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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena ofrecida por el Presidente de la República Dominicana a los Jefes de Estado y de Gobierno y Señoras

República Dominicana(Bávaro), 15.11.2002

S

eñor Presidente de la República Dominicana,Señores Jefes de Estado y de Gobierno,Señoras y Señores,

Mis primeras palabras han de ser, y no como mera fórmula de cortesía, para expresar el agradecimiento y sincera felicitación por el empeño que el Presidente Hipólito Mejía ha puesto en depararnos una cálida bienvenida en esta hermosa tierra americana.

Si bien es cierto que las reuniones de las Cumbres Iberoamericanas constituyen una siempre feliz ocasión de intercambios cordiales entre los mandatarios, sin duda el agradable marco elegido por el Gobierno dominicano en esta ocasión, contribuirá al desarrollo eficaz de nuestros trabajos.

En un marco como éste, no caben los pesimismos. El ejemplo del aprovechamiento de una naturaleza privilegiada para iniciativas económicas de primer orden nos indica un buen camino a seguir.

Nos disponemos a asistir al inicio de los trabajos de la XII Cumbre Iberoamericana. Tal como ocurriera en la Cumbre de Lima, se ha evitado la rigidez de un único tema para las discusiones que comienzan mañana, compaginando las cuestiones propuestas por el Gobierno dominicano, con aquellas otras de plena actualidad que más preocupan a nuestros Gobiernos.

El mundo y la historia imprimen un ritmo vertiginoso a los acontecimientos que nos afectan a todos. Los países iberoamericanos dedicamos este encuentro a efectuar una ajustada concertación sobre las principales cuestiones de la agenda internacional. El análisis de esa actualidad y la orientación conjunta de nuestras actuaciones, partiendo de valores comunes, nos conducirán al lugar que, como Comunidad Iberoamericana, nos corresponde y que, sin duda, ha de ser un lugar preeminente en el ámbito internacional.

Por desgracia, el inicio de este siglo sigue marcado por la inquietud y desafío de acciones terroristas en diversos lugares del mundo. Actos criminales, verdaderos crímenes contra la humanidad sin justificación alguna, que concentran nuestra preocupación y lastran el progreso económico, particularmente en los países en desarrollo. Afrontar este grave problema es condición imprescindible y previa para asumir otros retos desde la fortaleza de nuestras instituciones democráticas.

La defensa y el fortalecimiento constante de las instituciones es una exigencia permanente para el desarrollo de nuestros sistemas democráticos, y la exigencia es mayor teniendo en cuenta la magnitud de los desafíos. No debemos olvidar que sólo sobre estas premisas podremos fundamentar el desarrollo económico para el bienestar de nuestros pueblos. En un mundo interdependiente como el actual, la cooperación y solidaridad interna y externa de nuestra Comunidad de Naciones adquiere un valor esencial.

Celebramos el interés del Gobierno dominicano en abordar los retos que plantean, como motores del desarrollo, sectores como el turismo, el cuidado del medio ambiente, y el desarrollo agropecuario, de cuya importancia en España hemos sido testigos privilegiados.

Del intercambio sobre todos estos temas podremos extraer conclusiones provechosas, a la vez que fortalecemos los lazos que unen a los países y pueblos que representamos. Estos pueblos son los que piden un futuro más seguro, más próspero y más justo, para el que, como gobernantes, tenemos la responsabilidad de trabajar. El humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña, que tanto estudió el idioma español en América, desde tierras mexicanas y argentinas, convencido de la posibilidad y necesidad de la paz, la democracia, la libertad y la igualdad, decía "no es ilusión la utopía, sino el creer que los ideales se realizan sobre la tierra sin esfuerzo y sin sacrificio". Hay que trabajar, decía, con esperanza y con tesón.

Con esta invitación, quiero brindar con todos ustedes por el éxito de esta Cumbre, por un futuro mejor para toda la Comunidad Iberoamericana y, Señor Presidente, por su ventura personal y por la felicidad y prosperidad de todo el pueblo dominicano.

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