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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo en el Monasterio de Santa María del Olivar

Teruel(Estercuel), 21.05.2002

S

eñor Presidente del Gobierno de Aragón, autoridades, señoras y señores,

Es deber gratísimo para nosotros acogernos a la hospitalidad aragonesa en tierras de Teruel. Este histórico Monasterio de Santa María del Olivar en que nos reunimos surgió, precisamente, de una iniciativa de los Reyes de Aragón, mis antecesores. Fue fundación personal suya la Orden de la Merced, en cuyo emblema campean, todavía hoy, las cuatro barras rojas de la Casa Real de Aragón. Y en este mismo recinto en el que estamos concibió y escribió una de sus mejores piezas dramáticas Tirso de Molina: un fraile mercedario, nacido en Madrid, llevaba así a Castilla esencias tomadas en Aragón.

Me alegro de tener hoy oportunidad de reunirme con vosotros, representantes nacionales, autonómicos y locales de los hombres y mujeres de la provincia de Teruel, y de transmitir por intermedio vuestro mi afectuoso saludo a los ciudadanos a quienes representáis y servís.

Por muchas razones, esta visita tiene para mí un carácter especial. Dos días intensos de convivencia con los turolenses nos servirán para acercarnos a las inquietudes y dificultades de Teruel y también a sus proyectos, anhelos y esperanzas.

Nos preocupan los problemas de Teruel. Pero, sobre todo, nos preocupa la búsqueda de soluciones eficaces para los mismos. Esta comarca ha sufrido directamente la crisis que ha afectado en muchos lugares a la minería, que es un sector complejo. Y, como el resto de Teruel y de Aragón, también sufre por la merma de su población.

La implantación de industrias y servicios, puesto que es necesaria, ha de hacerse posible, mediante la creación y modernización de infraestructuras y comunicaciones y, sobre todo, poniendo a contribución dos herramientas que no os faltan: el empeño característico del carácter aragonés y el ingenio político que consiste, precisamente, en hacer posible lo necesario.

Teruel posee activos notables para potenciar su desarrollo integral y el reciente ejemplo de Dinópolis y su entorno, los parques culturales pioneros y la presencia misma del Arte mudéjar son realidades, y no sueños, en cuyo sólido presente debemos apoyarnos.

España entera conoce cada vez mejor las excelencias de los productos turolenses basados en un concepto inteligente de la economía agroalimentaria que suma la innovación a la tradición, la calidad al buen gusto y la producción esmerada a la gestión comercial que exige nuestra época.

Hay, pues, motivos de preocupación pero, sobre todo, razones para la esperanza. Vosotros, representantes legítimos de los turolenses, tenéis el deber y la ocasión de conducir este proceso con buen pulso y de dar a todos los ciudadanos el ejemplo de vuestra entrega a la causa del bien general.

Estad seguros de que, en ese empeño, no os faltarán nunca la ayuda de la Corona y la gratitud de vuestros Reyes.

Muchas gracias.

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