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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de la República Dominicana

Palacio Real de Madrid, 15.09.2003

S

eñor Presidente,

La Reina y yo queremos expresaros nuestra especial alegría y satisfacción al recibiros en la primera Visita de Estado a España de un Presidente de la República Dominicana.

Con tal motivo os damos nuestra más cordial bienvenida junto a vuestra distinguida esposa y la importante delegación que os acompaña.

Estamos seguros de que a lo largo de vuestra estancia en España podréis apreciar el profundo afecto y simpatía que los españoles sentimos hacia la República Dominicana y el pueblo dominicano.

Cuando en 1976 realicé mi primera visita a América como Rey de España, lo hice pisando tierra dominicana. Tuve el honor y la satisfacción de ser el primer monarca español que cruzara el Atlántico para visitar aquellas tierras.

Pudimos entonces admirar la belleza de vuestro país, disfrutar del afecto del pueblo dominicano, e iniciar una nueva etapa de profundo entendimiento mutuo.

Con aquella visita se abría un nuevo periodo de fortalecimiento de vínculos con todos los países iberoamericanos. Un periodo en el que las relaciones hispano-dominicanas han registrado un crecimiento sin precedentes.

Señor Presidente,

Los intensos lazos tejidos a lo largo de más de cinco siglos explican el sincero hermanamiento que liga a nuestros dos países.

Pero hoy no sólo compartimos profundos vínculos históricos y culturales, y una misma lengua, sino una intensa relación humana y una creciente cooperación en múltiples sectores.

Muchos españoles han encontrado en vuestro país un hogar en el que vivir y por el que trabajar, sintiéndose a la postre tan dominicanos como españoles.

Profundamente agradecidos hacia la tierra que les acogió, han contribuido con su generoso esfuerzo al progreso de la República Dominicana en los ámbitos más variados: desde el comercio y la industria, hasta la agricultura o la cultura. Unas actividades a las que hoy se suman nuevos sectores como el turismo, de indudable trascendencia económica y social.

Al mismo tiempo, en estos últimos años ha aumentado significativamente la llegada de dominicanos a España, ganándose con su simpatía y laboriosidad el aprecio de todos los españoles.

Creo que podemos felicitarnos de los buenos resultados del Convenio de Flujos Migratorios firmado en 2001. Ofrece un marco seguro y respetuoso a los dominicanos que buscan un futuro en nuestro país.

Estos fenómenos migratorios, junto al elevado número de turistas españoles que desde hace años visitan vuestro país, permiten que hoy dominicanos y españoles nos sintamos más cerca y nos conozcamos mejor.

Vuestro país comparte con España los valores y principios de la democracia basados en el respeto al Estado de Derecho, a los derechos humanos, a la libertad y a la igualdad. Reconocemos con satisfacción el compromiso de la sociedad dominicana con esos valores.

La República Dominicana vive desde hace años un proceso de modernización. Os animamos a proseguir cuantos esfuerzos deban volcarse en materia de igualdad social, de fortalecimiento institucional, de lucha contra la corrupción y de consolidación del Estado de Derecho.

En tal empeño siempre podréis contar con el pleno apoyo y aliento de España.

Señor Presidente,

La consideración de la República Dominicana como país prioritario de la Cooperación Española al Desarrollo pone de relieve nuestro compromiso permanente de solidaridad con el pueblo dominicano. Se ha traducido en múltiples programas en áreas como la Justicia, la educación, el medio ambiente, el saneamiento urbano, el fortalecimiento municipal o la preservación del patrimonio histórico.

Apoyamos también el refuerzo de la relación entre vuestro país y la Unión Europea que cuenta, desde hace algunos años, con el debido marco convencional.

En el plano económico, las importantes transformaciones vividas por nuestros dos países han favorecido el desarrollo de nuestra relación bilateral.

En la última década, España se ha convertido en uno de los principales inversores extranjeros a escala mundial, en particular en Iberoamérica, lo que entraña una apuesta estratégica de las empresas españolas por el crecimiento y bienestar de la región.

La inversión española en vuestro país, que ocupa el primer lugar en importancia, refleja la confianza de España en la capacidad de progreso de la República Dominicana, en la laboriosidad de su pueblo y en la creatividad de sus empresarios.

Destaca, en este sentido, el importante esfuerzo inversor de España en el sector turístico, creador de empleo y riqueza.

Dentro del proceso de modernización emprendido por la República Dominicana, numerosas empresas españolas han participado de forma activa en otros muchos sectores y en varios procesos de capitalización, diversificando nuestras relaciones en los ámbitos económico y comercial.

Tan rico tejido de relaciones económicas y empresariales, exige contar con instrumentos adecuados que garanticen la seguridad jurídica de las inversiones y el cumplimiento de los compromisos adquiridos.

Sólo la existencia de un marco jurídico estable otorga la confianza necesaria a los inversores y favorece, al mismo tiempo, el lanzamiento de nuevas iniciativas económicas y comerciales en beneficio mutuo.

Pero nuestra relación bilateral se extiende, no sólo a la economía, a la educación o a la cultura, sino también a la cooperación entre nuestras Fuerzas Armadas o a la lucha contra la lacra del terrorismo.

Ayer, desgraciadamente, la vileza terrorista se manifestó una vez más, al intentar acabar de forma cobarde y cruel con la vida de dos agentes de la Policía Autónoma Vasca, a quienes todos deseamos una rápida recuperación.

Señor Presidente,

Compartimos la común aspiración de construir una Comunidad Iberoamericana más articulada y dinámica, capaz de responder a nuestros comunes anhelos, partiendo de unos mismos principios y valores.

Quiero recordar el carácter histórico de la Cumbre de Bávaro en noviembre del pasado año en la que disfrutamos de vuestra cálida acogida.

En ella se sentaron las bases para el fortalecimiento de la Comunidad Iberoamericana de Naciones a través de una estructura institucional más sólida, capaz de reflejar sus logros, su arraigo en nuestras sociedades, y de promover su proyección internacional.

Señor Presidente,

Una Visita de Estado siempre reviste una especial trascendencia, sobre todo tratándose de un país hermano tan querido como la República Dominicana.

Permite subrayar la calidad e intensidad de la relación de amistad que nos une y consolidar los proyectos de cooperación existentes. Y debe suponer el punto de arranque de nuevos compromisos capaces de intensificar nuestras relaciones en todos los campos.

Con este ánimo termino mis palabras, Señor Presidente, y levanto mi copa para brindar por vuestra ventura personal y la de vuestra esposa, por la concordia y el progreso del pueblo dominicano y por el reforzamiento de la amistad secular entre la República Dominicana y España.

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