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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de los Estados Unidos de América Ronald Reagan y al pueblo estadounidense

EE.UU.(Washington), 13.10.1981

S

eñor Presidente, señora Reagan, mucho os agradezco, señor Presidente, vuestras cordiales palabras.

He seguido con el máximo interés los conceptos que habéis expresado en vuestro brindis y deseo manifestaros, a mi vez, la gran satisfacción que representa, tanto para la Reina como para mí, el encontrarnos de nuevo en vuestro país.

Cuando hace cinco años, visité por primera vez vuestra nación como Rey de España, tuve el honor de expresar ante vuestro Congreso que la Monarquía española, restaurada, se había comprometido a ser la institución en la que todos los españoles tuvieran un sitio adecuado para la participación política, sin ningún tipo de discriminación. Hoy, cinco años más tarde, me enorgullece confirmar que lo que fue entonces una declaración de intenciones es ahora palpable y profunda realidad. España ha vuelto a ser una nación democrática y pluralista con una Constitución aprobada por el pueblo y el parlamento libremente elegido.Mi país, señor Presidente, pionero en la forja de los valores fundamentales de lo que llamamos occidente, quiere volver a ocupar, con sus credenciales históricas y con su irrenunciable vocación europea y occidental, el puesto que le corresponde en la comunidad internacional. Desea, asimismo, ofrecer hoy, como antaño, su colaboración y esfuerzo para defender los principios que son consustanciales a nuestras dos naciones.

No puede haber, en una escala de valores, objetivo más importante para nuestros dos pueblos que el constituido por la defensa de los principios en torno a los cuales se asientan las raíces de occidente. A través de esta defensa, España quiere contribuir al mantenimiento de la paz y seguridad internacionales desde la salvaguarda permanente de la soberanía y libertad de todos los pueblos de la tierra.

Tenemos plena conciencia de que el conjunto de pueblos y naciones que colocan los valores morales y del espíritu por encima de las ambiciones materiales o de poder, manifiestan libremente su voluntad de vivir en paz con dignidad, y sabemos que sus gobiernos, libremente designados, escuchan esta voz y conjugan sus esfuerzos para alcanzar el mismo objetivo.Como vuestro país, España defiende la paz y el imperio de la ley, se opone a las amenazas y al uso de la fuerza y rechaza toda injerencia exterior en sus propios asuntos.Sobre esta base concebimos nuestras relaciones internacionales, que pretendemos mantener, pacíficamente, con todos los pueblos.

Nuestra amistad con la nación norteamericana es tan vieja como vuestros propios orígenes. Ayer, día de nuestra llegada a vuestro país, se cumplieron exactamente cuatrocientos ochenta y nueve años desde que los españoles llegaron a este continente. A partir de aquel grandioso acontecimiento se inició una nueva etapa en la historia del mundo, y con aquella gesta, continuada por exploradores y colonizadores, las tierras americanas, desde Alaska a la Tierra del Fuego, pasaron a constituir y constituyen hoy parte fundamental de nuestro mundo occidental.

Conocéis, por otro lado, mejor que yo, señor Presidente, lo que significó la presencia española en el oeste de vuestro país. La ingente labor que en aquellas tierras llevaron a cabo los exploradores, los misioneros y los colonizadores españoles. La fundación de docenas de pueblos y ciudades que aún constituyen hoy un rosario de nombres con ecos sonoros de mi patria.

Estos son vínculos, señor Presidente, que nada ni nadie podrá borrar; lazos muy profundos que superan avatares y circunstancias temporales y que sirven de cimiento a la comprensión y amistad de nuestros pueblos.

Esta amistad cobra hoy una nueva dimensión desde nuestra voluntad de seguir reforzando nuestra incorporación progresiva al esfuerzo europeo y occidental, en el que participen plenamente las naciones hermanas, por un mundo más justo y cada día más libre.

Porque en el futuro las relaciones entre España y los Estados Unidos produzcan frutos fecundos y porque se estrechen e intensifiquen aún más los lazos que unen nuestros países, levanto esta noche mi copa, haciendo votos por el bienestar del gran pueblo norteamericano y por la ventura personal de Vos, señor Presidente, y de la señora Reagan.

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