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Palabras de Su Majestad el Rey en el centenario del nacimiento de D. Severo Ochoa

Madrid, 15.11.2005

L

a Reina y yo sentimos una honda alegría al poder estar aquí para evocar la vida y obra imperecederas de Severo Ochoa, un español universal, clave para el desarrollo científico de la Humanidad; una egregia figura a la que hoy quiero dedicar, de todo corazón, el emocionado recuerdo que su trayectoria ejemplar bien merece.

Tuvimos la fortuna de conocerle ya antes de mi proclamación como Rey, y de poder disfrutar de su saber enciclopédico y su carácter caballeroso, sencillo y honesto. Nunca olvidaremos su afecto y amistad.

Desde que comenzó a iniciarse en el mundo de la investigación en el laboratorio de Fisiología de la Residencia de Estudiantes, muy cerca de aquí, dejó la profunda huella de su tesón, espíritu de superación y total entrega a la tarea investigadora en escenarios tan dispares como Berlín, Heidelberg, Londres, Oxford, Saint Louis, Nueva York y Madrid. En su dilatado y fructífero periplo vital se encierra un resumen de la historia de la Bioquímica contemporánea y de las bases de la Biología molecular.

Hace ahora treinta años, la Reina y yo tuvimos la satisfacción de inaugurar en Madrid el Centro de Biología Molecular que lleva su nombre, y que contó con su inestimable aliento y plena dedicación desde 1985 hasta su fallecimiento, en 1993. Ese Centro fue el fecundo resultado de los esfuerzos que Severo Ochoa prodigó, en todo momento, a favor de la promoción y el desarrollo de la ciencia en España.

Por eso, este es un homenaje al que la sociedad española se siente unida, como tributo de gratitud a uno de sus hijos más preclaros.

Severo Ochoa supo apreciar el creciente valor de la ciencia para la sociedad de nuestros días, como expresión del esfuerzo por anticipar un futuro mejor.

El porvenir de la ciencia española -es decir, una parte importante de nuestro futuro- depende de nuestro respaldo a las jóvenes generaciones de investigadores, que hoy representan la continuidad del modelo y prototipo del investigador que Severo Ochoa nos legó con su vida ejemplar, una vida marcada por el deseo de servir a España.

Ésta es, por ello, una ocasión propicia para reiterar el firme compromiso de la Corona a favor del desarrollo de la investigación en nuestro país; una investigación a la altura que demanda una sociedad moderna y dinámica como la española, en pleno siglo XXI.

No quiero concluir sin expresar nuestra felicitación a la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Estatales, al Consejo Superior de Investigaciones Científicas y a la Residencia de Estudiantes por haber hecho posible la celebración de este solemne Acto. Nos alegra poder contar hoy entre nosotros con la presencia de sus familiares, colegas y amigos, así como de tres personalidades como Arthur Kornberg, Marshall Nirenberg y Tim Hunt. A todos ellos saludamos con el mayor afecto.

Ellos no sólo compartieron con Severo Ochoa su pasión por la ciencia y sus importantes hallazgos, sino que le conocieron bien, como persona profundamente humana, apasionado también por el arte y la música, que deseaba que le recordasen como hombre tolerante y bueno.

Como hombre tolerante y bueno, como excepcional investigador y maestro, como gran español y entrañable amigo, siempre recordaremos a Severo Ochoa.

Muchas gracias.

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