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Palabras de Su Majestad el rey al Sha de Irán Mohamed reza Pahlavi a al pueblo iraní

Irán(Teherán), 14.06.1978

M

ajestad Imperial, con profunda emoción, me levanto para contestar a Vuestra Majestad Imperial y agradecer su cordial bienvenida, la cual aceptamos la Reina y yo como símbolo de la sincera amistad existente entre el pueblo del Irán y el pueblo de España.

Nuestra emoción es aún más grande por el hecho de que es esta la primera vez que visitamos Irán en nuestra calidad de Reyes de España. Los orígenes de la monarquía en nuestros dos países se remontan a la antigüedad y en estos tiempos modernos su ideal se expresa en términos muy sencillos: servir a nuestros pueblos y servir la causa de la paz en el mundo por medio de nuestras largas tradiciones y de nuestro acelerado progreso.

Tradición y progreso. Combinar ambas es, pienso, la clave de las afinidades y de las grandes semejanzas que existen entre nuestras respectivas naciones.

Nuestras actitudes esenciales son muy próximas. Partiendo de sus raíces profundamente religiosas y espirituales, nuestros dos países se encuentran entre los más claros exponentes, por lo que se refiere al desarrollo, de un avance al mismo tiempo asombroso y rápido, y dirigido a la consecución de los objetivos concretos de elevación de los niveles de vida de nuestros pueblos. España es ahora la décima potencia industrial en el mundo y ello lo ha conseguido en sólo dos generaciones.

Sin tradición y fuerza espiritual, la vida no tiene sentido. Pero, la tradición debe ser reavivada en cada momento para convertirla en operativa en nuestros tiempos modernos. Y sabemos muy bien quién ha sido en Irán el que ha despertado hacia el progreso a esa secular tradición. Ha sido la dinastía Pahlavi, cuyos logros -tanto de vuestro padre, como de Vuestra Majestad Imperial- enfrentándose a unas condiciones inicialmente adversas, han sido verdaderamente espectaculares. Vemos hoy en Irán un gran país donde antes sólo existía la memoria de un gran país.

Que me sea permitido expresar, junto con el amor y la hermandad del pueblo de España hacia el pueblo del Irán, nuestra profunda admiración por estas conquistas.

Y me resulta muy grato que hoy España esté empezando a participar en la gran tarea de progreso de Irán. Desde mi última visita a este país ha habido, en efecto, importantes desarrollos en nuestras relaciones económicas bilaterales. Estas relaciones, que eran prácticamente inexistentes hace tres años, están empezando ahora a alcanzar un cierto volumen que se encuentra en constante incremento, sobre todo en el sector de las obras públicas. Creo que nuestra cooperación cobra sentido por la similitud de nuestras mutuas experiencias, básicamente, en el proceso de adaptación práctica de la tecnología de última hora a las necesidades de un país en marcha acelerada hacia el pleno desarrollo. Conocemos muy bien vuestros logros y los inevitables problemas, que es preciso vencer para conseguirlos, porque nosotros mismos los hemos igualmente experimentado. Y esta es sólo una de nuestras muchas afinidades históricas, culturales y psicológicas. El Islam estuvo presente en España durante siete siglos. Los iraníes se sienten en su propia casa en España lo mismo que nosotros nos sentimos aquí como en nuestra propia casa. Un diplomático persa de la Embajada del Sha Abbas a la Corte de Felipe III rápidamente se convierte en «Don Juan de Persia» y ello a nadie sorprende, y toma su lugar en la historia española con la mayor naturalidad. Tan normalmente como hoy un gran pintor iraní, Nasser Oveissi, viene a trabajar a España y se convierte, me atrevería a decir, en casi un artista español. El hecho de que estas cosas puedan ocurrir tiene una significación que va más lejos de la pura anécdota.Son también evidentes nuestras afinidades en la esfera internacional. Cuando hombres de Estado de todo el mundo y de cualquier tendencia se refieren a Vuestra Majestad Imperial, no dejan de mencionar la importancia de Irán como factor de influencia estabilizadora y pacificadora en esta vasta área del mundo, bajo la clarividente dirección de Vuestra Majestad.

Compartimos estos objetivos. Nuestro gran deseo es la paz y el bienestar de todas las naciones de la tierra independientemente de sus ideologías y lejos de toda injerencia, así como el de extender nuestras relaciones a todos ellos, combinando nuestras diferencias de tradiciones con la unidad en el progreso. Repito que ello es así en tanto en cuanto no se produzcan injerencias en los asuntos internos ni agresiones contra la integridad territorial. Ante tales acciones o amenazas nos mantendremos firmes. En ambos países creemos en el rigor de los principios, en la moderación y en la decisión, porque nuestro único deseo es el logro de la justicia internacional.

Esta escuela de sabiduría tiene su ejemplo cada día en Vuestra Majestad Imperial, cuyo prestigio se refleja en todos los foros mundiales, y mantiene intactos sus puentes y contactos con todas las naciones del mundo, cualquiera que sea su ideología. Séame permitido una vez más expresar la solidaridad de España con tan constructivas actitudes y posiciones.Para terminar, quiero de nuevo expresar nuestro profundo agradecimiento a esta maravillosa hospitalidad. Es proverbial el estilo y la cortesía del pueblo de Irán. Pero sabemos que vuestra amabilidad proviene de algo aún más profundo: del sincero amor y amistad entre España e Irán. En nombre de la Reina Sofía, de mí mismo y de todo nuestro séquito, levanto mi copa para expresar nuestra gratitud a Vuestra Majestad Imperial, a la Shabanu, y a vuestras autoridades y pueblo, por esta cálida e inolvidable bienvenida.

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