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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud

Badajoz, 10.10.2005

A

nte todo quiero manifestar que me satisface mucho tener esta oportunidad de visitar nuevamente Extremadura; una tierra noble y entrañable que siempre demuestra con dignidad su afán por contribuir al mejor futuro de España, sin dejar de evocar y aprender de la historia - tan rica - que ha alimentado su espíritu, a un mismo tiempo aventurero y solidario, pegado al terruño y volcado a empresas atlánticas o de vanguardia. Hoy, como tantas veces, esta tierra convoca a la familia Iberoamericana que conoce bien y lo hace para albergar la Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud en el marco de la Cumbre Iberoamericana que esta misma semana celebra en Salamanca su XVª edición. Esta cita que acoge hoy la ciudad de Badajoz nos alerta de una realidad, unas expectativas y un futuro que debemos afrontar conjuntamente.Permitidme que exprese ahora mi saludo y más cordial bienvenida a España a los responsables Ministeriales de Juventud de las Naciones Iberoamericanas, así como a los representantes de organizaciones nacionales e internacionales, que nos honran con su presencia. Mi saludo lleno de afecto y reconocimiento se dirige también a las autoridades de la Comunidad Autónoma de Extremadura y de esta querida ciudad de Badajoz, por su generosa colaboración en la organización de este encuentro, y por la acogida tan cálida que nos ofrece a todos. Y por supuesto quiero expresar mi felicitación más sincera a la Organización Iberoamericana de la Juventud que ha organizado esta Convención con el apoyo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España. A ellos dirijo especialmente, como Heredero de la Corona y como joven, mi gratitud por su invitación para presidir esta sesión inaugural, lo que me permite acompañarles y conocer sus reflexiones en torno a un tema al que me siento tan vinculado y he dedicado una gran atención. Recuerdo que en 1992, en Sevilla, tuve el honor de presidir la VI edición de la Conferencia Iberoamericana de Ministros de Juventud. Hoy, trece años después, tenemos de nuevo la oportunidad de encontrarnos -ahora en el marco de esta Convención- para encauzar los instrumentos que permitan dar una respuesta eficaz, por la vía de la cooperación, a los problemas comunes, a las necesidades reales y a las legítimas expectativas o aspiraciones de nuestros jóvenes que se manifiestan hoy día de maneras tan diversas como intensas y complejas.Y es que una buena parte de nuestra población joven, vive todavía con problemas muy graves como los derivados de la exclusión social, de la falta de oportunidades laborales o su precariedad, del analfabetismo o de la educación sin valores humanos, o simplemente del hambre y la miseria. Promover su integración en la sociedad activa y favorecer el desarrollo de sus derechos va a depender de la atención y esfuerzos que dediquemos a los enunciados que comprende la agenda de esta Convención.En vosotros, los jóvenes que aquí representáis las ilusiones de mejora de tantos conciudadanos, depositamos nuestra esperanza de que vuestra generosidad, entrega y preparación coadyuven también a superar aquellas situaciones indeseables que evitan u obstaculizan la posibilidad de materializar los derechos a la dignidad y al desarrollo de tantas personas, la mayoría también jóvenes, que todavía no los han alcanzado. Los derechos civiles y políticos, tanto como los económicos, sociales y culturales, enmarcan un conjunto de demandas que se podrían resumir en la línea de favorecer el acceso de los jóvenes a la educación, al empleo y a la vivienda; todo ello, sin descartar referencias a los derechos a la integridad personal, a la salud, a la participación, a la cultura, o al desarrollo, que completan unos mínimos niveles de vida coherentes con la altura de los tiempos que vivimos.Avanzar por la vía de la cooperación para resolver problemas como los señalados, que a todos afectan, así como para definir proyectos comunes de desarrollo, es la idea que ha venido presidiendo los trabajos de las Cumbres Iberoamericanas. Las reflexiones y conclusiones de este foro constituirán con toda seguridad una contribución muy importante a la Cumbre de Salamanca y podrán significar así un paso más en el proceso de consolidación de los mecanismos de cooperación política y económica en materia de juventud entre la naciones que conformamos esta auténtica "comunidad". Tanto a escala europea como iberoamericana, existen instrumentos institucionales y de participación social para canalizar el necesario diálogo y para tratar de mejorar nuestras respectivas realidades. Esos mismos instrumentos deberían favorecer actuaciones conjuntas frente a los procesos de globalización, entendidos como retos, sí, pero sobre todo como nuevas oportunidades para el intercambio, el bienestar y el conocimiento mutuo.Confío en que esta Convención produzca una discusión fecunda y provechosa para poder avanzar con eficacia hacia el objetivo principal que todos compartimos: el de construir la sociedad del futuro, a base de ciudadanos activos y comprometidos con el desarrollo social, político, económico, cultural y medioambiental de nuestras Naciones Iberoamericanas. Y debemos hacerlo sin perder de vista los altos y nobles objetivos que inspiran a las Cumbres Iberoamericanas. Como todas las que la precedieron, la inminente Cumbre de Salamanca aspira a reafirmar un ambicioso proyecto común, con el deseo de seguir rindiendo frutos cada vez más visibles en beneficio sobretodo de nuestros pueblos y Estados; algo que sin duda será bueno también para la sociedad global y el planeta que nos alberga. En ese espíritu, y con el deseo de que la reunión que hoy nos congrega signifique un paso más de avance en aquel camino, declaro inaugurada la Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud.

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