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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega del Premio al Pueblo Ejemplar 2002

Asturias(Foz de Morcín), 26.10.2002

S

é con qué intensa alegría habéis celebrado, unidos, la concesión del Premio al Pueblo Ejemplar, y sé también con cuánta emoción esperabais la llegada de este día, en el que mostráis a todos, con legítimo orgullo, el trabajo que habéis realizado con tesón y entrega.

Como cada año, el acto de entrega de este Premio me permite conocer mejor a los asturianos, y el patrimonio cultural y la maravillosa naturaleza de Asturias.

Vengo, por ello, ilusionado y con enorme interés a conocer de cerca y admirar vuestra obra, que ha merecido el reconocimiento del jurado y tantas y tan justas felicitaciones.

A vuestro Alcalde, a la Corporación Municipal, a la Hermandad de La Probe y a todos vosotros mi mayor agradecimiento por vuestra cariñosa e inolvidable acogida.

En este momento de expresar gratitudes, quiero recordar a quienes, como vosotros, han presentado este año las candidaturas de sus pueblos y trabajan con admirable entusiasmo para que sus comunidades logren este premio, que tanto hace por una Asturias mejor. También quiero expresar al jurado mi gratitud por su dedicación para engrandecerlo.

En la edición de este año, al distinguir a la comunidad vecinal de La Foz de Morcín y a la Hermandad de La Probe, el jurado ha querido destacar el equilibrio que habéis logrado entre el amor a las tradiciones y la inquieta e ilusionada actitud frente al porvenir, vuestra capacidad de iniciativa y solidaridad vecinal y vuestro ejemplo de unión y sacrificio.

La Hermandad de La Probe nos muestra, de manera admirable y única, cómo habéis llevado a cabo todas estas inquietudes, cómo la convivencia y la solidaridad son instrumentos fundamentales de vuestro anhelo de superación. Es realmente digno de elogio, también, el entusiasmo con el que los jóvenes participan en todas las actividades e iniciativas de la Hermandad, dando a todos un ejemplo de continuidad en el tiempo, imprescindible, en tantas ocasiones, para alcanzar el éxito.

También se os premia por la promoción que hacéis de vuestros productos tradicionales, como son los derivados de la ganadería y de la leche, y la especial atención que brindáis a vuestros quesos, que han alcanzado grande y merecida fama. Es digno de elogio vuestro esfuerzo por conservar la tradición minera de estas tierras, a pesar de los problemas que se producen ante las inevitables transformaciones sociales.

La concesión de este premio es, sin duda, un estímulo para vuestro espíritu emprendedor y comprometido, ahora más necesario que nunca para adaptarse a los profundos cambios que vive la humanidad. El mundo nuevo va a exigirnos que huyamos de lo fácil, que nos enfrentemos y abandonemos lo superficial y lo banal, y que encontremos en la confianza en nosotros mismos, en la cultura y en los valores morales la guía más segura para ser más felices. Poco hay de valioso y de prometedor en nuestras vidas que no nazca de la superación de las más duras pruebas y de cuantas dificultades surjan a lo largo de nuestro caminar por ella.

En este mundo nuevo, los pueblos están llamados a recobrar una gran parte del papel excepcional que han jugado en el pasado, pues volverán a ser lugares privilegiados para la convivencia y factores esenciales para el progreso. Vemos ya cómo se va alejando de ellos la amenaza de la despoblación y observamos cómo, poco a poco, quienes los abandonaron, o sus descendientes, regresan a sus raíces, buscan la paz y la seguridad de sus campos, reconstruyen las casas de sus antepasados o construyen otras nuevas.

Nuestros pueblos son la fuente de la que puede renacer una vida más natural y de alta calidad, gracias al desarrollo de las comunicaciones, al progreso de las tecnologías y a los avances de la vida moderna. Han de ser, asimismo, vanguardia en la defensa del medio ambiente, el lugar donde el hombre dialogue respetuosamente con la naturaleza, cuide sus bosques y siga roturando sus tierras; un lugar entrañable, donde se conserven el folklore y las tradiciones, los relatos orales que nos entregan como el mejor de los tesoros nuestros mayores.

Todas estas ideas cobran aquí, en La Foz de Morcín, al pie del majestuoso y mágico Monsacro, su verdadero sentido, pues vuestro envidiable y ejemplar espíritu de comunidad y ese deseo tan vuestro de colaborar unidos os permiten permanecer fieles a las más hermosas lecciones que os han legado vuestros antepasados. Seguid transmitiendo con el mismo amor y la misma unión todos esos valores a los más jóvenes. Seréis así ejemplo y estímulo para los demás pueblos de Asturias y de España.

Muchas gracias.

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