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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Palencia y a los palentinos

Palencia, 08.10.1978

G

racias muy sinceramente por estas nobles palabras de bienvenida.

A la satisfacción de hallarnos entre vosotros, unimos nuestra gratitud por las singulares distinciones que nos tributáis; habéis colmado tan afectuoso recibimiento con la entrega al Rey de la Medalla de Palencia, y ofreciendo a la Reina la Banda Dorada de la Mujer Palentina.

Aceptamos con emoción estos preciados testimonios de homenaje porque en ellos se simboliza la ilustre tradición de Palencia y porque, de modo manifiesto, responden a sentimientos de cariño y de adhesión.

Bien sabéis, y así lo ha expresado vuestro Alcalde, de mi constante deseo de conocer, en estrecho contacto con el pueblo, las aspiraciones y necesidades de cada localidad, comarca, provincia o región de España. Palencia no podía ser menos. Nunca Palencia ha sido menos en nada; ni en el esfuerzo, ni en la lealtad, ni en la generosidad, ni en la hermosura de sus poblaciones y su paisaje, desde la región montañosa a la Tierra de Campos.

Por sus acciones, por sus hijos ilustres, por su historia riquísima y fecunda, de la que dan fe, entre otras cosas, esa abundancia en monumentos realmente excepcionales, o el hecho de haberse fundado aquí nuestra universidad primera, el suelo palentino constituye una realidad también excepcional.

Pero si el Rey viene a veros hoy, no es sólo para honrar y cantar el pasado, sino, en efecto, para apreciar de cerca la actualidad más inmediata, con todas sus necesidades y preocupaciones. Más aún: para deciros que hace suyas esas preocupaciones y que en ellas, y en todo, el Rey está a vuestro lado. El Rey está con Palencia.

He escuchado con suma atención las palabras de vuestro Alcalde, tanto en lo que representa evocación del antiguo solar palentino, como en cuanto atañe a las realidades presentes. No ignoro la legítima desazón -apreciable también en otras porciones de nuestro país- ante lo que sus naturales consideran como situación inmerecida, como mal pagada entrega a los demás.Alguna vez se ha hablado también de Palencia como «la gran desconocida». Yo os digo que tal desconocimiento, si lo hubiera, o ese mal pago, no pueden perdurar; han de ser borrados por una justa valoración de los empeños locales dentro de la común empresa de solidaridad que España asume frente al futuro.

Puedo deciros además que el transitorio desvalimiento de quienes fueron grandes y pródigos de su riqueza, no hace sino acreditar la capacidad para rescatar lo perdido. Porque sólo los verdaderamente nobles saben ser generosos, y su grandeza de ánimo es la mejor garantía para triunfar en las tareas del progreso. Trabajando juntos, con sentido realista y espíritu abnegado, lograremos la necesaria equidad en el disfrute de todos los beneficios y mejoras posibles.

Así, en un sereno proceso de recuperación material, sostenido por la unidad más firme, al margen de cualquier egoísmo, se alcanzarán en paz y en orden, condenando siempre la violencia, las metas de justicia que nos hemos propuesto.

Conocemos las dificultades, mayores sin duda en medio de una situación no exenta de escollos dentro y fuera del ámbito nacional. Pero hemos de llegar, y llegaremos.

Palentinos: la Reina y yo os renovamos las gracias y os entregamos un saludo lleno de afecto. Agradezco asimismo cuanto aquí, con ejemplar llaneza, me habéis manifestado. Todo ello lo interpreto y comprendo como un palentino más, como español y como Rey.

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