repercuten en nuestra vida diaria.

Dentro de esa nueva dinámica de la acción internacional de España no quiero dejar de destacar la gran labor al servicio de la paz que, con tanta eficacia, despliegan nuestras Fuerzas Armadas.

En el ámbito exterior, junto a nuestras relaciones con Iberoamérica y el Mediterráneo, el desarrollo de la Unión Europea cobra una importancia creciente para nuestro país.

Este año, en que España ha demostrado por tercera vez su capacidad y buen hacer al frente de la Presidencia de la Unión Europea, el proceso de integración ha cubierto nuevos jalones importantes.

Me refiero, en particular, a la puesta en circulación del Euro y a la muy reciente decisión histórica de ampliar sustancialmente la Unión Europea a nuevos Estados. Se trata de un paso decisivo para la reunificación de nuestro Continente, de notables efectos para nuestro futuro.

Con la extensión y profundización de la construcción europea se plantean nuevos retos y se abren importantes oportunidades que, sin duda, sabremos aprovechar con el pleno respaldo de todas las instituciones políticas.

Al concluir este año, quiero reiteraros que la Corona seguirá trabajando con todo su empeño para aunar y aglutinar esfuerzos en beneficio de todos los españoles. La Corona confía plenamente en el gran potencial de España y de todos y cada uno de sus ciudadanos.

A todos los españoles, con especial afecto a los que os encontráis fuera de nuestras fronteras, y a todos los extranjeros residentes en España, Feliz Navidad, paz y bienestar para el año próximo.

Buenas noches.

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Mensaje de Navidad de S.M. el Rey