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Palabras de Su Majestad el Rey en la Academia Mexicana de la Lengua

México D.F., 19.11.2002

M

e alegra poder dirigirme a todos ustedes en este día en que la Academia Mexicana de la Lengua inaugura su nueva sede, tras haber ocupado desde 1957 una casona colonial en el centro histórico de la ciudad de México.

La presencia de los Directores de las veintiuna Academias de la Lengua Española en este acto, es reflejo de la creciente importancia del español en el mundo.

Encomiendo a todos ustedes que transmitan un mensaje de afecto y apoyo a todos los que constituyen estas Corporaciones: Académicos de Número, Correspondientes y Honorarios.

Igualmente, quiero manifestar mi satisfacción, y felicitar al Director de la Academia Mexicana, por el nuevo marco en donde la institución va a desarrollar los trabajos de investigación y renovación de la lengua española.

El español es el mayor activo que poseemos. Exhibe una gran vitalidad, como lo muestra su difusión en los Estados Unidos o en Brasil, y es a la vez presente y futuro. Es un instrumento de penetración social y cultural de primera magnitud, tal y como demuestra su crecimiento en todo el mundo.

El español es una lengua que representa un gran patrimonio que nos hermana en historia, en cultura y en destino y que hoy comparten cerca de cuatrocientos millones de hombres y mujeres en veinte naciones. En este sentido, la contribución de México, el mayor país hispanohablante del mundo, ha sido inestimable.

En la idea de desarrollar el futuro de nuestro idioma común se enmarcan los dos Congresos de la Lengua, el celebrado en Zacatecas y el que ha tenido lugar recientemente en Valladolid. Precisamente en este Congreso se ha presentado, como ustedes saben, la vigésimo segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española, cuyo rasgo más destacable ha sido el de triplicar el número de voces americanas, entre las cuales se encuentra un importante número de mexicanismos.

Quiero expresar mi agradecimiento muy especial al esfuerzo y dedicación de las veintiuna Academias de la Lengua, que han colaborado muy eficazmente a que este instrumento de referencia indispensable del español sea una realidad.

México y España compartimos sin duda una de las lenguas más vivas de la humanidad, una lengua que no sólo está en auge como vehículo de comunicación, sino que se ha constituido como un activo cultural, científico o económico de gran envergadura. Es una lengua que está atravesando además uno de sus grandes momentos creativos, que en gran parte procede de los intelectuales y escritores de la América hispanohablante, entre los que sin duda ocupan un lugar de honor los mexicanos.

Como tuve ocasión de recordar recientemente durante la reunión del Patronato del Instituto Cervantes, la enseñanza clave en la vida y la obra del autor de El Quijote es que la libertad es la característica esencial de la dignidad humana. Este es el espíritu que preside la actividad del Instituto Cervantes en el mundo al difundir nuestros valores comunes de tolerancia, respeto a la diversidad cultural y entendimiento entre nuestros pueblos. España y México compartimos el gran activo del idioma común, por lo que debemos unir los esfuerzos del Instituto Cervantes y del Instituto Cultural de México en esta importante labor.

Esta Casa y este acto son hoy símbolos de un proyecto colectivo, y materializan una imagen de prestigio, que nos corresponde consolidar y acrecentar.

Hago votos por que esta nueva etapa de la Academia Mexicana de la Lengua abra, con el concurso fraternal de las veintiuna cuyos Directores hoy nos acompañan, un camino más ancho al cumplimiento de nuestros comunes deberes e ilusiones.

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