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Palabras de Su Majestad el Rey al Viceprimer Ministro de la República Popular China Ten Siao-Ping

China(Beijing), 16.06.1978

S

eñor Viceprimer ministro Ten Siao-Ping, excelentísimos señores, señoras y señores, es difícil expresar con palabras el sentimiento que me embarga al dirigir a la gran nación china, a través de sus distinguidos representantes, el cordial y fraternal saludo del pueblo español. En nuestra patria, todo cuanto atañe a China es seguido con extraordinario interés, porque no sólo rendimos homenaje a la nación más poblada del mundo y a su cultura universal y milenaria, sino que también admiramos los sacrificios y esfuerzos que el pueblo chino ha realizado, al calor de un patriotismo pocas veces igualado en la historia, para llevar a cabo la clara y gigantesca transformación que presenciamos en nuestros días y conducir al país a metas de bienestar, de cultura y de progreso.

Quiero rendir homenaje a los grandes dirigentes de vuestra nación y recordar al Presidente Mao Tse-tung y al primer ministro Chou En-Lai, los grandes artífices de la China de hoy, que dotaron al país de un espíritu, de un pensamiento político, de una clara seguridad nacional y de una esperanzadora determinación que han sido el asombro del mundo y que en vuestras manos continúan cumpliéndose en todas sus promesas.

Estoy seguro de que su ejemplo os animará siempre a continuar su labor de una manera no menos admirable en esta nueva etapa que ha iniciado la nación china. En España comprendemos bien cuanto ha supuesto vuestro desarrollo y valoramos los logros alcanzados, ya que también nosotros tuvimos que vivir en nuestra historia momentos de grave dificultad. Hemos conocido grandes penurias económicas; hemos padecido problemas políticos endémicos y desgarradoras guerras civiles; y, sin embargo, España finalmente se encamina con firmeza y esperanza, en lo político y en lo económico, hacia los objetivos que le permitirán ocupar en el mundo el sitio a que aspiramos.

En este sentido, España, aún no plenamente desarrollada, comprende por ello, quizás mejor que ninguna otra nación europea, vuestra problemática y la del Tercer Mundo.Efectivamente, aunque España esté situada en el borde sur de Europa y sea una nación europea, su geografía e historia la ha unido siempre con América, Africa y el mundo islámico, e incluso con la lejana Asia. Durante más de tres siglos, los españoles, hermanados con el pueblo filipino, fuimos vecinos vuestros, y en esa época, se forjó también un nexo biológico al mezclarse la sangre española y china en las venas de muchos ciudadanos de ese archipiélago próximo y amigo de nuestros dos países. Por otra parte, España está en estrecha contigüidad con el continente africano. Por ello, ha mantenido desde tiempos inmemorables relaciones con sus vecinos de aquel continente, hasta el punto de que nuestra cultura está profundamente influida por aportaciones africanas, más concretamente árabes. Por ello, también, se esfuerza en estos momentos en dar a su política africana una dimensión más profunda y acorde con las aspiraciones y realidades de nuestro propio país.

En otro ámbito, la extensión de la presencia española por toda América no sólo ha determinado una íntima comunidad entre España y los pueblos americanos, sino que además ha configurado nuestra propia cultura de una manera tan singular que si España ha influido en la cultura americana, también puede decirse que buena parte de la España de hoy se hizo en América.

Todo esto nos lleva a sentir una solidaridad y una profunda comprensión por los problemas del Tercer Mundo, sin perjuicio de nuestra condición europea. Hemos tenido múltiples ocasiones de demostrarlo en los foros internacionales, en los que la posición de nuestros dos países ha sido frecuentemente coincidente en muchos puntos de vista.

Al igual que a vosotros, nos preocupa el problema que supone la injusta desigualdad entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado, desigualdad que, lejos de disminuir, crece de día en día con grave peligro para la estabilidad mundial. Nos preocupan las graves tensiones que existen entre las grandes potencias con pretensiones hegemónicas y el temible potencial bélico de éstas. Nos preocupa también la frecuencia con que las tensiones locales resultan proyectadas hacia una globalización que aumenta su peligrosidad y dificulta las posibilidades de solución. Coincidiendo con lo que tantas veces habéis señalado, estamos convencidos de que en los procesos de descolonización, debe ser respetada, en su plena autenticidad, la voluntad de los pueblos autóctonos todavía no autónomos y nos parece justo que aquellos que han alcanzado la independencia tengan su destino en sus propias manos y no vean éste coartado o desvirtuado por nuevas dependencias exteriores.

Queremos, igualmente, que las relaciones internacionales estén basadas en un auténtico respeto a la soberanía e integridad territoriales, en la no intervención en los asuntos internos, en la coexistencia pacífica y el mantenimiento de la paz y de la seguridad y en el fomento de la cooperación y de las relaciones de amistad entre todos los pueblos. Todo ello en un marco de justicia que tienda a lograr unos objetivos de alcance universal, como es el de la definición de un nuevo y equitativo orden económico internacional.

Son muchos los temas de interés para la política internacional de España que constituyen zonas de actividad en las que existen puntos importantes de coincidencia con la política exterior de la República Popular de China. En todos ellos nuestros países mantienen posiciones similares o próximas, lo que, a pesar de su lejanía física, les ofrece un amplio sustrato sobre el que se puede desarrollar una fructífera colaboración.

Creo que es también posible lograr una más amplia cooperación económica en beneficio de los intereses de nuestros respectivos pueblos y de su bienestar, así como incrementar el esfuerzo para que estos conozcan mejor, recíprocamente, tanto sus viejas culturas como sus presentes realidades.

Mi visita a vuestro país expresa el firme deseo de España de continuar el estrechamiento de nuestras relaciones, todavía jóvenes, pero que estoy seguro han de alcanzar desde ahora, nuevas cotas de dinamismo y de importancia.

Quiero, pues, levantar mi copa y proponer que bebamos juntos para celebrar la cordial amistad hispano-china de que es exponente la calurosa acogida que nos habéis dispensado, por la prosperidad de la República Popular China y el seguro desarrollo de las relaciones entre nuestras dos naciones, por la salud del primer ministro Hua Kuo-Feng, por la salud del viceprimer ministro Teng Siao-Ping, por la salud de los altos dirigentes chinos aquí presentes, por la salud de los jefes de misiones diplomáticas y sus señoras y por la salud de todos los que aquí se han reunido esta noche.

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