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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

Madrid(Palacio de La Zarzuela), 24.12.1997

E

n estos momentos en los que nos disponemos a celebrar la Nochebuena, deseo felicitaros las Pascuas en mi nombre y en el de toda mi familia y transmitiros un mensaje de paz, ilusión y esperanza.

Al calor de los recuerdos familiares que se avivan en estas fechas, os agradecemos una vez más las muestras constantes de afecto que la Familia Real recibe y, de manera muy especial, con motivo del matrimonio de la Infanta Cristina, y correspondemos a vuestros espontáneos sentimientos con los nuestros más cordiales.

En un breve y rápido repaso al año que termina, encontramos motivos evidentes de satisfacción y también de reflexión para el porvenir.

Durante 1997 España ha tenido la estabilidad política que se requiere para seguir asentando las bases de su bienestar.

La economía española ha seguido experimentando un crecimiento sostenido; los interlocutores sociales han mantenido un proceso fluido de comunicación y diálogo, y han alcanzado acuerdos positivos para la buena marcha del país.

Sin embargo, no faltan en nuestra vida nacional tensiones, que hemos de comprender como reflejo natural del pluralismo político inherente al funcionamiento de la democracia y de una sociedad viva que forja con ellas su madurez.

En una sociedad democrática como la nuestra, el ciudadano pide legítimamente a sus representantes y a sus instituciones que sean ejemplo de honestidad, entrega generosa a su tarea y respeto mutuo.

Las divergencias y contrastes entre las fuerzas políticas consolidan la democracia, cuando se aplican a resolver los problemas del presente y a mejorar el tono de nuestra convivencia.

Seamos exigentes a la hora de acercar la política a los ciudadanos, para que perciban con claridad que son los intereses generales los que la inspiran, no los individuales o de grupo. Todos tenemos una responsabilidad específica en la construcción del progreso colectivo y en la defensa de los valores éticos que lo sostienen e identifican. Con ellos, guardaremos y haremos respetar los derechos fundamentales de las personas, y evitaremos la atmósfera que a veces ensombrece nuestra convivencia.

El buen funcionamiento de la Justicia, su independencia y su eficacia, que a todos nos preocupan, son absolutamente esenciales en un  Estado de Derecho. Sé que los poderes del Estado son conscientes de la trascendencia de esta cuestión y tengo la seguridad de que no permanecen inactivos ante ella.

Corresponde a los jueces aplicar e interpretar el Derecho. Esta noble tarea, que exige fortaleza, dedicación, limpieza de miras y sentido del deber, debe ser apoyada por todos, como una forma de contribuir al buen desarrollo de uno de los pilares de la democracia.

El progreso político, económico,  social y cultural, siempre al servicio de la persona, tiene como impulso principal la educación. Debemos cuidarla de manera especial porque desempeña un papel integrador y porque amplía las posibilidades de los ciudadanos para desarrollarse en una sociedad avanzada.

Nos preocupa que este avance no se refleje suficientemente en el mundo del trabajo, en particular entre los jóvenes,  las mujeres que buscan empleo, y los grupos de mediana edad que al perder su ocupación no hallan un lugar en que hacer valer su capacidad y experiencia.

No podemos aceptar esta situación como secuela inevitable y compañera obligada de un determinado grado de desarrollo. Al contrario, la Administración y los agentes sociales deben redoblar sus esfuerzos e iniciativas para resolverla y obtener el apoyo de todos en esta tarea.

La prosperidad que hemos alcanzado, y que rebasa con creces la que a lo largo de la Historia hemos llegado a disfrutar, tiene también aspectos negativos y carencias evidentes.

El relajamiento de los lazos sociales y las obligaciones familiares que hasta hace bien poco se tenían como sagradas, hace que los necesitados puedan sentirse hoy más abandonados que nunca y los enfermos y ancianos  puedan encontrarse, en muchos casos, cada vez más solos y faltos de afecto.

Tenemos que profundizar y poner al día nuestras convicciones sobre la justicia social y la solidaridad, entendidas como deberes ineludibles de todos, desde los poderes públicos al último ciudadano.

Asistimos a un incremento claro y positivo de la actividad de las organizaciones que luchan contra cualquier forma de marginación, y del voluntariado que dedica desinteresadamente su tiempo y sus conocimientos a ayudar a los demás. Estos movimientos han tenido recientemente, una vez más, solidaria expresión con motivo de las desgracias sufridas en distintas partes de España, especialmente en Badajoz y Melilla, a cuyos ciudadanos envío desde aquí mi cariñoso recuerdo.

A pesar de que seguimos sufriendo todavía su agresión, este año hemos dado pasos significativos en la lucha contra el terrorismo.

La violencia degrada a quienes la practican y estimulan, como han demostrado una vez más los viles atentados contra servidores públicos y otros ciudadanos a lo largo de este año.

Tras el inhumano secuestro de José Antonio Ortega Lara, felizmente resuelto, y el atroz asesinato de Miguel Angel Blanco, la sociedad vasca, con el resto de España, se levantó para decir "Basta ya".

Esta masiva reacción de rechazo ciudadano se ha vuelto a manifestar con ocasión del reciente asesinato de José Luis Caso. La sociedad española no está sola en esta lucha contra el terrorismo: estamos recibiendo de la comunidad internacional muestras crecientes de comprensión, apoyo y cooperación.

En esta noche especial rindo homenaje a todas las víctimas de la violencia terrorista y me uno estrechamente a sus familias.

La movilización de la ciudadanía y la unidad de las fuerzas democráticas abre una luz de esperanza, que pido a Dios todos sepamos ver. La vida y la libertad, en apariencia tan frágiles, siempre vencen a quienes las niegan.

Quiero expresar mi reconocimiento a cuantos las defienden con valor y constancia, y en particular a la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que con su abnegación y sacrificio han salvado muchas vidas y avanzado con eficacia en la persecución y prevención de las actividades terroristas.

España reúne hoy las difíciles condiciones establecidas dentro de la Unión Europea, para unirse a aquellos países que darán el decisivo e importante paso de la unión económica y monetaria.

Estamos construyendo nuestro futuro con la Unión Europea. Nos comprometemos con su desarrollo y  participamos en el momento inicial de una etapa que consolidará su cohesión y fortaleza.

Es ésta una apuesta necesaria y exigente, que no se agota en sus aspectos técnicos y materiales, sino que anuncia un horizonte de progreso y bienestar social al que legítimamente aspiran sus ciudadanos.

Pero también queremos que nuestra personalidad histórica y nuestros vínculos iberoamericanos y mediterráneos se refuercen en este proceso, que deseamos no se encierre en sí mismo, sino que quede abierto a nuestras peculiaridades.

El año que viene nuestra Constitución va a cumplir veinte años, y es momento de hacer balance de nuestra fidelidad a sus preceptos y al espíritu que la inspiró.

En ella plantamos la semilla de la libertad, la tolerancia, el pluralismo, la igualdad y la solidaridad. Y a todos nos toca hacerla crecer con autenticidad en nuestro presente, y no sólo en las grandes ocasiones, sino a través del quehacer de cada día.

Nos interesa a todos que el Estado de Derecho responda cada vez mejor a las exigencias de nuestros preceptos constitucionales.

En 1998 se cumplirá también un centenario de alto valor simbólico. Será una buena ocasión para volver la vista hacia nuestro pasado y, desde la plataforma de un presente muy distinto, enorgullecernos del camino que hemos recorrido.

Hemos realizado la tarea histórica de  resolver por la vía de la concordia problemas que venían arrastrándose desde hacía generaciones, y logrado así otra España, dueña de su historia,  protagonista de su cultura, que encuentra en  su diversidad el cemento de su unión, y que ha recuperado su puesto en el concierto internacional.

Quisiera terminar deseando a los compatriotas que estáis fuera de España y a los extranjeros que convivís con nosotros una Navidad llena de felicidad, deseo que extiendo a los pueblos hermanos y amigos y a cada uno de vosotros.

Que el año nuevo sea para nuestra Patria y todos nosotros un tiempo de entendimiento y prosperidad.

Buenas noches.

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Mensaje de Navidad de S.M. el Rey