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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del II Premio Internacional Conde de Barcelona

Barcelona(Palau de la Música), 26.11.2004

C

onstituye un motivo de gran satisfacción, para la Reina y para mí, poder estar hoy de nuevo en esta admirable y dinámica ciudad, y haber entregado el Segundo Premio Internacional Conde de Barcelona al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

Ambas encarnan los valores de la solidaridad, la cooperación, el compromiso y la diversidad.

Las instituciones galardonadas refuerzan nuestra esperanza en un mundo cada vez mejor, más justo y fraternal, donde gentes de distintas procedencias, creencias y culturas trabajen, hombro con hombro, al servicio de los sectores sociales más desvalidos.

La Cruz Roja y la Media Luna Roja escriben, día a día, ese mensaje de esperanza ante problemas tan graves como el hambre, las guerras, las enfermedades o las catástrofes naturales.

Su labor sirve de llamamiento permanente a la conciencia colectiva con el fin de extender el compromiso de la sociedad con cuantos sufren, independientemente de su raza o condición. Y con su ejemplo, nos recuerdan a todos que podemos conseguir un futuro más digno para la Humanidad si perseveramos en la entrega, el diálogo y la solidaridad con los hombres y mujeres que más lo necesitan.

La Cruz Roja tiene sus orígenes en Henry Dunant, un joven suizo que en 1859 se encontró ante el drama de los más de cuarenta mil hombres, muertos y agonizantes, que había dejado la batalla de Solferino. Fue tras la Primera Guerra Mundial, cuando se fundó la Federación Internacional de la Cruz Roja, en un esfuerzo por superar con el voluntariado los efectos de una Europa devastada.

Hoy la Cruz Roja y la Media Luna Roja constituyen un movimiento planetario de solidaridad, con capacidad de intervención, incluso ante los conflictos más cruentos. El Premio que hoy hemos entregado reconoce la creciente vigencia de su tarea y renueva nuestra confianza en su compromiso.

La entrega de este galardón nos permite, además, dedicar el merecido homenaje de afecto y aliento a sus directivos, miembros y voluntarios, que muchas veces realizan su labor humanitaria en las condiciones más duras que cabe imaginar. Nuestro reconocimiento se dirige también a los patrocinadores que, con su generosidad, hacen posible la benéfica acción de ambas instituciones.

Es de justicia recordar que el camino iniciado por las entidades galardonadas ha inspirado a otras muchas Organizaciones No Gubernamentales, algunas de ellas aquí representadas, y cuyas energías constituyen un motivo de esperanza a escala universal.

Organizaciones que canalizan el afán de servicio solidario de jóvenes de culturas muy diversas, deseosos de complementar los sistemas de ayuda local e internacional con una asistencia más especializada.

Antes de concluir mis palabras, quiero subrayar la alta sensibilidad que muestra, una vez más, la Fundación Conde de Barcelona al premiar a la Cruz Roja y a la Media Luna Roja.

Esta Fundación lleva en su nombre el título de Conde de Barcelona que ostentó mi padre, su primer Presidente. Por este motivo, a mi satisfacción al poder estar hoy aquí, se suma la profunda emoción que siempre me evoca su entrañable recuerdo.

Animo desde aquí a los patronos de la Fundación, a que sigan con su labor cívica y social en esta querida Barcelona que no es sólo archivo de cortesía, albergue de extranjeros y hospital de los pobres, como la describiera don Miguel de Cervantes, sino también vanguardia de la solidaridad, de la convivencia y de la paz.

Muchas gracias.

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