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Discurso de Su Majestad el Rey en el Acto de Clausura del Curso de la Escuela Diplomática 2001-2002

Madrid, 25.06.2002

U

n año más, al concluir el año académico 2001-2002, vuelvo a esta Escuela para presidir la ceremonia de entrega de despachos a sus alumnos, con la que una nueva promoción de diplomáticos inicia su labor al servicio del Estado.

Con mi presencia aquí, quiero subrayar la importancia de este momento, en el que diplomáticos de treinta y ocho países concluyen sus estudios en este Centro, de larga y fecunda tradición docente.

Celebro tener ocasión de reiterar también, en este acto, mi reconocimiento y afecto a los miembros de la Carrera Diplomática, por su continua dedicación y su contribución destacada al objetivo de materializar el papel de España en el mundo, y su nueva imagen en un momento especialmente lúcido de su historia. Nuestro país, que se ha proyectado en el pasado a través de formas que han dejado una poderosa impronta en otros pueblos, ha experimentado en las últimas décadas una transformación sin precedentes de la que vosotros sois reflejo en vuestra mentalidad, formación y talante. Mostrar ese cambio, el de una antigua nación europea, que ha modificado sus estructuras políticas, económicas y sociales, y desea asumir un mayor protagonismo en la escena internacional, acorde con su vitalidad y peso específico, debe resultaros a todos una aventura profesional y personal estimulante.

El extraordinario esfuerzo y tesón de nuestra sociedad por modernizarse y abrirse al mundo, y sus gratificantes resultados, van a inspirar vuestro talante profesional, en el que la ilusión y la entrega han de ser rasgos permanentes de conducta.

El mundo en el que os ha correspondido desarrollar vuestra labor vive un proceso de cambio acelerado, que afecta a la naturaleza misma de vuestra actividad.

Para vosotros, esta circunstancia supone un reto y una exigencia intelectual permanente. Estoy convencido de que la formación que habéis recibido en esta Escuela Diplomática os habrá proporcionado las herramientas con las que hacer frente a los desafíos del futuro. El componente humanista de la función diplomática, que esta Casa ha tenido siempre presente en sus planes de estudio, os servirá sin duda, y mucho, en vuestro quehacer cotidiano.

Pero a esta faceta de vuestra preparación habréis de añadir inevitablemente otros conocimientos, amplios y complejos, indispensables para el desempeño de las nuevas exigencias que plantea la función diplomática.

Os animo a desarrollarla con un talante eminentemente profesional, atento a la realidad en la que vais a desenvolveros, abierto generosamente a las demandas sociales, interesado en conectar con otros ámbitos y profesiones, distintas de la vuestra, que tienen una relevancia indiscutible en el devenir de nuestro tiempo y en su progreso económico, social y cultural.

El éxito profesional se mide hoy día en términos de eficiencia. En vuestro caso, ésta consiste en traducir la información recibida, las relaciones y las experiencias que vayáis acumulando, a lo que es el núcleo de vuestra tarea: la proyección internacional del Estado y de sus intereses, que son los de todos vuestros conciudadanos.

En este sentido, os recomiendo que cuidéis especialmente los de vuestros compatriotas que viven y trabajan en el exterior, y que contribuyen con nosotros, a niveles cada vez más altos, a manifestar más allá de nuestras fronteras la realidad de nuestra España y su empuje en las áreas de la economía, la ciencia y la investigación, la lengua y la cultura.

Todos juntos, tenéis que seguir procurando que nuestra presencia en el mundo se consolide y se acentúe, que sea cada vez más respetada y mejor aceptada.

Nuestra proyección europea e iberoamericana se enriquece hoy con nuevos matices, y adquiere una profundidad que las generaciones inmediatamente anteriores a la vuestra no han conocido. Nuestra vitalidad como país nos empuja hacia un nuevo papel en el mundo, y a nuevos horizontes, hasta hace poco escasamente transitados, como Asia o África.

España quiere hoy ser un país con proyección global. Como integrantes de las nuevas generaciones de españoles, estoy seguro que sois plenamente conscientes de lo que implica este renovado protagonismo de España.

Sois los abanderados de un país defensor de valores como la libertad, la solidaridad y el progreso. En un mundo cada vez más globalizado, esto implica un diálogo continuo con otros pueblos y culturas, que en muchos casos necesitan nuestra ayuda, y supone un desafío formidable, lleno de posibilidades, para nuestra democracia y nuestro modelo social.

Como funcionarios del Estado en el exterior, vais a participar, con especial responsabilidad, en el proceso de procurar espacios de libertad y desarrollo a los países que más lo precisan, especialmente a los que nos son más cercanos, de modo que se conviertan en elementos de estabilidad y de progreso compartido.

Me satisface, como siempre, saludar en esta ceremonia de fin de curso a los alumnos extranjeros del Curso de Estudios Internacionales de la Escuela Diplomática. Fiel a una tradición muy en consonancia con su espíritu, la Escuela acoge a alumnos venidos de todos los rincones del mundo, que, con su presencia y esfuerzo, contribuyen de modo destacado a difundir la imagen de nuestro país más allá de nuestras fronteras.

Creo que todos debemos agradecerles esta muestra de confianza en nuestras instituciones académicas y en España, a la que han elegido para completar su formación. Confío en que esta experiencia sirva para que conservéis y desarrolléis en el futuro los lazos establecidos durante vuestra estancia entre nosotros, reforzando entre los españoles la amistad y el interés que ya sienten hacia vuestros países de origen.

Espero os llevéis de España un más profundo conocimiento de sus gentes y de su cultura, y que ese sentimiento de comprensión y amistad, adquirido a lo largo de estos meses, dure siempre, como fermento de concordia y paz duradera entre las naciones.

A todos, claustro de profesores y personal de esta Escuela, alumnos diplomáticos españoles y alumnos extranjeros os felicito por vuestro esfuerzo, que hoy se ve recompensado, y os transmito mis mejores deseos en el desempeño de vuestra noble tarea.

Queda clausurado el curso 2001-2002 de la Escuela Diplomática.

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